La reunificación de la derecha

Abascal emplaza a Feijóo a aclararse y a visibilizar que la alternativa Vox-PP a Sánchez es “viable”

Santiago Abascal, el líder de Vox, en la tribuna del Congreso.

A Vox se le acaba la paciencia. El líder de la ultraderecha no acaba de entender del todo las manifestaciones públicas del presidente virtual del PP, Alberto Núñez Feijóo, y quiere que el principal partido de la oposición aclare su estrategia. ¿Va a dar soporte al Gobierno de Pedro Sánchez llegando a pactos de Estado? ¿Va a permitir que cada barón decida por su cuenta su política y sus pactos? ¿Va a hacer de la coalición en Castilla y León un ejemplo de colaboración entre su partido y Vox que tenga continuidad en 2023?

Después de un mes de tregua, en el que Vox ha evitado cuidadosamente hacer sangre con la crisis sin precedentes que ha atravesado el PP y que se ha saldado con la abrupta sustitución de Pablo Casado por Alberto Núñez Feijóo, Abascal empieza a dar señales de tener prisa.

Fue este miércoles en el Congreso, durante el debate que siguió a la comparecencia del presidente del Gobierno en torno a su cambio de postura sobre el Sáhara y las medidas que el Ejecutivo está impulsando para intentar atajar las consecuencias económicas de la invasión rusa de Ucrania, entre ellas la inflación. 

Allí, durante su primera intervención dede la tribuna, Abascal se salió del guion para animar a los dirigentes del PP a resolver “cuanto antes sus debates internos, esperamos que este mismo fin de semana” durante el congreso que celebrarán en Sevilla, y a trasladar “a los españoles una postura única” sobre las relaciones con Marruecos y el futuro del Sáhara pero también “en todos los demás” temas.

El líder de Vox, cuya formación ha convertido al presidente de Ceuta, Juan José Vivas (PP), en uno de sus blancos favoritos desde las últimas elecciones —especialmente desde que la ciudad autónoma nombró a Abascal persona non grata—, reprochó a los conservadores mantener supuestamente posiciones contradictorias entre el propio Feijóo, su portavoz parlamentaria, Cuca Gamarra, y el líder ceutí del partido. 

El PP “no ayuda”

“No ayuda a la labor de la oposición”, criticó, “que no esté claro quién marca la posición en este tema; si la marca la señora Gamarra en este Parlamento, el señor Feijóo desde la Junta (sic) de Galicia, o el señor Vivas desde Ceuta aplaudiendo al señor Sánchez y abonándose a la tesis de este Gobierno” sobre las relaciones con Marruecos. “O el señor Donald Tusk desde Bruselas”, añadió recordando que el líder del PP europeo calificó de “capitulación” ante la extrema derecha el acuerdo de gobierno de Castilla y León. 

Las palabras de Abascal sonaron a advertencia, a pesar de que las enmarcó en “toda la consideración y todo el respeto” que, asegura, le merecen los dirigentes del PP. Lo que el líder de Vox busca es que el nuevo PP de Feijóo deje clara de una vez y sin ambigüedades su disposición a unir fuerzas en todos los parlamentos y ayuntamientos en los que sea posible formar gobiernos de coalición y de manera singular en el Congreso de los Diputados después de las próximas elecciones generales.

“Como ustedes saben, y creo que en eso estaremos de acuerdo y podemos estar aún más de acuerdo en el futuro”, subrayó dirigiéndose a la bancada del PP, “España está en las peores manos en el peor momento y es tarea de la oposición crear una alternativa viable y eficiente”.

Cuca Gamarra, blanco habitual de las invectivas de los diputados de Vox, no le respondió y se mantuvo fiel al argumentario que se había trazado para debatir con Sánchez en torno a la situación económica de España y al cambio de posición decidido en solitario por el presidente en relación con el conflicto del Sáhara. Ni siquiera defendió al presidente ceutí o al líder del PP europeo de las criticas de Abascal.

Durante el debate, PP y Vox coincidieron en todo en relación con la situación con Marruecos —al igual que el resto de los grupos, con la única excepción del PSOE— y en la exigencia al Gobierno de que baje impuestos de manera generalizada y reduzca drásticamente el gasto público, especialmente las partidas que ambas formaciones consideran superfluas.

No obstante, también dejaron patentes sus diferencias en relación con la autoridad de la Unión Europea —Vox considera un “escándalo” que en plena crisis de productos básicos España deba ajustar su producción de productos como el aceite o el maíz a las normas de Bruselas— y en materia de crisis climática. 

En este punto, la ultraderecha sigue poniendo en duda la realidad de la ciencia y cuestiona todos los planes destinados a reducir paulatinamente el consumo de combustibles fósiles y su progresiva sustitución por fuentes renovables de energía. 

El PP no cuestiona la transición energética, aunque desde que los precios de la electricidad y de las gasolinas se han disparado sí reclama “una revisión” del modelo energético que impulsa el Gobierno de común acuerdo con la Unión Europea. 

En su turno final, Abascal dejó patente su inquietud por el rumbo que puede acabar tomando el PP. “Es muy probable que nos volvamos a quedar solos votando ‘no’ contra su nuevo trágala”, lamentó dirigiéndose a Sánchez. “Nos da igual: también nos quedamos solos votando ‘no’ contra sus estados de alarma inconstitucionales, votando en contra de la ley climática. También nos quedamos solos en la moción de censura que presentamos contra usted”, añadió recordando que el PP, entonces dirigido por Pablo Casado, se enfrentó en aquella ocasión con Vox. “Estamos acostumbrados. Nos sentimos acompañados por cada vez más españoles”, remató aludiendo a las encuestas más recientes, algunas de las cuales les sitúan en empate técnico con el Partido Popular.

El emplazamiento del líder ultra al PP coincide en el tiempo con las dificultades que Alfonso Fernández Mañueco, presidente en funciones de Castilla y León, está teniendo para cerrar la composición del gobierno de coalición que ha pactado con Vox y de cuyas negociaciones depende su propia investidura. El PP ya cedió a los ultras la presidencia de las Cortes regionales, tres consejerías y la vicepresidencia del Gobierno, pero aún así sigue expuesto a las demandas de la ultraderecha, interesada en hacerse con algunos puestos clave en los segundos niveles de la Junta.

Vox ya ha hecho públicos los nombres de los consejeros que Mañueco tendrá que nombrar como responsables de Agricultura y Ganadería, Cultura e Industria y Empleo. Gerardo Dueñas, Gonzalo Santonja y Mariano Veganzones serán los primeros cargos ejecutivos de la ultraderecha en España desde los tiempos del franquismo.

En las últimas semanas se ha especulado con un posible intento de Feijóo por distanciarse de este primer gobierno de coalición PP-Vox, aunque él mismo lo avaló cuando Mañueco anunció el acuerdo. La investidura del nuevo presidente de Castilla y León tendrá lugar con el dirigente gallego ya ocupando el despacho de presidente del partido, lo que le obligará a decidir si acude a la votación a riesgo de salir en la foto junto a Santiago Abascal o si, por el contrario, desaira a Mañueco poniendo distancias con el pacto al que ha llegado para poder seguir gobernando.

El nuevo líder del PP, que la semana que viene tiene intención de renunciar a la Presidencia de la Xunta para dedicarse a tiempo completo a su nueva responsabilidad al frente del PP y poner así en marcha su sucesión en Galicia después de trece años en el Gobierno, dimitió este miércoles como máximo representante del partido en Galicia, requisito indispensable para poder hacerse cargo del partido en toda España.

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