La situación en el PP

2018: el año de las 'jubilaciones forzosas' en el PP

Rajoy saluda a los candidatos a presidir el PP, Soraya Sáenz de Santamaría y Pablo Casado, en la fase final del congreso.

El Partido Popular culmina 2018 con una revolución en sus filas. Si se compara el organigrama con el que arrancó el año y el organigrama con el que lo acaba, cambian los rostros desde la cúpula de la dirección del partido a los puestos intermedios. Lo mismo ocurre en las direcciones de los grupos parlamentarios en el Congreso y en el Senado.

En estos doce meses, los conservadores han visto cómo se extinguía el marianismo. La moción de censura no sólo se llevó por delante a Rajoy. Después fueron detrás Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal en un año que también puso el punto final a la carrera política de Cristina Cifuentes, expresidenta de la Comunidad de Madrid. Todos estos nombres figuraban en las quinielas internas que se barajaban en el PP como posibles líderes en un escenario en el que no estaba sobre la mesa la sucesión de Rajoy. Pero la moción de censura lo precipitó todo y la mudanza no sólo afectó a la Moncloa. 2018 ha sido el año de las ‘jubilaciones forzosas’ en el PP.

Adiós a Rajoy, el líder al que ahora echan de menos... en la oposición

El pasado 6 de diciembre, día de la Constitución, Mariano Rajoy volvía al Congreso que los Diputados que le había despedido el 1 de junio con una moción de censura por la que perdió el Gobierno. Quizá fue la despedida que no tuvo hace seis meses, cuando vio cómo sus socios, los que le habían permitido aprobar los Presupuestos Generales del Estado, optaban por permitir que Pedro Sánchez llegase a la Moncloa. Quién le iba a decir a él y a los suyos que iba a caer así, por la sentencia de la primera fase del caso Gürtelcaso Gürtel, cuando la aprobación de las cuentas públicas había parecido un pasaporte directo para agotar legislatura. Y cuando desde la dirección nacional del partido se consideraba que las urnas ya les habían exonerado de esos escándalos.

Rajoy no quiso quedarse como líder de la oposición. Pero entendió que tampoco tenía que quedarse como líder del PP. Anunció que daba un paso atrás y abrió un proceso extraordinario para elegir a su sustituto. En el PP había una especie de consenso interno. Si el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, daba un paso al frente, nadie se atrevería a plantarle cara. Qué mayor credencial que ser el único barón conservador que gobierna con mayoría absoluta.

Con Feijóo jugando al despiste, animado por un grupo de diputados jóvenes, por Nuevas Generaciones –sobre todo la estructura madrileña– y un sector de dirigentes vinculados al aguirrismo, Pablo Casado, el hombre al que Rajoy escogió para la vicesecretaría de Comunicación en la última remodelación de la cúpula del partido, presentó su candidatura. A María Dolores de Cospedal y a Soraya Sáenz de Santamaría también se las esperaba. Era cuestión de tiempo. Lo hicieron el mismo día, con pocas horas de diferencia.

Los militantes del PP llevaban tiempo escuchando que el futuro del partido tenía nombre de mujer. Pero, a tenor de los resultados, los compromisarios no pensaban lo mismo. La ex secretaria general del PP cayó en la primera fase de las primarias, esa en la que pueden votar todos los afiliados. Pasaron Casado y Santamaría y el ex responsable de Comunicación venció con holgura en el cónclave que se celebró los días 20 y 21 de julio. Uno de sus méritos, que jugó a su favor, según interpretan en el partido, fue que supo sumar a las otras candidaturas rivales, sobre todo a Cospedal. La exministra de Defensa puso a todo su equipo a trabajar a favor de Casado. Habría sido impensable que lo hiciese a favor de Santamaría, su principal enemiga puertas adentro del PP.

 

Llegado el reparto tras la victoria, Casado supo premiar a quienes le habían apoyado. A su equipo se le llenó mucho la boca con la palabra "integración". Pero, a ojos de los fieles a Santamaría, el verbo "integrar" no es el que mejor ha conjugado el líder del PP. Javier Arenas, el todopoderoso responsable de Política Autonómica y Local de Rajoy, dejó de estar en la dirección nacional para centrarse en el Senado. Y Fernando Martínez-Maillo, que también había apoyado a Santamaría, pasó de ser número tres del PP a portavoz adjunto en el Congreso.

Santamaría dejó pasar el verano para ver cómo Casado iba encajando el nuevo puzle de poder. Mucho se especuló con que el nuevo líder la quería para encabezar una lista, bien de la Comunidad o bien del Ayuntamiento de Madrid. Pero fuentes conocedoras del contenido de la conversación que ambos mantuvieron y en la que ella le anunció que dejaba la política aseguran que no hubo tal oferta.

El 10 de septiembre anunciaba que dejaba la política entonando un "es lo mejor para la nueva dirección del PP y para mí". Poco después se anunció su fichaje por el Consejo de Estado.

Cospedal parecía, pues, tras Casado, la segunda vencedora del congreso del partido. Pero su final fue más duro que el de su eterna rival. Una marcha en dos fases: primero, del Comité Ejecutivo Nacional. Y, días después, de su escaño en la Cámara Baja. La ex secretaria general, que tanto tuvo que dar la cara por su partido ante los escándalos de corrupción y que tanto se había enfrentado al extesorero Luis Bárcenas, vio cómo su carrera política se esfumaba después de que se filtraran unos audios con el comisario jubilado José Manuel Villarejo en el que encarga dosieres sobre compañeros de partido.

 

Meses antes, en abril, la ex secretaria general había visto cómo decía adiós su amiga Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad de Madrid y uno de los principales azotes de la corrupción dentro del PP. El escándalo del máster la dejó gravemente herida y el vídeo en el que presuntamente aparece robando unas cremas antiedad en un supermercado de Vallecas, fue la puntilla.

Congreso

La llegada de Pablo Casado también tuvo su réplica en los grupos parlamentarios. En la actual dirección defienden que los portavoces de ambas Cámaras habían desempeñado un gran trabajo durante la última etapa de Mariano Rajoy. Pero que el cambio de etapa hacía necesaria una reestructuración. Así, Dolors Montserrat, destacada dirigente del Partido Popular de Cataluña y uno de los principales apoyos de la candidatura de Cospedal, fue nombrada portavoz en el Congreso en sustitución de Rafael Hernando.

El estreno de Montserrat no ha sido fácil y ha acaparado las críticas internas por algunas de sus intervenciones. Hay incluso en el PP quienes creen que Hernando habría sido el perfil perfecto para esta etapa de oposición. "Estaba muy vinculado a Rajoy y había que abrir una nueva etapa", defiende un dirigente que se declara partidario del cambio.

Casado tuvo la oportunidad de introducir modificaciones en la dirección del Congreso cuando abrió el periodo de reflexión que condujo a la elección de Josep Bou como cabeza de lista al Ayuntamiento de Barcelona. Algunos de sus compañeros le recomendaron que aprovechara la coyuntura para poner a Montserrat a competir con Ada Colau y Manuel Valls. Pero optó por no tocar la estructura del Grupo Parlamentario Popular.

"Pablo [Casado] sabe que las personas necesitan un tiempo para adaptarse a los cambios. Su apuesta por Dolors Montserrat fue clara. En estos tiempos hace falta una voz catalana en Madrid, una voz catalana que conoce el territorio y que tiene experiencia de Gobierno", considera un dirigente regional.

Senado

El PP en la Cámara Alta también cambió de rostro. De José Manuel Barreiro a Ignacio Cosidó. El ex director general de la Policía fue una de las primeras personas que dio un paso adelante a favor de Pablo Casado cuando este presentó su candidatura. El día que el ahora líder del PP acudió a la sede de Génova a entregar las cajas con los avales Cosidó estaba entre quienes le acompañaban.

Aunque parece que Casado ha dejado pasar la tormenta, su portavoz en el Senado ha vivido en las últimas semanas situaciones muy delicadas que han hecho que sus propios compañeros le viesen más fuera que dentro de la Cámara Alta. De un lado, la operación Kitchenoperación Kitchen, que investiga el empleo de fondos del Ministerio del Interior para frenar investigaciones que afectaban al PP en la época en la que él era el máximo responsable de la Policía.

De otro lado, el reenvío de un mensaje de whatsApp a un grupo de senadores en el que explicaba a sus compañeros que el PP iba a controlar el Supremo "desde detrás", dinamitó el pacto entre el principal partido de la oposición y el Partido Socialista para la renovación del Consejo General del Poder Judicial.

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