Anujbost, 'streamer': “Lo que falta son creadores de izquierdas que se acerquen más a temas cotidianos"
En un momento en el que las ideas reaccionarias encuentran un terreno fértil en internet, Juan Hernández (Gran Canaria, 2000), más conocido como Anujbost o simplemente Anuj, ha conseguido hacerse un hueco con una perspectiva progresista. Este streamer canario se ha hecho popular por su análisis político y por debatir con todo tipo de gente e ideologías, lo que se ha convertido en su sello de identidad.
Crítico con el discurso de la izquierda parlamentaria, su postura política gira en torno al sindicalismo y la organización de la sociedad civil. En 2022, impulsó la creación del primer sindicato de editores de vídeo. También ha formado, junto con otros profesionales, la Unión Española de Creadores tras conocerse la intención del Gobierno de regular el sector de los influencers. infoLibre ha conversado con Anuj sobre su trabajo en internet y su particular visión de la actualidad política.
¿Cómo surge Anujbost?
Como otros, empecé en internet como hobby. Yo estaba estudiando doblaje en Madrid y hacía streaming porque quería practicar la dicción y la proyección de la voz. Mientras tanto, hablaba de política, porque era un tema cercano desde hace mucho tiempo.
Tardé dos o tres años en empezar a vivir de ello y, mientras, fui haciendo una introspección sobre cuál era el sentido a la hora de divulgar las cosas, porque había sido un poco accidental. No era un proyecto diseñado, era más bien una cuestión de entretenimiento que iba de la mano con el conocimiento que yo quería divulgar, con todo lo que estaba pasando. Empecé a hacer stream con la pandemia y, a partir de ahí, no ha parado el mundo.
¿Considera que hay una falta de representación de creadores de izquierdas en internet?
Si bien podría parecer que sí, creo que lo que falta son creadores de izquierdas que se acerquen más a temas cotidianos. Su contenido se ha centrado en hacer exposiciones muy particulares sobre temas muy concretos, como cuestiones académicas o temáticas sociales; mientras que los de derechas van a lo más mundano, a debates más simples. No significa que sean peores, simplemente son más cercanos al debate que podrías tener en la mesa con tus padres.
En el pódcast No Obstante se dijo que sus seguidores son principalmente hombres jóvenes. ¿Cómo definiría a su audiencia?
Mi audiencia principalmente son hombres jóvenes de entre 18 y 40 años. Soy de los pocos creadores que tienen un público principalmente joven, el 50% entre 18 y 30. A lo mejor un 10-15% son mujeres. Entiendo que es por los códigos y las formas en las que me expreso, que suelen ser una barrera tal vez a la hora de comunicarme, pero también creo que es por las temáticas más particulares y los círculos en los que me he movido.
En esa misma entrevista se mencionó el tema de la masculinidad. ¿Cuál es el tipo de masculinidad que defiende?
Desde el progresismo se hace mucha alusión a la superación del género, algo de lo que estoy relativamente de acuerdo. Se puede ser heterosexual sin tener que estar atado a unas características históricamente relacionadas con la autopresión [sic]. Igual que la mujer ha vivido un proceso de conciencia, creo que el hombre también ha desarrollado una serie de características que pueden ser nocivas y que ahora se pueden superar.
La masculinidad que defiendo se basa en que soy un hombre heterosexual que no quiere oprimir a la mujer. Un proyecto de respeto en el que puedo hablar de mis emociones. Creo que cualquier hombre relativamente joven vive una serie de contextos donde las emociones no salen por sí solas y eso tiene consecuencias, porque son una parte fundamental del ser humano.
La masculinidad que defiendo se basa en que soy un hombre heterosexual que no quiere oprimir a la mujer. Un proyecto de respeto en el que puedo hablar de mis emociones
Su contenido se caracteriza por ser polémico. ¿Cómo gestiona cuando los mensajes se malinterpretan?
Al principio te enfadas, porque da rabia que la gente no entienda. También es cierto que con el paso del tiempo hay un poco de mea culpa. Hay mensajes que aunque se escriba un tocho en Twitter no va a hacer que la gente entienda. También es la naturaleza de las redes sociales, que cada uno lea lo que quiera.
Muchas veces provoco un efecto Streisand: cuando alguien me dice algo, le respondo para defender la postura, y eso termina haciendo que más personas se enteren de qué está pasando. Me parece un buen ejercicio porque mucha gente siempre va a leer lo que le dé la gana en lo que pongas, pero mucha otra aprecia cuando dices algo y luego te puedes dar cuenta de que te has equivocado.
De hecho, se generó polémica cuando anunció que iba a debatir con gente de ultraderecha. ¿Cómo se está acogiendo ese contenido ahora?
Veo una aceptación total, la gente entiende que hay que cambiar la forma de ver todo. Pablo Iglesias, probablemente una de las personas que en sus inicios más debatió, en parte triunfó porque era un outsider de lo que era la política entonces y traía ideas nuevas. A partir de la hegemonía del progresismo, mucha gente creo que empieza a tener miedo y, con los problemas internos de los partidos, se empieza a crear un cerco alrededor del ‘no podemos hablar con esta persona’.
Siendo yo parte de esa izquierda outsider, creo que es momento de salir y decir a la gente que la izquierda no es solo Sumar y PSOE. Mucha gente creía que no se podía debatir porque debatir es legitimar, hasta que se dan cuenta de que en realidad no los legitimas. Creo que es bueno y es lo que tiene que hacer la izquierda y lo que ha hecho siempre: ser valiente y salir a hacer cosas que son incómodas.
Mucha gente creía que no se podía debatir porque debatir es legitimar, hasta que se dan cuenta de que en realidad no los legitimas
Una idea que suele escucharse en sus intervenciones es la de una “militancia cómoda”.
He militado y milito en muchos sitios en la parte administrativa y creo que el proyecto militante se vuelve un proceso complejo. Se nota en un movimiento cuando es de gente de barrio y cuando parte de la academia. Yo no soy antiacadémico, pero creo que los movimientos de calle tienen que alejarse de la academia, porque su funcionamiento requiere toda la vida enlazado a ella. Los debates son muy profundos y mucha parte del tiempo se dedica a un aprendizaje muy denso, que una persona normal no quiere asumir.
Creo que los movimientos que funcionan son los que son accesibles para cualquier persona. Espacios más comunes donde no haga falta estar formándose, donde simplemente pueda ser crear un entorno en el que, desde la que no tiene la ESO hasta la que tiene una carrera, puedan sentirse parte del mismo sitio. Creo que el funcionamiento militante necesita a los dos tipos: mucha gente del trabajo diario y gente relativamente intelectual que organice el foco de la estrategia.
La vía política que defiende es la del sindicalismo, ¿qué le ha llevado a ese planteamiento?
Mi postura nace un poco de la práctica. He estado en organizaciones muy intelectuales, pero que se alejaban de la simpleza de la realidad. Necesitamos una organización sindical que se asemeje a lo que fue en su momento la CNT (Confederación Nacional de Trabajadores), que mezclaba ambas cosas: la organización mundana y la implicación intelectual. No estamos en esa época, pero cada vez nos acercamos más al entorno material y político: la desigualdad social, la inseguridad internacional, las guerras...
En la actualidad, este modelo se asemejaría al sindical danés. Desde el que trabaja en una fábrica al funcionario, toda esa gente tiene un interés común, que se parte en tres: todos pagan impuestos, todos consumen, y todos tienen intereses laborales comunes. Esas tres vías son las que unen porque parten de la obligación de cara al mercado, de cómo consumimos.
El día a día es también un voto, un input al sistema. Esa visión del consumidor como una sociedad organizada que dice que no va a consumir un producto porque está promoviendo que se seque un río en África. Lo mismo pasa con los impuestos, hay que estar pendientes del gasto público. Protestar contra el Estado no es ser menos de izquierdas, porque el Estado no es la izquierda.
El sindicalismo no es para gente de izquierda, es para todo el mundo, y se deben romper las barreras de la polarización partidista porque van en contra de la organización civil.
Protestar contra el Estado no es ser menos de izquierdas, porque el Estado no es la izquierda
Hace tiempo que impulsó el sindicato de los editores de vídeo y, por otra parte, la Unión Española de Creadores, ¿cuál es la situación actual de ambas organizaciones?
La Unión Española de Creadores el próximo año tendrá muchos hitos interesantes a nivel internacional. En el caso de los editores, lo creé para que fuera un lugar en el que la gente pudiera intercambiar conocimiento y mejorar sus condiciones. Cuando empezaba a fluir, lo cedí para que se autogestionara y, ahora, objetivamente, se ha podido medir que han crecido los salarios.
También estoy en el Sindicato de Periodistas de Madrid, que mezcla personas que tienen mucho conocimiento con personas que no, pero que se juntan y llegan a hacer cosas interesantes.
¿Qué rol ejerce en este sindicato?
Más bien de asesor en periodos de consulta. Soy periodista, pero soy autónomo y hago todo: tengo que buscar, verificar, realizar...
Cuando se empieza a consumir internet, se pierde ese formato de financiación mediante compra en los periódicos, lo que hace que sea cada vez más necesaria la publicidad institucional. El streaming como formato informativo existe por la falta de credibilidad, porque es una alternativa individual donde como individuo, como no me puedo vender porque no soy una corporación, soy lo que la gente busca: personas a título individual, que son más cercanas. Es un entorno que hay que repensar y que es un proceso complejo, precisamente porque el periodismo siempre será la única forma de que podamos vivir en democracia.
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¿Cómo le vas a pedir a alguien de izquierdas que vote a una de las tres opciones cuando son la misma ideológicamente? ¿Cómo va la izquierda a decir que puede ofrecer un mejor país si no puede ofrecer siquiera una organización sostenible? Cuando eres parte del gobierno que permite que las cosas no vayan bien, la gente va a ir a lo contrario y no puedes decirle ‘fachapobre’. No estás haciendo que la gente pobre sea menos pobre, con lo cual no van a votarte.
¿Cómo le vas a pedir a alguien de izquierdas que vote a una de las tres opciones cuando son la misma ideológicamente?
Va a haber una gran victoria del PP y de Vox en general de aquí a 2027 y la izquierda va a estar fuera, mínimo, 10 años. Creo que la solución inmediata es la organización civil y sindical. Hay que asociarse independientemente de la ideología.