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Por qué no arraiga un 'LefTube' en España

Por qué no arraiga un 'LefTube' en España

El término LefTube o BreadTube (en referencia a La conquista del pan, de Piotr Kropotkin) se ha utilizado en los últimos años para agrupar a los creadores de contenido que tratan temas sociales o políticos desde una perspectiva a la izquierda del espectro político: desde críticas al capitalismo a contenidos sobre el colectivo LGTB, canales como Contrapoints (que cuenta con 1,3 millones de suscriptores) o Philosophy Tube (con 922.000 suscriptores) debaten a través de una elaborada puesta en escena sobre cuestiones de actualidad política y social.

El arqueólogo, divulgador y youtuber Mikel Herrán –conocido en redes como Puto Mikel–, detalla las características de esta comunidad. “Originalmente se usa para designar a este grupo de canales que empezaron a desafiar los discursos hegemónicos que en 2015 parecían dominar la plataforma, y que se acentúan tras la victoria de Trump. Pero es una etiqueta muy elástica, y depende de quién la use. A veces se meten canales que no hacen un comentario político o social desde una ideología marcada”.

De Trump a Vox

Uno de los principales temas de estos canales es contraargumentar a líderes de la alt-right estadounidense en Youtubealt-right , como Jordan Peterson, Ben Saphiro, o Alex Jones. Una respuesta directa al espacio que ha sabido ocupar la extrema derecha en la plataforma y en otras redes sociales, frente a una aparente ausencia de la izquierda en las mismas.

En el caso español la balanza está más desequilibrada. Mientras que el discurso neoliberal y anti-identitario parece haber encontrado su espacio dentro de la plataforma, a través de una comunidad que gira alrededor de un par de canales que mantienen una comunicación y cooperación entre ellos, la izquierda aparentemente no termina de formar esa unidad en estos nuevos medios. Es habitual ver debates entre figuras como Un Tio Blanco Hetero, infoVlogger, o Roma Gallardo sobre temas de política y actualidad, mientras que estos encuentros parecen no ser tan frecuentes en el otro espectro político.

Alan Barroso, politólogo y divulgador de política en Twitch e Instagram, reflexiona sobre esta divergencia. “Nuestro país va como unos cuantos años por detrás de lo que ocurre en la escena anglosajona”, explica. Poniendo el foco en los últimos cuatros años convulsos de la política estadounidense a partir de la Presidencia de Trump, desde 2016 las redes sociales, y en concreto Youtube, se convirtieron en “un campo monopolizado por la alt-right”.

La falta de una contraoferta de ese discurso, liderado por figuras como Steve Bannon o Alex Jones, les hacía valerse como el “antiestablishment, rebeldes contra lo políticamente correcto”, incide Barroso. Ante esta monopolización del espacio, en los últimos años han surgido figuras que han reivindicado la importancia de estos canales, equilibrando progresivamente la balanza.

Pero en España, esta contraoferta no llegaría hasta unos años después. “Aquí en 2016 la ola Trump ni la vimos. Estábamos metidos aún en la ola de 2014 con Podemos, un poco de capa caída, pero aún resistía un poquito”, incide el politólogo. No sería hasta las elecciones andaluzas de 2018, comienzo del ascenso de Vox, cuando el debate político comenzaría a oscilar alrededor de la ultraderecha. Momento en el que los canales dentro de este espectro comenzaron a afianzarse y coger fuerza en la comunidad de youtubers.

“Hay una relación beneficiosa entre Vox y estos canales, que han conseguido cada vez más audiencia. Y en 2021 están casi en su mayor apogeo”, analiza Barroso, si bien son números que distan de la comunidad anglosajona. Pero al igual que en Estados Unidos, poco a poco surgen voces que destacan la importancia de llevar un discurso a la izquierda del espectro político en estos espacios, incide Herrán, que destaca el impacto del surgimiento de nuevas plataformas en la difusión de este discurso.

La diversidad de las redes

“Creo que uno de los problemas es manejarnos en el ecosistema en el que estamos, y donde hay que adaptar el contenido a cada plataforma”, analiza Puto Mikel. “Sí que hay una izquierda española que está en redes, pero al haber llegado a un ecosistema diferente está teniendo una evolución diferente al que tenía el panorama anglosajón. Pero hay una respuesta directa y una contraposición a los discursos hegemónicos que solemos ver”.

Pero el canal afecta al mensaje: mientras que Youtube permite la creación de bloques de información estructurados, densos y con una preproducción detrás, Twitch, por su naturaleza de directo, favorece más un discurso en respuesta a la actualidad informativa. “Aunque permite deconstruir esos discursos, sí que no permite a la larga construir una unidad de contenido contundente desmontando uno a uno sus puntos”, detalla Herrán.

Otra de las plataformas que observan ese crecimiento es Instragram, donde cada vez surgen más creadores que, si bien no hablan específicamente de política, realizan un acercamiento a temas de actualidad, como las políticas de cuidados o el colectivo LGTB desde una perspectiva más progresista. Pero este crecimiento en diversas plataformas acentúa la sensación de dispersión de la izquierda en estas redes sociales, frente a la aparente unidad que muestra la derecha en Youtube.

“No hay un LefTube españolLefTube , en el sentido de un núcleo irradiador de creadores de contenidos de izquierdas”, detalla Herrán, que incide en la tendencia a comparar la comunidad hispanohablante con la anglosajona. “Igual lo percibimos como un ente monolítico, casi como una organización, pero tampoco es eso. Y ahora que vemos iniciativas en España en todas las redes desde la izquierda, no nos debería importar si hay mayor cohesión o comunicación. Creo que hay mucho creador de la izquierda en España, y no diría que está disperso, pero sí que no hay un núcleo duro en una plataforma específica”.

Barroso se muestra más crítico contra la supuesta unidad de la derecha, y apunta a la naturaleza de las redes sociales como factor principal para esa falta de cohesión de la izquierda en redes. “No creo que la unidad de la derecha sea tanto porque les interese que su discurso llegue a la mayor cantidad de gente posible, sino que les interese tener el plato bien lleno de garbanzos a fin de mes. Pero lo fundamental para explicar esta desunión de la izquierda es la lógica que impera en las redes sociales. La forma de intervenir en estos espacios es ultraindividualista, muy egoísta, y sobre todo increíblemente autónoma”, analiza el politólogo, que incide en la necesidad de que proliferen los creadores de contenido que hablen específicamente de política, más allá de los mensajes que puedan surgir dentro de otros ámbitos.

“Este tipo de redes premia que haya una cara con la que identificarse y empatizar, generando un vínculo con el espectador”, detalla Barroso. “Desde mi perspectiva, he participado en revistas, proyectos colectivos en la facultad, y nunca he tenido tanto impacto como cuando decidí hacer videos por mi cuenta y con mi nombre”.

Sin embargo, incide en que la mayoría de esas opiniones ocupan un espacio secundario dentro de un contenido que apunta a otros intereses, ya sean conversaciones relacionadas con otros temas, reacciones, o incluso videojuegos. “No hablan explícitamente de este asunto. Y no lo desprestigio, creo que es tan o más importante que un referente para la juventud hable de un tema específico. Pero lo que nos faltaría son opinadores que hablarán exclusivamente de política. Ahí creo que la izquierda ya tiene buenas posiciones, pero falta gente que hable exclusivamente de política, y es lo que sí tienen ellos”.

También hay intentos para crear espacios de cooperación dentro de un discurso más progresista en las redes sociales. Uno de los más recientes es el Frente Mediático Popular, “unión de activistas en favor de los Derechos Humanos”, que congrega a diferentes figuras como Elisabeth Duval, Spanish Revolution, o al propio Alan Barroso.

Pero el politólogo insiste en ir un paso más allá. “Más que una unión de ese tipo bajo un nombre, lo que me atraería más sería una especie de organización, que mantenga la autonomía entre las partes, pero que favorezca una cooperación constante. Parecido a lo que hacen ellos. No es una organización orgánica, pero si es una organización totalmente necesaria para seguir adelante”.

Criticar al capital desde el capital

Una de las discusiones dentro de la izquierda en la plataforma trata sobre hasta qué punto es viable hacer una crítica al capitalismo y a las corporaciones desde las grandes plataformas monopolizadas por las grandes tecnologías. Youtube pertenece a Google, mientras que Twitch es propiedad de Amazon, recientemente salpicada por sus pésimas condiciones laborales, con conductores obligados a orinar en botellas.

Herrán ahonda ante esta aparente incongruencia. “Creo hay cierta crítica que se le hace a la izquierda, y que no se le hace a la derecha, que es la de la hipocresía de criticar a las grandes corporaciones cuando estás en Twitch, que es de Amazon. Pero no hay forma de huir de esas grandes corporaciones, criticar al capitalismo desde fuera del capitalismo es imposible”.

Barroso se muestra más contundente en este debate, e incide en que “no hay que confundir la casa del enemigo con las herramientas del enemigo”. “Creo que hay que separar la lógica de las redes sociales, que es totalmente perversa y tóxica, de lo que luego hay que defender y propiciar. Yo por fortuna creo que ese debate en España ya lo tuvimos hace casi diez años, cuando un tipo con coleta iba a Intereconomía a pegarse con unos cuantos fachas y así conseguía visualizaciones”.

“El debate de si hay que ir a los medios del enemigo quedó claro que era una buena estrategia, y la adecuada en este caso. Son debates que han surgido hace diez años, han surgido ahora, y surgirán dentro de otros diez”, concluye.

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