Cataluña

Conflicto, acuerdo o pausa en el 'procés': tres escenarios para Cataluña

Conflicto, acuerdo o pausa en el 'procés': tres escenarios para Cataluña

Ibon Uría

Este domingo se cumplen siete semanas de las últimas elecciones catalanas, cuando las candidaturas independentistas lograron la mayoría absoluta de los escaños pero no alcanzaron la barrera de la mitad de las papeletas. Casi cincuenta días después Artur Mas aún no ha logrado que la CUP lo invista president, el Govern está en funciones, y el primer paso hacia una hipotética república catalana –la resolución independentista aprobada por el Parlament– ha quedado en suspenso tras el recurso del Gobierno al Tribunal Constitucional.

A nivel estatal los dos grandes partidos van de la mano. El Gobierno anunció su recurso al tribunal de garantías y el líder del PSOE, Pedro Sánchez, lo apoyó. El Ejecutivo evita pronunciarse sobre una posible suspensión de la autonomía catalana, y el candidato socialista pide "prudencia" y "no adelantar acontecimientos". Con la campaña para el 20-D como telón de fondo, el pacto tácito de no agresión en torno a Cataluña es quizá la muestra más clara de esa unidad. Aunque discrepen en las soluciones al problema de fondo, hay sintonía en la respuesta al "desafío independentista".

¿Qué puede suceder ahora? Los expertos describen tres escenarios. El primero: un choque entre Estado y Generalitat. Este se produciría si finalmente hay Govern sin ir a unas nuevas elecciones –que de celebrarse, serían las cuartas en cinco años– y las instituciones catalanas cumplen el mandato de la resolución del Parlament. Segundo: el diálogo y el entendimiento entre la Administración central y la autonómica tras las generales de diciembre. Parece difícil, pues las posiciones de partida están muy alejadas. Y el tercero: que el procés pierda fuerza por el lado independentista si no se puede formar un gobierno estable en Cataluña.

Hay coincidencia, eso sí, en que la situación es volátil: "Cada media hora cambia algo", describe gráficamente Josep María Reniú, profesor de Ciencia Política en la Universitat de Barcelona (UB). "Ciertamente, el futuro está muy abierto", coincide Agustí Colomines, doctor en Historia Contemporánea y también docente de la UB. "Creo –calcula Jordi Muñoz, doctor en Ciencia Política por la Universidad Pompeu Fabra– que vamos hacia el choque institucional". "Lo más probable parece un escenario donde se prolongue la situación", sostiene por su parte Pau-Marí Klose, profesor de Sociología en la Universidad de Zaragoza.

Estas son sus reflexiones en torno a una cuestión central: ¿Hay salida para Cataluña? Y sobre una derivada: ¿Qué pasará con Artur Mas?

1. Choque de trenes

Todos los analistas ven elementos que podrían conducir a un conflicto institucional. "Veo pocas opciones para desencallar el proceso, porque los independentistas no están ya en terceras vías: dicen que han pasado página", comenta Klose. Muñoz añade que "el soberanismo necesita que pasen cosas ante la ausencia de negociación por parte del Estado" y, aunque admite que es poco probable que los independentistas logren que funcionarios "cometan ilegalidades", recuerda que controlan instituciones como el Parlament, que les dan recursos suficientes para seguir avanzando en su desafío.

A este respecto Reniú considera que "el impacto simbólico" de la resolución aprobada por la Cámara catalana es "importante" porque, entre otras cosas, marca un plazo de 30 días para que se presenten en el Parlament leyes para crear estructuras de Estado. Y no es sólo el impulso político: Colomines recuerda que el procés no es sólo cosa de Artur Mas, de ERC o de la CUP. "Esto va a seguir aunque el Gobierno central intente taponar o debilitar el proceso –pronostica–, porque el grado de malestar, de falta de entendimiento y el sentimiento de que se intenta negar la expresión popular de la sociedad catalana ha calado hondo".

Si las instituciones catalanas siguen adelante, apunta Reniú, "el plato de la desobediencia parece servido" porque el Tribunal Constitucional ha advertido expresamente a 21 cargos públicos, dejando poco terreno a interpretaciones posteriores. El desacato al tribunal de garantías "lo damos casi por hecho", asiente Muñoz, "porque lo así lo indica la propia resolución del Parlament". "El gran problema para el Estado es que los tradicionalmente moderados han movido ficha hacia la independencia", dice Colomines y predice que, si hay Govern, "el proceso irá hacia delante y habrá conflicto".

En un escenario de enfrentamiento los expertos creen que el Estado tiene más recursos para imponerse, pero advierten de que esa estrategia implica un alto coste político. "Imaginemos –dice Reniú– que se inhabilita a cargos públicos por tramitar leyes en el Parlament: fuera de España eso tendría una imagen fatal, porque en esencia estamos ante un problema político, no jurídico. Y no quiero ni pensar en la suspensión de la autonomía: sería inaudito en Europa", dice.

Muñoz plantea otro interrogante: "¿Cuánto tiempo puede soportarse una estrategia coercitiva? ¿Qué pasa si, en unas nuevas elecciones, vuelven a ganar los independentistas?–el CEO aseguró este viernes que Junts pel Sí y la CUP superarían ahora el 50% de los votos–. Si no vamos hacia una negociación –agrega–, todo se vuelve complicado". "El Estado tiene resortes para la represión, pero el coste es la separación segura antes o después", sostiene Colomines. Por eso Klose advierte de que un movimieto por parte del Estado que se interprete como excesivo podría llevar a los catalanes indecisos a escorarse hacia el independentismo.

2. Diálogo (¿y acuerdo?) tras el 20-D

Los expertos consultados creen que el mayor escollo para que tras el 20-D comience el diálogo entre Estado e independentistas tiene que ver con la situación que ahora mismo reflejan las encuestas: "Después de las generales –dice Reniú– parece que PP y Ciudadanos pueden confirmar una mayoría suficiente, y eso implica que el escenario no cambiaría demasiado". El profesor de la UB recuerda que los conservadores, básicamente, proponen "no hacer nada", y que los de Albert Rivera "hablan de recentralización".

Muñoz también es relativamente pesimista: "Los sondeos apuntan a una mayoría difícil en el parlamento español: o PP con Ciudadanos, o PSOE con Ciudadanos". A su juicio la formación naranja "dificulta la solución para Cataluña" por su posición abiertamente contraria al proceso soberanista. Eso sí, Coromines advierte de que no es indiferente que gobierne Rajoy o Pedro Sánchez: "Negociar ahora es muy complicado, pero para el día después no da igual PP o PSOE. No es lo mismo Miquel Iceta que Albiol, sus posiciones no son comparables y el factor personal también es importante", señala.

Incluso si las diferentes partes llegan a sentarse a la mesa, señalan estas voces, hay un segundo gran problema: hallar un mínimo denominador común, un punto intermedio aceptable para todas las partes. ¿Y cuál sería ese lugar para el entendimiento? "La salida política aceptable para todos es un referéndum –dice Reniú–. Si gana el sí, negociaciamos la secesión. Si sale el no, como mínimo no se plantearía de nuevo en una generación, y el debate se centraría entonces en cuestiones como la financiación". "La salida podría ser un Estado catalán no independiente, la opción que en la consulta del 9-N representaba el Sí-No", apunta Klose.

Pero independientemente del resultado, la consulta parece vital. También para Muñoz: "En Cataluña, cualquier solución aceptable debería pasar por un referéndum. Ese es el punto mínimo, y a corto plazo lo veo complicado. Entre los principales partidos no parece algo aceptable, salvo para Podemos e IU". Por eso, a juicio de este analista, un entendimiento entre PSOE y Podemos para gobernar la próxima legislatura podría ser más favorable para hacer desencallar la situación actual. "Como dice Pablo Iglesias –coincide Colomines–, esto sólo se soluciona con un referéndum. El mínimo para el acuerdo es poder votar".

Reniú añade que los últimos movimientos de Pedro Sánchez de la mano de Rajoy –"ese giro a la derecha", describe– han "desolocado a los socialistas moderados" y pide diálogo para llegar a un punto de entendimiento. Claro que celebrar un referéndum también conlleva peligros. Así lo cree Klose: "Implicaría un riesgo muy alto, especialmente si se realiza durante un Gobierno del PP", calcula. A su juicio tras el independentismo hay "mucho de rechazo" a los conservadores y el resultado sería muy ajustado, lo que podría suponer que el problema no quedase cerrado.

¿Y la reforma constitucional que propone, por ejemplo, el PSOE? "Le veo muchas dificultades –señala Klose– porque no es fácil de hacer. Lo más fácil sería incluir una disposición adicional, como propuso Unió en las últimas elecciones catalanas, y evitar así una reforma completa que requiere mayoría de dos tercios –tanto en el Congreso como en el Senado–, porque eso implicaría necesariamente a PP o Ciudadanos". La ventaja, en opinión de este experto, es que si la reforma de la Carta Magna se vota en referéndum permitiría al decir Estado que "se ratifica el pacto de convivencia". Pero Reniú y Coromines no coinciden: "Yo creo que no sirve en este escenario", estima el primero. "Pactar algo distinto a la consulta no arreglaría el problema", afirma el segundo.

3. Un procés en procés stand-by

En opinión de Reniú no es descartable que el proceso entre en una cierta fase de pausa o que incluso dé algún síntoma de "debilidad" si se prolonga la imposibilidad de formar Govern y de investir a Artur Mas. "La situación de bloqueo –coincide Muñoz– se puede alargar. No indefinidamente, claro, pero sí durante un cierto tiempo". Klose da más detalles sobre esta hipótesis: a su juicio, y salvo que ocurran acontecimientos imprevistos, o que alguna de las partes implicadas cometa un error que "haga virar la opinión pública internacional", hay elementos "estructurales" que indican que el procés "encallará" durante "bastante tiempo".

Un punto central, añade el experto, es "la impasibilidad de Mariano Rajoy". Esa actitud, subraya Klose, obliga constantemente a los independentistas a decidir entre "retroceder, lo que tendría un coste muy importante para ellos, o subir un escalón más". "La impasibilidad genera una cierta ventaja para ahora para el Estado y parece obligar a Mas a arriesgar", dice. ¿En qué se traduce esa necesidad de asumir riesgos? "En hacer lo que en la consulta del 9-N no se atrevió a hacer", responde. Es decir, en asumir decididamente la creación de estructuras de un Estado catalán y en implicar para ello a funcionarios.

"Y ahí no sabemos si habrá funcionarios leales que estén dispuestos a asumir esas responsabilidades. Probablemente no los hay. Y probablemente la gente tampoco va a pagar sus impuestos a una hipotética Hacienda catalana. Si sólo unos pocos pagan a un hipotético Estado catalán, la república catalana tendría muy pocos recursos. Pero es que tampoco tiene medios para obligar a la gente a que pague. Por eso dudo que Junts pel Sí vaya a una estrategia de choque, porque tiene todo que perder. En realidad juega a provocar el error del contrario, del Estado, y en ese lapso corre el riesgo de que la gente se desanime. Aquí todo parece que se va a desbordar, y al final no pasa. Se dijo que la independencia sería en 2014 y no lo fue. Ahora tampoco creo que va a suceder en 2017", concluye.

4. ¿Y qué pasa con Artur Mas?

La última incógnita sobre el escenario en Cataluña es la supervivencia política de Artur Mas. Y la mayoría de expertos creen que, de alguna forma, logrará ser investido nuevamente president, pese a que la CUP en campaña que Mas no repetiría mandato si de ellos dependía. Por ahora ha dicho no en dos ocasiones, pero varios analistas sostienen que esa situación no se prolongará mucho más. "La CUP tiene cierto interés en alargar la investidura, pero creo que a finales de noviembre dará su brazo a torcer", dice Muñoz. "La CUP marca líneas rojas, pero no quieren llegar así a las generales del 20-D", añade Reniú. En opinión del experto, la candidatura de Baños teme un sorpasso de ERC a Convergència en las generales, a las que no se presenta la propia CUP, lo que debilitaría su posición para marcar el camino del procés.

¿Y qué hará Convergència en caso contrario? ¿Sostendrá a Mas? "O Mas es president o vamos a nuevas elecciones, estoy convencido de eso", dice Agustí Coromines. Reniú también ve en Mas a un político hábil capaz de hallar fórmulas imaginativas: "La alternativa para él –dice– podría ser convertirse en conseller en cap, una figura sin competencias, pero creo que es imposible apartar a Mas por completo". Más dudas muestra Muñoz, para quien está por ver "si el president es capaz de mantener unido a Junts pel Sí". A su juicio, si la situación se estanca por mucho más tiempo, podrían aparecer algunas grietas entre los miembros de la coalición que pertenecen a Convergència –"creo que ellos lo defienden más", dice Muñoz– y los de ERC.

Finalmente, Klose advierte de que la investidura de Artur Mas puede ser una cuestión con relevancia más allá del mero factor personal: "Artur Mas es la garantía de que un determinado sector catalanista poco proclive al riesgo sigue enganchado al procés", asegura. Mas es la garantía, insiste, de que "Convergència sigue al frente, de que no hay locuras, de que la burguesía puede confiar, cosa que no ocurriría si ERC o la CUP se pusieran al frente". En resumen, concluye, "la desaparición de Mas supondría la radicalización simbólica de proceso", del que podrían desengancharse los más moderados.

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