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Consulta catalana 2014

Los escenarios que se abren tras la alta participación del 9-N

Cataluña pasa de pantalla. Ya ha traspasado la frontera del 9-N, con una masiva participación –lo que más importaba– y una apuesta indiscutible de los votantes por la independencia (80,72%), en una jornada pacífica y sin incidencias reseñables, pero el conflicto no se ha evaporado. Sigue enquistado, igual o peor que antes del 9-N. Y no hay por ahora una salida que se vislumbre como segura ni definitiva. Artur Mas tiene la sartén por el mango y es él quien debe decir si hace uso de la carta hasta ahora más probable: la convocatoria de elecciones autonómicas anticipadas, con carácter plebiscitario. Pero podría intentar aguantar y agotar la legislatura. O podría esperar algún fruto de la negociación con el Gobierno central. El damero catalán continúa envuelto en un mar de interrogantes, pero su desenlace no parece, en cualquier caso, inminente. 

Primero habrá que saber quién gana y quién pierde con la consulta alternativa del 9-N, impulsada y tutelada por la Generalitat, pero "ejecutada" por los más de 40.000 voluntarios, una disquisición diseñada para sortear el veto del Estado. Este domingo, según los cálculos avanzados tras la comparecencia nocturna del president, participó un total de 2.250.000 personas, una cifra que se sitúa por encima de la última Diada (1,8 millones de manifestantes), por lo que, como ya adelantaban diversos observadores expertos, podría hablarse de un triunfo de convocatoria, que podría reforzar, a priori, a CiU y a ERC, los dos motores del proceso soberanista. Así lo leyeron ambos. "Éxito total", una "lección de democracia con mayúsculas", que demuestra que "Cataluña quiere gobernarse a sí misma", dijo Mas. Los resultados "han desbordado las expectativas", sentenció Oriol Junqueras, líder de los republicanos. 

Aún es pronto para saber cuánto ha conmovido el tablero el 9-N. Cuánto influirá en el escenario post 9-N. Las primeras declaraciones una vez cerradas las urnas no apuntaban opciones claras. Sí abundantes valoraciones de la "extraordinaria" movilización. Mas dio pocas pistas, porque de su plan dará cuenta en una comparecencia mañana martes y después se irá reuniendo con los partidos. Sí adelantó que si continúa "el muro" del Estado para negociar un referéndum "definitivo", se deberá "internacionalizar el proceso". 

Con el 88,4% de las 6.695 mesas escrutadas, y según los datos ofrecidos pasada la medianoche por la vicepresidenta del Govern, Joana Ortega, se habían inclinado por la opción sí-sí (favorable a la independencia de España), el 80,72% de los votantessí-sí (1.649.239). Por el sí-no (sí a un Estado propio, no a la secesión), un 10,11% (206.599 votos), y por el no (a favor del statu quo actual), un 4,55% (92.939 papeletas). Hasta este lunes no se conocerá el escrutinio al cien por cien. El censo de las últimas europeas, donde podían votar sólo los mayores de 18 años, era de 5,4 millones de personas. Este 9-N podían votar los mayores de 16, así como los residentes en el extranjero (unos 900.000). 

Carta del Palau a la Moncloa

Lo que sí hará Mas, de entrada, es enviar una carta al presidente del Gobierno para hacer "balance" del 9-N y ofrecer su disposición a hablar para hallar "soluciones" y discutir un referéndum "definitivo" y "acordado", como el que se celebró el pasado 18 de septiembre en Escocia. No espera el jefe del Govern "mucho" de la respuesta de Mariano Rajoy, afirmó en una entrevista en TV3 24 horas antes de la consulta, pero cree que debe remitira porque "nunca" se debe perder "el concepto del diálogo" y el de la "convivencia entre Cataluña y España"

En esa entrevista con la televisión pública catalana Mas explicó que esta semana escuchará a todos los partidos proconsulta para negociar unos posibles comicios plebiscitarios. Pero añadió este matiz clave: todo dependerá de que las fuerzas soberanistas acuerden "agruparse" para revestir unas elecciones autonómicas en una verdadera consulta. El referéndum "definitivo", como él mismo dijo cuando anunció que aparcaba el 9-N original y lo reemplazaba por un proceso participativo. 

La posibilidad de un adelanto electoral era una de las alternativas que se vislumbraban más probables. En efecto, es la opción que querría Mas, pero él siempre lo ha supeditado a una candidatura unitaria de todas las fuerzas soberanistas. Sobre todo con el que hasta ahora ha sido su socio de gobierno, ERC. Y en la noche de este domingo lo volvió a reiterar en Salvados: no tendrían sentido unos comicios normales, al uso, sino que sólo valdrían unos extraordinarios, con condiciones extraordinarias. Ello le ofrecería la posibilidad de seguir liderando el proceso. De no morir ahogado por las urnas. Porque hasta ahora las encuestas han mostrado con obstinación que, de celebrarse elecciones y de concurrir por separado, CiU sería aplastada por los republicanos. De hecho, según el último barómetro del Centre d'Estudis d'Opinió (el CIS catalán), la formación de Junqueras lograría entre 38 y 39 escaños (ahora tiene 21), por los 32-33 de los convergentes (50 obtuvo en 2012). 

¿Declaración de independencia?

ERC, sin embargo, ha mostrado muchas reservas a la lista conjunta, y la ha condicionado a que contenga un punto clave: la declaración unilateral de independencia. Una condición difícil de tragar para Unió, el socio menor de CiU y muy hostil a una alianza con los republicanos. Junqueras quiere "elecciones constituyentes" de las que salga una mayoría que abogue por "ejercer la independencia tan pronto como sea posible". Por eso el presidente de ERC ha lanzado una advertencia a Mas en los últimos días: no pasará por ninguna conversación con el Estado. "La independencia de los pueblos no se negocia. Se ejerce. Y no podemos perder tiempo", le reiteró el sábado. 

Mas no sólo tiene encima la presión de ERC para convocar comicios cuanto antes. También de las organizaciones que han sido claves para azuzar la movilización ciudadana y que han participado activamente en la preparación del 9-N: la Assemblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural. Sus presidentas, Carme Forcadell y Muriel Casals, ya pusieron listón a sus exigencias: elecciones cuanto antes, en "tres meses", para avanzar sin demora hacia la secesión de Cataluña. Anoche no precisaron tanto: después de que hayan acudido a expresar su opinión más de dos millones de personas, los catalanes votarán "en breve" para "conseguir la independencia". 

Artur Mas y la vicepresidenta del Govern, en su comparecencia al cierre de las urnas del 9-N | EFE

Tan importante sería la convocatoria de las elecciones como el contenido de los programas de las fuerzas proconsulta. Porque de las urnas tendría que emanar el "mandato democrático" claro, la hoja de ruta a seguir. Y el calendario, claro. Mas podría llamar a los catalanes a votar –suya es la prerrogativa de poner fin cuando quiera a la legislatura que arrancó en noviembre de 2012– en el primer trimestre de 2015, antes de las municipales de mayo. 

Pros y contras de los comicios

No obstante, cunde la impresión de que a menos que el president consiga atar esa lista de unidad, no habrá elecciones. "Mas no va a convocar unos comicios para perder, para suicidarse. Mi sensación es que dejará pasar las locales. Luego vienen las generales [en teoría, en noviembre de 2015] y ya entonces habrá un nuevo escenario", asegura un máximo dirigente de una de las fuerzas proconsulta que ha participado en todas las conversaciones con la Generalitat. A su juicio, el jefe del Govern "intentará aguantar como sea". "Peor que ahora no va a estar", remacha. 

Pero sobrevivir, ¿cómo? El PSC de Miquel Iceta se ha ofrecido reiteradamente a ofrecer respaldo a Mas, pero siempre que se respeten unas prioridades: "Reactivar la economía y crear empleo, proteger el Estado del bienestar, regenerar la política y buscar un nuevo acuerdo con el resto de España". Pero, a día de hoy, no hay ninguna perspectiva de que cuaje el acercamiento, como confirmaron a este diario fuentes muy próximas al primer secretario.

Los socialistas catalanes también ven muy complicada la lista unitaria de CiU y ERC, pero creen asimismo que tiene difícil escapatoria, que no podrá esquivar los comicios. "Mas va a intentar jugar tres cartas a la vez: negociar con Rajoy, emplazar a los republicanos a que pacten una candidatura y mandar los nuevos Presupuestos al Parlament. Si ninguna alternativa le sale bien, irá a elecciones, pero recalcando que hizo lo que pudo y que son los demás los que dicen no. Además, ahora parece haber mejorado en las encuestas, porque ERC pretendía ir demasiado lejos demasiado rápido", analizan en el círculo de Iceta. Se refieren, por ejemplo, al último sondeo del CIS, que sitúa a los convergentes algo por delante de los de Junqueras en las generales. Lo que es innegable es que Mas ha recuperado oxígeno, y ha resucitado una consulta que parecía muerta tirando de "astucia" y situándose al frente, responsabilizándose del operativo ante posibles acciones penales –"intimidaciones" de la Fiscalía–.

La difícil posibilidad del diálogo

Negociación. Rajoy y Mas se emplazan al diálogo constantemente, pero el acuerdo parece estar a años luz, por no decir que se antoja imposible. El presidente del Gobierno, pese a apelar al entendimiento "dentro del marco de la Constitución y la ley", y pese a apelar al jefe del Govern a "recuperar la cordura", como hizo el sábado, no ha propuesto ninguna alternativa sobre la mesa. Ha rechazado una reforma constitucional y hasta ha aparcado una nueva ley de financiación autonómica, desoyendo incluso a dirigentes de su partido. Pasado el 9-N, se sabrá si el Ejecutivo entiende que se entra en una nueva fase y si se aviene a la negociación.

Al cierre de las urnas, el ministro de Justicia, Rafael Catalá, aseguró que el 9-N ha sido un "simulacro inútil y estéril" que carece de cualquier tipo de validez democrática y sólo ha valido para "exacerbar" la división entre los catalanes y tensar las relaciones políticas. Fuentes del Gobierno añadieron que el comportamiento del presidente de la Generalitat durante la jornada "dificulta mucho el futuro", informa Europa Press. Desde el Ejecutivo se restó toda fiabilidad a las cifras y añadieron que, en todo caso, esos números probarían que dos tercios de los 7,5 millones de catalanes (5,4 según el censo de las europeas, que agrupa a los mayores de 18 años, no a los mayores de 16) no han querido participar en una "farsa".

No son pocos los actores que demandan el acercamiento. El PSOE y el PSC quieren que Mas y Rajoy hablen y se conduzca España hacia un Estado federal, en la que se renueve el pacto de convivencia y se protejan derechos sociales y civiles básicos. Pero también sectores socialistas y del PP, y parte del empresariado catalán proponen una reforma más limitada, en la que se reconozca la singularidad catalana y se blinden ciertas competencias.

Oriol Junqueras muestra una de las papeletas por el 'sí-sí', durante el recuento de los votos de esta jornada del 9-N, en Sant Vicenç dels Horts (Barcelona) | EFE

Los puentes entre Barcelona y Madrid no se han dinamitado del todo en los últimos meses. Según publicó el sábado El Periódico, hombres de la confianza de Mas –Joan Rigol, coordinador del Pacte Nacional pel Dret a Decidir–, de Rajoy –Pedro Arriola, el gurú de cabecera del PP desde hace 25 años– y de Alfredo Pérez Rubalcaba y Pedro Sánchez –José Enrique Serrano, fontanero de la Moncloa con Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero–, han mantenido una vía discreta de diálogo. La información, confirmada por Rigol y anoche por el jefe del Govern en Salvados (La Sexta), hace suponer a una fuerza proconsulta como ICV que "todo estaba pactado" entre Rajoy y Mas. Algo que niega el PSC: "Si todo hubiera estado acordado, no se entenderían ciertos ridículos como aquellos en los que ha caído el Gobierno, como impugnar la consulta alternativa para que luego se evidenciara su impotencia al no poder frenarla". 

¿Listas de unidad en municipales?

Una alternativa que se ha manejado en ciertos círculos empresariales consultados por este periódico es que CiU y ERC llegasen a componer candidaturas unitarias de cara a las municipales de mayo, de suerte que la ola hacia la independencia nazca de los nodos de poder más cercanos al ciudadano, los ayuntamientos, como en 1931 la victoria de las listas republicanas en las grandes ciudades consiguió tumbar la monarquía. Fuentes oficiales del partido de Junqueras prefieren no situarse en ese escenario. Y máximos dirigentes de PSC e ICV ven improbable esa hipótesis, porque el choque de convergentes y republicanos es más descarnado en las corporaciones locales, y por tanto ahí el entendimiento sería más complicado. La opción que encaja más a ambas formaciones es que, si no hay adelanto de autonómicas, Mas espere al cambio de mayorías más que probable en Madrid, en las generales de noviembre. 

El proceso soberanista ha culminado una fase con el 9-N, pero no acaba. Y está sujeto a la evolución y las decisiones de varios actores y de un ciclo electoral intenso. La pantalla del 10-N es, si cabe, más importante que la anterior

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