El futuro del PSOE

Gómez reabre la guerra con Rubalcaba para no “ceder” en su defensa de la sanidad pública

Tomás Gómez, este 27 de noviembre en su comparecencia ante los medios en los pasillos del Senado.

"Quienes conocemos a Tomás, sabíamos que iba a llegar hasta el final. Pensar lo contrario es no conocerle". 

En efecto, Tomás Gómez llegó hasta el final. Pasmó ayer miércoles a sus compañeros del PSOE anunciando ante los medios que se marchaba del Senado. Que dejaba su escaño "por coherencia" y porque no podía apoyar una lista de vocales al nuevo Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) que contuviese el nombre de Gerardo Martínez Tristán, el presidente de la Sala de lo Contencioso del Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) que ordenó que todos los recursos contra la privatización sanitaria recayesen en él, casado con una consejera manchega del PP y al que recusó el Partido Socialista de Madrid. Pero su gesto desató un enorme malestar entre diputados y senadores, en la dirección federal o en territorios tan vitales como Andalucía, quienes le acusaban de haberse "pasado de frenada", de "egoísmo" y de haber actuado "en caliente", sin pensar en "el colectivo". Y reavivó, por descontado, las hostilidades entre Ferraz y el PSM, entre Alfredo Pérez Rubalcaba y Tomás Gómez, si es que alguna vez desaparecieron.

"Estamos en guerra total, porque quieren matar a Tomás", dictaminaba un cargo regional muy próximo al ya exsenador. En la coctelera confluyen, aparte de este nuevo enfrentamiento, las tensiones constantes por las primarias abiertas (y su fecha), la rivalidad en la Conferencia Política, las próximas candidaturas en la Comunidad y en el Ayuntamiento de Madrid... y también la raíz de todo, las elecciones internas de 2010, en las que Rubalcaba respaldó a la entonces ministra Trinidad Jiménez frente a Gómez. La rebeldía del líder de los socialistas madrileños no es, en absoluto, nueva, pero ahora el desencuentro, la pugna entre Ferraz y Callao, la sede regional, alcanza un nuevo estadio. 

Gómez no quiso vestir así su dimisión. La describió como un acto de "rebeldía contra el PP", no contra su partido, como una prueba de "coherencia", porque cualquier otra lectura sería "absolutamente equivocada". "Quiero poder seguir estando al lado de la gente, de mi gente, de los médicos, de los pacientes, de la sociedad madrileña, al lado de todas las personas que defienden nuestra sanidad, y si el precio que tengo que pagar por ello es entregar mi acta de senador, lo voy a hacer con mucho gusto –explicó ante los periodistas–. En ocasiones la coherencia tiene un precio muy alto, pero la incoherencia tiene un precio mucho más alto aún, tan alto que yo no podría pagarlo". Oyéndole y con las lágrimas en los ojos estaban los otros dos senadores del PSM, Maru Menéndez, su secretaria de Organización, y Enrique Cascallana. Ellos sí votaron el pacto. 

"Este gesto noble le convierte en un mártir"

El líder del PSM, antes de comparecer ante los medios, había reunido al núcleo duro de su dirección para trasladarle su decisión, y de ella recibió su respaldo. Ayer miércoles, pese a las críticas que llegaron de Ferraz, de parlamentarios y de las federaciones, sus compañeros madrileños le arroparon "sin fisuras" e intentaron circunscribir su dimisión, en primer término, a un movimiento más al frente "contra la privatización de la sanidad, y no tanto contra el federal". "No podemos ceder en esto, en nuestra lucha contra el desmantelamiento de la sanidad pública, porque afecta a nuestros principios. Está en juego nuestra credibilidad en Madrid. Si no llegamos a hacer esto, el PP nos hubiera dado de hostias", opinaba un alto cargo madrileño. Otro añadía en el mismo sentido: "La federación está hiperunida en torno a Tomás, más que nunca. Este gesto noble le convierte en un mártir. Sale reforzado de todo esto porque se ha visto que ha cumplido su palabra y demuestra que será un magnífico presidente de Madrid. Hemos recibido un bombardeo de llamadas de apoyo". "Coherencia" y "dignidad" eran los comodines que más circulaban. En Twitter, sus acólitos promocionaron la etiqueta #DignidadTomás

Fuentes cercanas a Gómez explicaron que el pacto sobre la renovación del CGPJ, cerrado el lunes, colocaba al líder del PSM en una "situación imposible", porque tenía que elegir entre "dos lealtades". O mantener su "compromiso con los ciudadanos" y la marea blanca, "sin arriar la bandera de la defensa de la sanidad pública, un eje absoluto de su política para ganar Madrid al PP", o mantener el compromiso con su partido. "Pero él no es un diputado más que pueda romper la disciplina de voto, es secretario general. Así que tenía que elegir la otra alternativa, marcharse. Ese acuerdo, que comprendía la presencia de Martínez Tristán, desacreditaba a todo el PSM", analizaban estas fuentes. Para los socialistas madrileños era "moralmente insoportable" dar cobertura a un juez como Martínez Tristán, porque es el magistrado que, a su juicio, juega en campo contrario, a favor de la externalización promovida por el Gobierno de Ignacio González. "Y Alfredo, como diputado por Madrid, ha votado a favor de este personaje", afeaban. "Si él vota esto, ¿con qué cara va luego a la marea blanca?", aducía un parlamentario.

Callao, por tanto, entiende que la primera coordenada del conflicto reside en la batalla por la sanidad pública, que considera que ha logrado capitalizar y que es la llave maestra de las elecciones autonómicas de mayo de 2015, las primeras en las que el control del PP sobre la Comunidad y el Ayuntamiento se deshilacha. Pero admiten que la pelea interna con Rubalcaba es otra derivada inevitable, aunque no buscada. "Es Ferraz la que la lanza la guerra contra Tomás al aceptar a este personaje", sostenían en el círculo de Gómez. Otro dirigente recordaba que los "tres últimos años", desde las primarias que ganó a Trinidad Jiménez, la cúpula federal ha hecho al PSM "la vida muy difícil". 

Ferraz: "Él solo se metió en su laberinto"

Ferraz, a su vez, dice que no quiere guerra. "¿Guerra total? ¿Para qué y por qué? A lo mejor Tomás la busca, pero nosotros para nada. Hemos hecho un acuerdo para renovar un órgano constitucional, por responsabilidad. La disyuntiva era tener vocales progresistas en el Consejo o no tener ninguno", indicaba molesta una persona de la máxima confianza de Rubalcaba, quien recordaba que Alberto Ruiz-Gallardón cambió la Ley Orgánica del Poder Judicial para poder renovar, sólo con sus votos, los 10 vocales que corresponde elegir al Senado. Ley recurrida por el PSOE. "Así que buscamos el acuerdo con casi todos, y dijimos que no habría vetos", que ningún partido tacharía las propuestas de los otros partidos. "A nosotros claro que no nos gusta Martínez Tristán, pero suponemos que al PP tampoco le gusta Álvaro Cuesta, que fue diputado nuestro, como también habríamos preferido que IU postulase a un fiscal y no a una secretaria judicial, pero esas eran las reglas", resaltaba esta fuente. 

La dirección federal no se esperaba el golpe en la mesa de Gómez. No se vio venir la jugada. El lunes, Rubalcaba recibió la carta que mandó el líder del PSM, en la que le acusaba de suscribir un pacto "intolerable" y en la que le advertía de que, si Martínez Tristán tenía que ser respaldado por el Senado, él dimitiría. El martes, sin embargo, el cisma parecía disolverse: Gómez se dio por enterado de que el juez iba a ser votado por el Congreso y parecía indicar que ahí se quedaba el conflicto. Ayer miércoles, la sorpresa, que Rubalcaba conoció no por Gómez, sino por Iglesias. "Él solo se metió en su laberinto. Lo que le pasó es que le pillaron con el carrito del helado. Recibió muchas críticas por el movimiento y vio que no tenía salida. Se pasó de frenada", criticaron desde el entorno más estrecho del secretario general, que no podía ocultar su indignación y cabreo. Se negaron, eso sí, a calificar la actitud de Gómez como "deslealtad", palabra que sin embargo sí salía de boca de otros parlamentarios.

"Lo que queremos es defender el buen nombre de diputados y senadores que defienden tanto como él la sanidad pública –remachó la dirección federal–. No aceptamos que se arrogue esa bandera, bajo ningún concepto. Y nos han pedido que salgamos a defenderles. No toleramos que quiera darnos lecciones de principios, que intente dejarnos en evidencia. ¿Es que Maru o Enrique son menos coherentes que él?". Tanto los portavoces de Congreso y Senado, Soraya Rodríguez y Marcelino Iglesias, como la secretaria federal de Política Social, Trinidad Jiménez, salieron en tromba para subrayar que en la lucha contra la privatización sanitaria están embarcados "todos" los socialistas pero que esta "nada tiene que ver" con la renovación del CGPJ. Es más, Ferraz cree que el hecho de que el PP haya promovido a Martínez Tristán "apuntala" la recusación del PSM contra él, porque se evidencia qué partido le respalda. 

El círculo de Rubalcaba maneja otra explicación al desafío del líder madrileño: "Él necesita confrontar con Ferraz, si no no sale en los titulares. Y ahora tenía que sacar la cabeza tras su ridículo en la Conferencia Política". El cuartel general del PSOE entiende que Gómez fracasó en el cónclave de principios de noviembre, cuando intentó promover, con otros barones críticos, un motín para que allí se alumbrase la fecha de las primarias. Rebelión desactivada decisivamente por Susana Díaz. En aquella cumbre también llegó hasta el final con su órdago: forzó una votación para que la designación del candidato presidencial se adelantase a febrero de 2014, y la perdió clamorosamente

Tras el órdago, difícil dar marcha atrás

"Esto en mis tiempos no se hacía. No había tanto yoísmoyoísmo", lamentaba un veterano alto cargo del partido enfrentado con Rubalcaba pero integrado en su dirección, visiblemente malhumorado por el nuevo incendio. En pasillos, abundaban las duras críticas a Gómez por eso, por su "egoísmo", por haberse dejado llevar por su estrategia "personal" y por explotar sus cuitas con Rubalcaba, sin pensar en el daño al partido. "Un error", repetían sin pestañear muchos dirigentes consultados. La reflexión compartida era que el pecado original se hallaba en la carta que remitió el lunes, porque una vez lanzado el órdago, "no hay forma de envainársela, ni de dar marcha atrás". Los menos elogiaban su "valentía", caso de la expresidenta del PSM Delia Blanco o el diputado por Gipuzkoa Odón Elorza.

Desde Andalucía, fuentes cercanas a la poderosísima presidenta de la Junta y secretaria general observaron con cierta preocupación lo sucedido, porque el afloramiento de las tensiones "no vienen bien" tras el buen cierre de la Conferencia y del congreso regional extraordinario. Mostraron su "respeto" a la decisión personal de Gómez, dijeron "entenderla" incluso, pero le reprocharon su pulso, su dimisión. "Está claro que Tomás es un tío muy firme en sus posiciones, pero a veces esa firmeza le juega malas pasadas. Debe mirar más al conjunto del partido y no tomar decisiones en caliente. Su respuesta tenía que haber sido más pausada, no así, con estridencias y alharacas. Hay decisiones colectivas de los órganos de dirección. Pensar en guerra total con Ferraz es un error. El partido no está para esto y la sociedad no está para aguantar peleítas internas". Los socialistas andaluces reivindicaron la apuesta de Díaz por la "unidad", porque la división "resta, también a Tomás". 

Si Gómez obró por "coherencia", ¿por qué no arrastró en su decisión a la diputada Delia Blanco, o a los senadores Maru Menéndez y Enrique Cascallana, que sí votaron a favor del pacto? ¿No habría sido más congruente? El propio barón madrileño explicó que su dimisión era "simbólica", como referente del partido. "Él es el secretario general. Ni Delia, ni Maru ni Enrique lo son. Ellos han acatado el pacto. Pura y dura disciplina de partido. En la actitud de Tomás estamos representados todos. Conque tome él la decisión es suficiente", justificaba un responsable de su ejecutiva. En el Senado, los ya excompañeros de grupo de Gómez arguyeron que si hubiera arrastrado a esos tres parlamentarios, la brecha con Ferraz sí habría sido mayor e ineludible. 

Empatía de García-Page

En un clima general de reproche al líder del PSM, descolló la postura más comprensiva de Emiliano García-Page, senador y secretario general de Castilla-La Mancha. Ambos presionaron en la Conferencia Política y ambos están abiertamente enfrentados a Ferraz. Ante los medios, García-Page dijo comprender que, con su dimisión, Gómez tenía "las manos libres" para seguir dando la batalla contra la privatización sanitaria. Fuentes de su entorno ampliaron esta posición: "No hay que verlo tanto en clave orgánica. Él no tenía otra salida porque es un tema clave para el PSM. Y probablemente Ferraz no podía hacer otra cosa que pactar el CGPJ. El conflicto no se podía gestionar de otra forma". 

La grieta de PSOE y PSM está indudablemente abierta. La división, por esta y otras refriegas aún dará más tumbos. Sobre todo, por la sucesión de Rubalcaba y por la batalla que ya se atisba: la confección de las candidaturas en la Comunidad y el Ayuntamiento, donde se da como más que probable que los críticos presenten aspirantes alternativos a Gómez y su señalado en el Ayuntamiento, Antonio Miguel Carmona. Ferraz dice que Gómez está cada vez más solo, pero la feligresía madrileña del barón rebelde lo niega. "No, no estamos solos. Todo lo contrario –manifestaba rotundo un dirigente–. Nosotros estamos tranquilos. Sólo defendemos a los ciudadanos". 

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