El futuro del PSOE

La hipótesis de la gran coalición provoca rechazo generalizado en el PSOE

Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba en una visita de este a La Moncloa en 2012.

Todo dirigente socialista con galones lo ha oído, con mayor o menor intensidad, en los últimos meses, en las últimas semanas. Más aún tras el debate del pasado martes en el Congreso, en el que el 86% de la Cámara pegó un portazo al plan soberanista de Artur Mas. Es "el runrún de la gran coalición PSOE-PP", observan. La sensación, muy extendida, de que se intenta empujar hacia una entente entre los dos grandes partidos del país si, como se espera, las siguientes elecciones generales arrojan un resultado muy igualado entre ambos y un Parlamento más fraccionado, con IU y UPyD muy al alza. El "deseo" de algunos sectores "muy minoritarios" del PSOE –en la cúspide de los cuales se sitúa al expresidente Felipe González y a la vieja guardia– y de los grandes empresarios –y aquí se señala a Juan Luis Cebrián, presidente del grupo Prisa– de que en la próxima legislatura cuaje un Gobierno de concentración.

Pero esa hipótesis genera una repulsa muy generalizada entre los jefes del PSOE. De las federaciones pero también de Ferraz, pese a que hay quien intuye que Alfredo Pérez Rubalcaba sería "el único" primer espada que se sentiría eventualmente cómodo en ese escenario. La dirección federal niega tajantemente que el secretario general avale una operación en ese sentido, consciente de que no cabe reproducir una alianza a la alemana. 

La imagen de la Große Koalition, la expresión importada desde Alemania, ha sido evocada recientemente con ocasión del fallecimiento de Adolfo SuárezGroße Koalition, , y el recuerdo del consenso, también por la debilidad de la economía y, sobre todo, por las tensiones territoriales con Cataluña. Y, en esta semana, incluso por el requiebro y peligro de ruptura del pacto de socialistas e Izquierda Unida en la Junta de Andalucía, finalmente superado. Sin embargo, son escasos los avalistas públicos de esta hipótesis dentro del PSOE. El expresidente González se declaraba el pasado 2 de abril "disponible para echar una mano" a Mariano Rajoy, y defendió que había que trascender las "arrogancias, se tengan o no mayorías" e intentar dialogar "y pactar y pactar". El ex secretario general añadió que no ve viable un Gobierno PSOE-IU, salvo que la federación cambie su discurso y "algunas de las utopías regresivas". Reconoció, no obstante, que esas "utopías", en el caso de Andalucía, "se han abandonado bastante". Otros dos feroces críticos de IU son los expresidentes José Bono y Juan Carlos Rodríguez Ibarra. El expresidente del Congreso ha sido, tal vez, el más claro: cree que el PSOE puede ser "más moderado" y que "en momentos de dificultad" es preferible que se entienda con el PP, "y no con el señor Cayo Lara". Momentos de dificultad que algunos invocan sobre todo después del debate de rsta semana en el Congreso sobre la consulta catalana, tras el cual Rubalcaba fue elogiado por la derecha mediática y desde las filas del PP.

Precisamente Lara alertó hace 15 días de supuestos movimientos a favor de una gran coalición, y señalaba a José Luis Rodríguez Zapatero como uno de sus promotores, un extremo que el expresidente negó "categóricamente" al cabo de muy pocas horas. El coordinador de IU, como el resto de sus compañeros, hace pivotar su discurso en torno a la denuncia del bipartidismo, y en los últimos días sus dirigentes dejaban caer que tras la crisis en Andalucía se hallaba esa maquinaria en favor de la gran coalición. Desde luego, el PP no perdió la ocasión para ofrecer sus diputados a Susana Díaz

La figura de Rubalcaba

En el PSOE, esa supuesta operación también se oye. Como señala un importante cargo de la ejecutiva federal, existe una "presión" por parte "del establishment", de los grandes empresariosestablishment, que intentarían "regalar los oídos" a Rubalcaba para convencerle de que sólo él en el partido encarna esa personalidad de "hombre de Estado", más pactista. Este cargo, como tantos otros, señala con el dedo a Cebrián, al grupo Prisa y El País, a quienes ven escorados a la derecha y temerosos de un escenario volátil que pueda acentuar su "asfixia económica".

"Ya verás cómo vienen con la cantinela de que claro, por el bien de España, que conviene... Claro, lo que quieren en el fondo es que gobierne el PP y nosotros, de palanganeros", confía un líder territorial. "Lo que se comenta en algunos círculos es que Cataluña, que hace falta mucha fortaleza... Y por eso el sector histórico, y la vieja guardia, están a favor de esa gran coalición, igual que algunos empresarios. Y creen que el único que sería capaz de articularlo sería Alfredo. Pero esa reflexión no es masiva", analiza una veterana con muchos trienios en las alturas del PSOE. 

Las fuentes consultadas por infoLibre –barones territoriales, cargos intermedios– coinciden en apuntar que, "en teoría, le pega más a Rubalcaba" una gran alianza con el PP, por su talante, pero justo a continuación añaden que no creen que el secretario general pueda estar diseñando una maniobra como esa, porque es consciente de cómo es su casa. "No sería tan irresponsable. Eso no lo tolerarían los jefes, y mucho menos las bases", más escoradas a la izquierda, arguye una dirigente territorial de peso. "¡Montaríamos en armas, y yo el primero! Habría una feroz oposición", exclama un barón. Porque este es otro dato clave: quienes propalan la idea de la gran alianza son sectores "minoritarios", con ADN "anticomunista", pero no los jefes, y mucho menos las bases. 

"A los empresarios, al Ibex 35, les preocupa mucho que podamos llegar a gobernar con IU. Pero entre nuestra gente, ese pacto se asume con mucha más naturalidad", expresa un conocido barón, en términos casi calcados a los que emplean otros responsables del partido. Está interiorizada la sensación de que a los capitanes de las compañías más importantes del país "no les gusta nada" un Ejecutivo socialista que se apoyase en IU. "Están aterrorizados", ilustra un cargo regional. "Lo que no quieren es que peligren sus chiringuitos", señala otro. "A los que estén nerviosos, que tomen tila", recomienda con sorna un secretario general. 

Elogios al bipartito andaluz

En Ferraz no niegan que los empresarios "pueden tener ese deseo y comentarlo en sus círculos", pero ninguno, según fuentes oficiales, se lo ha trasladado ni directa ni indirectamente a Rubalcaba. "No hay nada de eso. Ni la dirección se plantea en ningún caso una gran coalición. Las diferencias con el PP son abismales. Para empezar, habría que derogar todo lo que ha hecho Rajoy en este tiempo, que ha gobernado contra todos, y eso no lo va a hacer. Estamos en otra cosa, en ganar las europeas, luego las municipales y autonómicas y luego las generales, y poder dirigir un Gobierno alternativo al del PP. Los ciudadanos decidirán con su voto, y a partir de ahí se verá. Pero en ningún caso se pactará con el PP, y menos en el momento actual", recalca un portavoz.

Elena Valenciano, la vicesecretaria general, ya calificó esa hipótesis de acuerdo con los conservadores de "invención". "Yo no sé en qué están los demás, pero sí sé en qué está el PSOE, que es en combatir a la derecha en el Parlamento, en el Tribunal Constitucional y en presentar iniciativas todos los días para parar los pies a la derecha", apuntaló en aquella misma rueda de prensa el número tres, Óscar López, saliendo al paso de las especulaciones a las que había dado pábulo Lara. En la cúpula federal, añaden fuentes oficiales, se ve con buenos ojos y como un ejemplo el bipartito andaluz, porque está "funcionando muy bien" y demostrando que cabe hacer otra política. 

En Andalucía, pese a las turbulencias de los últimos días, tampoco cabe la hipótesis de una entente con el PP. "Es imposible. Imposible –proclama un miembro socialista del Gobierno de Díaz–. Somos agua y aceite estamos en las antípodas. No hay una política en la que estemos de acuerdo. Desde luego, a quí lo tenemos claro: nuestra posición no pasa en ningún caso por la gran coalición". La propia presidenta ya apostó públicamente por exportar su experiencia con la federación de Lara para el Gobierno central. El puñetazo encima de la mesa dado por la presidenta, publicando en el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía un decreto despojando de parte de sus competencias a la consejera de Fomento, de IU, es interpretado, no obstante, bajo otro prisma: un gesto de autoridad, primero, y también como un intento de "atraerse al espectro de centro, el que le faltaba por pulsar". 

Sospechas de "trampas" con las primarias

En Ferraz y, si cabe con más fuerza, fuera de Ferraz, la paleta de argumentos es semejante. Que no cabe un acercamiento con una derecha que está "desmantelando el Estado del bienestar" y recortando los derechos sociales y civiles; que España no es como Alemania, donde hay una gran tradición de Ejecutivos de socialdemócratas y democristianos; que las bases no lo soportarían. Que sería el fin del PSOE. No es una hipérbole. "Tendríamos que cerrar la mitad de las sedes e irnos", "el partido se rompería en dos", "sería la muerte", "el suicidio colectivo", "desapareceríamos", "sería disolver el PSOE", "los nuestros nos matarían, y con razón", "un auténtico disparate", "es una idea precipitada, inoportuna, enloquecida", "no es posible". Entrecomillados de diversos dirigentes, de primer nivel, pero que no hacen más que expresar ese rechazo generalizado a un Ejecutivo compartido con el PP. Incluso lo descartan en el PSE, cuyo líder, Patxi López, se hizo con la Lehendakaritza con el apoyo de los conservadores. "O sea, nos están diciendo que PP y PSOE en las calles, que hay un hartazgo del bipartidismo... ¿Y ofrecemos un bipartidismo al cuadrado? No, no puede ser. Gobernar con IU puede tener complicaciones, pero hay que escuchar lo que dice la gente. La gente no nos cree porque piensa que gobernamos igual que la derecha", razona un cargo de una importante federación. 

La respuesta a quienes aspiran a un gran alianza es que para cuestiones vitales no hacen falta ese tipo de cogobiernos, sino acuerdos aislados en temas como el no al referéndum de Cataluñano , la defensa de España en Europa, la política migratoria o el sostenimiento de la monarquía. Apoyo, por cierto, que se reprodujo hace pocos días –y, aquí sí, con la coincidencia de Cebrián, expresada en una larga tribuna en El País– en la furibunda crítica al libro de Pilar Urbano La gran desmemoria, que sitúa al rey detrás de la operación Armada, maniobra desmentida por la Zarzuela. Pero incluso ese tipo de acercamientos con el PP liderados por Rubalcaba en temas medulares ha levantado no pocas suspicacias internas

Algunos dirigentes, no obstante, se temen que la puesta en circulación "de este runrún" obedece a otro propósito: poner excusas para que no haya primarias. La renovación del liderazgo del PSOE está programada para finales de noviembre, y hay quien se ve venir que la dirección federal quiera aplazarla por la previsible escalada de tensión con Cataluña y la posibilidad de que la consulta, anulada por el Tribunal Constitucional, acabe derivando en unas elecciones plebiscitarias. Algo que siempre ha negado Ferraz con vehemencia, aferrándose a que hasta ahora se ha cumplido su hoja de ruta y así seguirá. "Hay cuestiones que no admiten retorno. El partido está ya preparado para las primarias y no se pueden eludir con ningún tipo de contingencia. Si hay que hacerlas más deprisa, se hacen", advierte una dirigente. Y, en la misma línea, opina otro secretario general: "Tiene que haber primarias, no trampitas". 

No hay duda en el PSOE. No cabe la gran coalición. Ni ahora, ni dentro de un año. No es concebible. Otra cosa son los acuerdos puntuales o la coincidencia en el no a la consulta. Pero cogobierno, no. 

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