El primer Ejecutivo de coalición en España

Liderazgos claros y mensajes para mayorías: las vías de salida que enseñan al Gobierno las crisis de otras coaliciones

Pedro Sánchez, Nadia Calviño y Yolanda Díaz, la bancada del Gobierno del Congreso de los Diputados.
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Un gobierno de España de coalición ya es en sí mismo una novedad. Si ese gobierno, experiencia inédita por sí sólo, se ve obligado a lidiar con una crisis en la que llegan incluso a chocar el presidente del Gobierno y la principal referente del socio minoritario, tensión vinculada a un tema de capital importancia –la reforma laboral–, estamos ante una situación para la que no hay manual de instrucciones. ¿Está comprometida la viabilidad del Gobierno? 

infoLibre busca respuestas de observadores que fundan su criterio en la negociación política y sindical, en diversas situaciones de crisis y en gobiernos de coalición del PSOE y partidos a su izquierda en Cataluña, la Comunidad Valenciana, Galicia, Baleares, Canarias... La síntesis de las respuestas es que las dos fuerzas tienen tantos incentivos para seguir juntas, y un adversario común tan claro, que resulta inverosímil una ruptura, a no ser que los sindicatos no acepten el acuerdo sobre la reforma laboral.

Ahora bien, hay un riesgo de que la dinámica electoral devore al Ejecutivo y entre en una espiral que lo debilite. El foco principal de inestabilidad, según los consultados, estriba en el hecho de que un socio, Unidas Podemos, aún debe aclarar su liderazgo y sus alianzas, una situación que se ha probado letal en experiencias de coalición en Cataluña y cierne sombras sobre el actual Ejecutivo balear. Desde la Comunidad Valenciana, el periodista Ximo Aguar señala que la situación de Díaz, con más tirón electoral que poder orgánico, recuerda a la de Mónica Oltra, y subraya que el pragmatismo de Compromís al dejar un cierto margen de maniobra a su lideresa ha sido clave para el curso del Govern.

Manuel Martínez Barreiro, que vio desde dentro cómo se fraguó la pérdida del poder del bipartito PSdG-BNG en Galicia, experimenta un déjá vu al ver cómo los socios de Gobierno le hablan más "a la parroquia" que a su base social en sentido amplio. No hay riesgo de ruptura, dice, pero sí de "debilitamiento irreversible" ante una ofensiva de PP-Vox que –en eso sí coinciden todos– es uno de los pegamentos del Gobierno. ¿Otros pegamentos? No hay, como ocurrió en 2015 en Andalucía cuando Susana Díaz rompió con IU y convocó elecciones, un presidente convencido por las encuestas de que le conviene adelantar comicios. Y sí hay cerca, en Portugal, un aviso serio de lo que supone llevar las discrepancias hasta sus últimas consecuencias. Por último, una paradoja, detectada en Canarias: la tragedia une políticamente. Pasada la fase más aguda de la pandemia, desaparece una adversidad que contribuía a mantener prietas las filas. 

Una lección sindical: el riesgo está fuera del Gobierno

Bregado en un sinfín de negociaciones políticas y sindicales, el ex secretario general de CCOO en Cataluña y exdiputado en el Congreso y en el Parlament Joan Coscubiela lanza sobre las dificultades en el Gobierno una mirada "con visión histórica". "No hay que abrumarse. No ha habido nunca, ni en gobiernos monocolor, una negociación laboral en la que no salten chispas entre Economía y Trabajo", recuerda el autor de La pandemia del capitalismo. A su juicio, hay que desdramatizar el conflicto político. "El quid de la cuestión no está realmente en el Gobierno. Aunque haya tensiones no sólo entre PSOE y Unidas Podemos sino también en el seno del PSOE, donde no todos comparten la ortodoxia de Nadia Calviño, hay demasiados incentivos para continuar adelante. Tanto PSOE como Unidas Podemos comparten un interés por prolongar la legislatura. Los dos necesitan tiempo", señala. Y añade: "La clave está en otro lugar, en los sindicatos".

Ahí, en el frente sindical, si el Gobierno no se maneja bien pueden surgir reacciones que comprometan toda la legislatura, a juicio de Coscubiela. Así lo explica: "Si el Gobierno es capaz de alcanzar un acuerdo con los sindicatos, problema resuelto. Si no, la bronca se trasladará al seno del Gobierno y habrá movilizaciones sindicales". Eso podría marcar un antes y un después, agrega. No obstante, Coscubiela ve improbable la llegada a ese escenario porque sería interpretado como que se han impuesto las tesis de Calviño, regalando a Unidas Podemos "la bandera de la reforma laboral". "El PSOE no va a permitir eso, no puede permitirlo", afirma.

A estas alturas, señala Coscubiela, el principal problema que tiene el Gobierno es que no pocos de sus miembros, empezando por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, han generado una "expectativa exagerada" de "derogación" que ahora habrá que modular, lo que puede hacer emerger conflictos imprevisibles. El desafío de PSOE y UP, así como el futuro de su relación, reside en su capacidad de encontrar la fórmula para bajar de la retórica a los contenidos sin romper la cuerda y –fundamental– convenciendo a los sindicatos, explica.

¿Sólo a los sindicatos? Sí. Coscubiela ve imprescindible asumir que "el acuerdo tripartito [Gobierno-sindicatos-patronal] es imposible o casi imposible". "A diferencia del salario mínimo, que era un asunto comparativamente menor, o de los ERTE, ahora la patronal no tiene incentivos para el acuerdo, porque la legislación del PP, que era el programa de máximos de la CEOE, la deja una posición muy ventajosa". ¿Qué tiene que hacer el Gobierno ante eso? "Encontrar una posición común, obligado como está a hacerlo, y pactar con los sindicatos un acuerdo y con la CEOE un desacuerdo que acabe resultando aceptable. Pactar un desacuerdo es frecuentísimo en las relaciones laborales, y ahora el Gobierno tiene para hacerlo la herramienta de los fondos europeos, de gran interés para la patronal", explica Coscubiela, para quien el Gobierno "no puede permitirse" una destrucción de la colaboración porque tiene por delante negociaciones "de enorme importancia y complejidad" como la que afecta a la reforma de las pensiones. "Además", concluye en clave más política, "en última instancia al PSOE le interesa que a Yolanda Díaz le vaya bien para que Pedro Sánchez pueda seguir siendo presidente, no olvidemos eso".

Una lección valenciana: Oltra y el "mestizaje"

Yolanda Díaz –coinciden todos los consultados– es una figura clave para lo que resta de legislatura. Un factor añade incertidumbre sobre ella: pretende erigir una plataforma electoral en torno a su figura, lo que pone en alerta tanto al PSOE como a los partidos que sostienen a UP (Podemos e IU). Desde la Comunidad Valenciana, el periodista de Valencia Plaza Ximo Aguar ve un paralelismo entre Díaz y la vicepresidenta de la Generalitat, Mónica Oltra. "Las dos tienen, al menos formalmente, menos poder orgánico que otros dentro de sus espacios. Oltra, de hecho, es de Iniciativa del Poble Valencià, cuando es el Bloc, que ahora ha pasado a llamarse Més-Compromís, el que tiene la musculatura. Pero al final, por muchos recelos que pueda generar, en Compromís han asumido que hay que protegerla, porque da votos y todos ganan. Y ella misma, cuando lo ha considerado, ha usado su posición para intervenir en cuestiones orgánicas. Hay que pensar también que Compromís está en unas posiciones de poder institucional y, por qué no decirlo, tiene una cantidad de gente colocada en las consellerías que serían impensables sin los resultados que ha encabezado Oltra", expone el periodista, que cree que, si se fijan en el caso valenciano, lo lógico es que en Unidas Podemos se respalde a Yolanda Díaz incluso aunque su proyecto no cuadre del todo con las estructuras de los partidos. "Y el respaldo de los partidos a los líderes dentro de cada parte del gobierno es fundamental para que tenga estabilidad", añade Aguar.

La Comunidad Valenciana ha sido frecuentemente citada como un ejemplo de cooperación engrasada –aunque no exenta de tensiones– entre socialistas y formaciones a su izquierda, y particularmente entre Ximo Puig (PSPV) y Oltra. El periodista desmitifica la relación: sigue en pie, sí, pero el conflicto forma parte del día a día. Eso sí, añade, el modelo de "mestizaje" en las consellerías –con elementos de ambos partidos en cada uno de los departamentos– ha demostrado capacidad de contribuir a la continuidad del Govern, incluso a pesar de sus "múltiples tensiones y enfrentamientos". Esa tensión permanente con el PSPV, aun sin ruptura, contribuye también a fortalecer a Oltra a nivel interno, añade Aguar. Otro mensaje válido para Yolanda Díaz.

Una lección catalana: la contagiosa inestabilidad

Jordi Pacheco, decano del Colegio de Politólogos y Sociólogos de Cataluña, pasa la situación actual a nivel estatal por el filtro de las experiencias de gobierno de coalición en su comunidad: Pacto del Tinell (2003-2006) y Govern de Entesa (2006-2010). A su juicio, tras capear infinidad de problemas de todo tipo, la colaboración de las izquierdas catalanas resultó herida de muerte de dos balazos: 1) Una erosión de la autoridad de Pasqual Maragall, en la primera experiencia; y 2) Problemas internos en los partidos, trasladados al Gobierno, en la segunda. He ahí dos toques de atención para el Gobierno de PSOE y Unidas Podemos, según Pacheco.

En el caso español actual, Pedro Sánchez mantiene su autoridad, reconocida por UP y por Yolanda Díaz, pero Pacheco cree que los problemas internos en los partidos –en el PSOE, por sus discrepancias internas sobre la reforma; y en UP, por la indefinición de aspectos clave de su futuro– son piedras en el camino para garantizar la estabilidad. En el otro lado de la balanza, los ve "unidos" contra "la alternativa", que es PP y Vox. "Eso une mucho", dice. Afirma que eso descarta, incluso si esta u otras crisis se recrudecieran, un adelanto electoral, pero no una salida de UP del Gobierno, que le permitiera adoptar sus decisiones organizativas con menos ataduras.

Pacheco ve asegurada una mayor "inestabilidad" que hasta la fecha, porque las elecciones se acercan, la coalición gobernante "no tiene reglas suficientemente claras de funcionamiento" –otra lección, dice, no aprendida del caso catalán– y UP aún debe decidir qué forma adopta ante la próxima cita con las urnas. "Siempre estos procesos se reflejan en las coaliciones", afirma. La lógica competitiva va a comer terreno a la colaborativa, advierte. No obstante, aunque los planes de Yolanda Díaz puedan generar suspicacias, opina que finalmente su proyecto se abrirá camino, porque "tiene buenas perspectivas electorales y nadie quiere matar a la gallina de los huevos de oro".

En cuanto al conflicto por la reforma laboral, cree que se encauzará por conveniencia de los miembros del Gobierno. Ahora bien, deben contar con un tercera actor decisivo: "Si los sindicatos no ven adecuada la reforma y se movilizan, es el fin de la coalición".

Una lección balear: palabras tabú

"Los dos partidos no pueden permitirse una ruptura, por lo que tendrán que reconducir. Ahora bien, creo que estamos instalados, y puede ir a más, en una dinámica compulsiva", señala el fundador de Actúa Gaspar Llamazares, que pronostica un largo tramo final de legislatura convulso para el Gobierno de coalición por la "erosión de la base de confianza" que ha supuesto la crisis. El problema, a su juicio, es de diseño. A diferencia de un "Gobierno de coalición", como en la Comunidad Valenciana, donde distintos partidos se entremezclan en las mismas consejerías, el español es un "Gobierno compartido". "Se optó por adosados, no por pisos compartidos, y el resultado son ministerios estancos. Sea por presión europea o por dinámicas políticas de los partidos, Calviño crea un conflicto con un movimiento que toca una competencia que es de Yolanda Díaz", señala Llamazares, a cuyo juicio una maniobra así es contraria al modelo de funcionamiento que viene desplegando el Gobierno. ¿La solución? El ex coordinador general de IU, con una larga trayectoria de negociaciones políticas, defiende un funcionamiento más ágil de los instrumentos de deliberación, pero lo ve difícil, dadas las inercias ya instaladas y la desconfianza generada. No cree que el Gobierno se rompa, porque los une el enemigo común de PP y Vox, pero sí que es probable que se debilite al ver mermada irremediablemente la relación de confianza.

La palabra "electoral" actúa como un activador de desencuentros en las coaliciones. Lo tiene comprobado el politólogo balear Eli Gallardo, que cree que la clave del funcionamiento de las coaliciones de izquierdas en las islas desde 2015 ha sido mantener a los gobiernos a salvo del síndrome electoral, para lo cual ha sido clave el desempeño de la presidenta, Francina Armengol, como figura "moderada y con buen talante, de autoridad reconocida por todos". Al menos, hasta ahora, cuando Gallardo observa al Gobierno de PSOE, Podemos y Més cargado con mucha mayor tensión. ¿El principal motivo? "Més está viviendo cambios internos de calado, que extiende a su papel en el seno del Govern, del que se ha planteado incluso salir", señala. "Además, se ha instalado el rumor de adelanto electoral", señala Gallardo. A su juicio, la experiencia balear indica que los problemas internos de las formaciones tienen una poderosa capacidad de desestabilización de gobiernos, sobre todo cuando –como ahora– se pone sobre la mesa la palabra "electoral". En un contexto de avance del PP en las encuestas, se ha instalado un "rumor de adelanto" o de "ruptura" que "genera un clima de precampaña", señala Gallardo. La lección balear para el Gobierno de PSOE y UP sería esa: mantener bien guardadas en el cajón esas dos palabras: "elecciones" y "ruptura". Salen en un calentón y luego son difíciles de guardar.

Una lección gallega: la parroquia no basta

El PSdeG de Emilio Pérez Touriño y el BNG de Anxo Quintana, con 25 y 13 escaños, conquistaron la mayoría absoluta frente al PP (37) en 2005. Con Touriño como presidente, el BNG se quedó con una vicepresidencia social y 4 consejerías. Cuatro años después, el PP de Núñez Feijóo conquistaba la mayoría absoluta, también por un escaño, y ya no la ha soltado. El analista Manuel Martínez Barreiro, que fue jefe de gabinete de Quintana y es un atento observador de la política gallega y española, cree que hay lecciones de aquel bipartito de sencilla aplicación al Gobierno de coalición PSOE-UP. "Es fundamental ir más allá de la búsqueda de la adhesión partidaria y no dirigirse sólo a la parroquia, a los tuyos, ni a la galería mediática. El diálogo fundamental debe ser con la ciudadanía que está ilusionada con la posibilidad de que el cambio político dé resultados. Eso no se puede perder de vista", explica. Los conflictos por el protagonismo y los choques permanentes, dice, "alejan a los miembros de la coalición de gobierno de su base de interpelación electoral, que es común". "Ni PSOE ni Unidas Podemos deben olvidar que, como ocurrió en Galicia, a las elecciones no se presentarán en separación de bienes, sino en régimen de gananciales. Luego el electorado decidirá en qué proporción apoya a cada cual, pero es clave que se perciba que existe no sólo un proyecto común, sino una perspectiva de continuidad de la colaboración", explica. No cuidar este enfoque, señala el también escritor, sólo tiene como beneficiaria a la oposición de derechas.

Martínez Barreiro no ve "riesgo de ruptura". "Es una cuestión de supervivencia política. Hay indicios claros de una glaciación del ambiente de cambio político y de emergencia electoral de la derecha, en tensión contra el Gobierno. No les queda [a PSOE y UP] más remedio que reconducir sus relaciones, porque falta media legislatura, justo de salida de la pandemia, y tienen que aprovecharla", señala. El riesgo, a su juicio, es que una legislatura metida en una lógica competitiva provoque un "debilitamiento irreversible". "En Galicia la situación era diferente porque el equilibrio de fuerzas era mayor. El PP siempre decía que era un coche con cuatro manos en el volante. Aquí hay mayor diferencia de poder, pero se da también esa sensación de que todos los desencuentros son graves, que todos tienen el mismo rango. Eso diluye la sensación de cambio y aleja a los partidos de sus bases electorales en sentido amplio", explica. 

Una lección canaria: la tragedia une

El consultor político y director de MMI Analytics Enrique Fárez recuerda que, en Canarias, el Gobierno PSOE-Nueva Canarias-Unidas Podemos-Agrupación Socialista Gomera nació con el marchamo de coalición imposible, y sin embargo viene funcionando sin sobresaltos llamativos desde 2019. ¿Por qué? En las respuestas de Fárez sobresalen tres elementos: uno, la cohesión frente a los adversarios compartidos, PP, Vox y Coalición Canaria; dos, el papel armonizador –a juicio de Fárez–del presidente, Ángel Víctor Torres; y tres, el hecho de que desde el arranque de la legislatura se han sucedido circunstancias adversas como el incendio en Gran Canaria, la quiebra de Thomas Cook –de fuerte impacto en el turismo–, la pandemia y la erupción del volcán. Todo ello provoca que, a diferencia de lo ocurrido en España, donde se abren paso otros temas conforme la pandemia retrocede, en Canarias toda la dinámica política siga atrapada por fenómenos de extrema gravedad. "En situaciones así, todos los partidos entienden que no hay margen para piruetas políticas", analiza Fárez, cuyo razonamiento invita a pensar en una paradoja: la gravedad de las tensiones en el Gobierno español se explica en parte por la mejora objetiva de la situación sanitaria y económica.

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