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Crisis social en el Campo de Gibraltar

La Línea, vecina de Gibraltar, planea una consulta popular para salir de Andalucía

Juan Franco, alcalde de La Línea de la Concepción (La Línea 100x100), que logró la 21 de 25 concejales con su propuesta de ciudad autónoma como Ceuta y Melilla.

El Estado presenta una muesca en su armazón. Hay riesgo de rotura. Es en la parte sur, muy al sur. Las cosas no van bien en La Línea de la Concepción (Cádiz, 63.145 habitantes). El paro ronda el 30% y no hay quien lo baje de ahí, constatan los datos del INE. Más del 90% de los parados no tiene estudios superiores, según el ayuntamiento. La renta per cápita está en 7.716 euros, casi cuatro veces menos que la más rica, Pozuelo de Alarcón (Madrid), con 25.957. Está por debajo de la media en casi todo. Salvo en problemas enquistados. Ahí despunta. El narcotráfico carcome el tejido social con una treintena de bandas nutridas de una juventud castigada por la falta de expectativas. En barrios desestructurados con paro por encima del 50% como La Atunara es moneda corriente el comentario "de algo hay que vivir". No es fácil decir que no a 600 euros por una jornada de vigilancia en moto para dar el queo si aparece la Guardia Civil. Por momentos el narco logra plantarle cara al Estado. En medio de este panorama, y con el Brexit amenazando con agravar todos los problemas al dificultar la relación con el motor económico de la ciudad, Gibraltar, La Línea de la Concepción ha dicho basta.

El Gobierno local, dominado abrumadoramente por un partido independiente, La Línea 100x100, quiere su particular independencia y convertirse en ciudad autónoma, como Ceuta y Melilla, lo que supondría su salida de Andalucía. La iniciativa, un efecto dominó del Brexit con complicada viabilidad, pone el foco una de las áreas más olvidadas por el Estado en España y al mismo tiempo brinda aportaciones interesantes para la reflexión sobre temas tan candentes como los límites de la voluntad popular y el derecho de una comunidad civil, en este caso un municipio, a decidir su naturaleza jurídico-política. Porque en La Línea, desde luego, la gente votó salirse. Y sabía lo que votaba, o había tenido la oportunidad de enterarse, porque estaba en el programa electoral del partido ganador como propuesta estelar. La idea es de muy difícil plasmación jurídica y política, pero con toda seguridad le vale al Gobierno local para ejercer presión y llamar la atención sobre el abandono de La Línea. 

Una idea de éxito electoral

El alcalde, Juan Franco, linense de 44 años, funcionario municipal, directivo del club de fútbol local, la Balompédica Linense –conocido en el mundo futbolero como La Balona–, llegó al poder en 2015 al mando de un partido transversal que recogía el voto descontento con el viejo bipartidismo, incapaz durante lustros de sacar a La Línea de la postración, a pesar de gobernar en Andalucía y Madrid. En 2019, ya con el Brexit a las puertas, Franco revalidó el gobierno. Pero no sólo eso. Pasó de 9 a 21 concejales, de un total de 25 asientos. La propuesta más llamativa de su programa, la que centró el debate durante la campaña, era la conversión de La Línea en una ciudad autónoma. Franco, que aportaba la legitimidad de haber hecho una propuesta anterior –una "carta económica especial"– que el Gobierno rechazó, partía de una obviedad: La Línea es una ciudad única en Europa por ser el último municipio europeo que linda con un "territorio pendiente de descolonización", según la Organización de las Naciones Unidas. Además, es el único municipio lindante con el territorio sobre el cual existe una reclamación territorial activa por parte de España. Es el único lugar de la Europa continental que desde el primer día sufre las consecuencias del Brexit, ya que la devaluación de la libra con respecto al euro provocó tras el referéndum británico en 2016 una depreciación de entre un 8% y un 10% de los salarios, lo que afectó a los alrededor de 10.000 trabajadores españoles que cada día cruzan la verja, la inmensa mayoría linenses. Así que –razonaba Franco– si La Línea era especial, necesitaba algo especial. Y esa promesa era la autonomía.

El compromiso figuraba, aunque sin detalle, exahustivo en el programa. "Conseguir el estatus de ciudad autónoma", decía. Y añadía: "Constituirnos como tal nos permitiría, como sucede en el caso de Ceuta o Melilla, acceder a importantes inversiones de las que ahora no disfrutamos. Y es que tendríamos hilo directo con el Estado sin necesidad de depender de Cádiz o Sevilla. Esto no significa que en La Línea 100x100 no nos sintamos orgullosos de pertenecer a la provincia gaditana o a la comunidad autónoma de Andalucía, pero entendemos que ésta sería la única vía legal con cabida jurídica en la Constitución que nos permitiría lograr la tan ansiada singularidad". Con esta promesa por bandera, La Línea 100x100 arrasó. Franco pasó de 6.850 a 15.640 votos, del 30,96% al 67,51%. El alcalde no sólo logró dejar al PSOE y al PP, históricos dominadores de la política local, en 3 y 1 concejales, respectivamente, sino que consiguió frenar a Vox, que había sido tercera fuerza política en las generales de abril de 2019 con su discurso pro-cierre de la verja, lo cual da idea del hartazgo de la población, ya que esta medida sería tanto como dificultar el tránsito a la que es, de facto, la principal empresa empleadora de La Línea: Gibraltar.

Del dicho al hecho

Una vez logrado el triunfo, ahora toca ponerlo en marcha. Cosa difícil, como suele ocurrir con las promesas de éxito cuyo cumplimiento no depende de uno mismo. La Línea no escapa a un gran fenómeno global: los electorados son permeables a las promesas de soluciones sencillas a problemas multifactoriales. Desde la formación del nuevo Gobierno local, no se ha dado ningún paso relevante. Las mieles que se prometían con la autonomía –interlocución privilegiada con todos los agentes políticos, competencias fiscales y sobre pensiones, un tema que preocupa mucho a los trabajadores transfronterizos– contrastan con la aridez del camino por delante. La menguada oposición, que siempre ha criticado por falaz el proyecto de Franco, ahora pasa factura. No obstante, el Ayuntamiento asegura a infoLibre que el proyecto no se ha abandonado, aunque –a través de un portavoz– se muestra consciente de la dificultad de su materialización.

El partido La Línea100x100 prevé celebrar el próximo lunes una asamblea en la que organizar el calendario, que incluirá la solicitud al Gobierno de la celebración de una consulta popular. El alcalde, que ha situado públicamente el Linexit como una prioridad para 2020, tiene ya en sus manos un dictamen legal firmado por dos constitucionalistas que avalan la viabilidad jurídica de su pretensión, incluso sin modificar la Constitución. "No existe impedimento o prohibición constitucional, estatutaria, legal o de derecho europeo para la conversión del municipio de la Línea de la Concepción en autonomía, bajo la fórmula de ciudad autónoma, con independencia de que tal proceso sea más o menos complejo, costoso, conveniente u oportuno", señala el dictamen de Antonio Cabo de la Vega, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Complutense, ayudado por el investigador Gabriel Moreno, de la Universidad de Extremadura. La vía óptima, según el dictamen, sería el artículo 144 de la Constitución, que prevé que las Cortes Generales pueden autorizar "una comunidad autónoma" si concurren "motivos de interés general". En "comunidad autónoma" entraría la "ciudad autónoma". El dictamen incluso recoge una posible pregunta en la consulta que debería autorizar el Gobierno: "¿Cree usted conveniente que el Ayuntamiento de La Línea de la Concepción eleve al Gobierno de la Nación y a las Cortes Generales una petición para instar la conversión del municipio en comunidad autónoma de acuerdo con el artículo 144 a) de la Constitución española?".

Frustración y hartazgo

"Nunca hemos respaldado esa medida. Somos conscientes de la frustración que hay, porque ha habido una retirada del Estado de Gibraltar a todos los niveles. Pero esto sólo traerá más frustración. No hay soluciones mágicas. Pero se le dice a la gente que pulse un botón, una tecla, y todo se arreglará, aunque luego no sea tan fácil, lógicamente. El problema es que la gente está preocupada por el Brexit, que puede tener consecuencias muy importantes", explica Manuel Triano, secretario de CCOO en el Campo de Gibraltar, un área de 250.000 habitantes cuyo PIB depende en un 25% de la irradiación económica del Peñón.

En efecto, el Brexit se percibe como un negro nubarrón. Sobre todo en La Línea, donde pesa como una losa el recuerdo del cierre de la verja entre 1969 y 1982, de desastrosas consecuencias, que ha dejado un profundo trauma en la zona. Su impacto en la economía andaluza podría suponer entre 500 y 1.200 millones, en función de un Brexit blando o duro, según el plan de contingencia de la Junta de Andalucía. El golpe será especialmente fuerte en La Línea. Las medidas previstas por el Gobierno andaluz, hasta 112, así lo indican. Pero el recetario para remediarlo habla por sí mismo: "Potenciación de la Formación Profesional para el Empleo en materia de hostelería en La Línea de la Concepción", dice una de la previsiones. Suena mucho mejor montárselo por su cuenta, empezar de cero, sin depender de nadie... Esa fue la baza de Franco. Eso y que la gente está harta de planes. Algo que el GIL ya aprovechó en los 90, cuando el partido del presidente del Atlético de Madrid llegó a hacerse con el poder.

Hay algo de lo que La Línea, y en general el Campo de Gibraltar, anda sobrada: previsiones, planes, anuncios, compromisos, programas... Tochos enteros con membrete oficial explicando cómo la comarca va a salir adelante. Pero no ocurre. No se cumple. La historia viene de atrás. El franquismo barajó en los 60 convertir al Campo de Gibraltar en la novena provincia andaluza para darle impulso, pero no llegó a materializarse. El Campo de Gibraltar nunca ha sido un elemento homogéneo dentro de la provincia de Cádiz. Con personalidad y problemas propios, ha sufrido la falta de capitalidad a la hora de atraer inversiones y obtener capacidad de presión política. Ya en 1965 se aprobó el "Plan Especial del Campo de Gibraltar", el primero de muchos. Más de 50 años después, aún se siguen aprobando planes con el mismo nombre. Sin embargo, el atraso continúa. Escuece especialmente en toda la comarca el subdesarrollo ferroviario, que lastra las potencialidades del potente puerto de Algeciras, puerta del sur de Europa donde suelen elevarse las voces que denuncian agravios con respecto al Levante español.

El 'Brexit' y el narco

Pero no es sólo que las condiciones objetivas de la Comarca de Gibraltar, y especialmente de La Línea, sean precarias. Hay algo más. Claves históricas, culturales, hasta psicológicas: una ciudad harta de aparecer estigmatizada en los telediarios, siempre en noticias sobre el narcotráfico; la humillación de vivir del vecino pudiente, con uno de los PIB per cápita más altos del mundo. El que fuera ministro de Exteriores Alfonso Dastis (PP) lo dijo gráficamente una vez: “Uno puede comprender a Gibraltar. Mire al otro lado de la verja. ¿Cree que quieren ser como esa otra gente?”. Quizás certero, pero hiriente. Los linenses no sólo tienen que soportar una economía dependiente, sino además ver sus intereses contantes y sonantes –tránsito, pensiones, fiscalidad, medio ambiente, atraque de submarinos nucleares, contrabando– subordinados a las lógicas diplomáticas de altos vuelos, que durante la etapa del PP han antepuesto la pretensión de soberanía sobre el Peñón a la solución de las cuestiones urgentes que afectan a uno de los municipios de más de 50.000 habitantes más pobres de España. Lo peor es que el futuro no promete mejoras, sino al revés. Todo puede ir a peor con el Brexit, ya que la Roca es el motor económico de La Línea.

Otros episodios concretos han contribuido a reforzar la sensación de agravio. Todos los actores relevantes de la sociedad civil han denunciado lentitud y tibieza del Estado en la respuesta al auge del tráfico de hachís hacia Europa, un negocio en el que una nueva generación más agresiva y ambiciosa ha tomado el control. La Policía Nacional tiene problemas para imponer su autoridad. No obstante, aquí al menos sí ha habido avances. El refuerzo de la seguridad impulsado por el el Ministerio del Interior con Fernando Grande Marlaska ha dado resultados, según coinciden los colectivos anti-droga y las organizaciones de agentes de la ley. La Policía Nacional presume de mejores datos en decomisos y detenciones. La prohibición de las narcolanchas da sus frutos, al rebajar las cantidades que es posible transportar y reducir el incentivo para enfrentarse con la Policía en caso de que esta aparezca. Ello se deriva en menos violencia.

Ahora bien, como recalca Manuel Triano (CCOO), el problema no desaparecerá hasta que no se ataquen las causas. Y estas siguen intactas. El plan social de 1.000 millones anunciado en noviembre de 2018 está mermado por la falta de presupuesto. Es además foco de malestar que la escasez de medios judiciales lastre los logros policiales contra el narco, como publicó este periódico. Y sigue escociendo el descrédito de la ciudad, de las que los medios trasladan una imagen que a veces roza la del México de los cárteles. Hasta en esto hay clases, porque se habla mucho más del chocolate de La Línea que de la coca de la Costa del Sol, aunque es en la provincia malagueña donde hay más delitos de sangre. Así lo expresa Francisco Mena, histórico líder del movimiento antidroga en la comarca: "Hay una hipocresía importante. ¡No le vayamos a dar mala fama a la Costa del Sol, que allí están los jeques árabes! Pero no olvidemos que allí es donde se blanquea buena parte del dinero de la droga de aquí".

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La Línea nació en 1870. Este año cumple siglo y medio. Nació a partir de la "línea" desde la que España se pasó desde el Tratado de Utrecht (1713) asediando a Gibraltar durante más de un siglo. Es fronteriza por naturaleza. Y, por tal naturaleza, ha vivido una existencia azarosa. Al calor de la soldadesca, fueron llegando negociantes y artesanos. No es extraño que el contrabando haya sido clave histórica de la economía local. La tradición contrabandista de la zona arranca en el siglo XVIII, cuando se repuebla Algeciras y llegan los corsarios, que actúan con patente de corso para asaltar navíos enemigos en el Estrecho, como ha detallado Juan José Téllez en su libro Yanitos. Viaje al corazón de Gibraltar (2013, Centro de Estudios Andaluces). En La Línea se ha traficado con azúcar, con café, con gasolina, con tabaco y hasta con penicilina, cuando tras la Guerra Civil era difícil de encontrarla en España. Está en el ADN de la ciudad.

"De todos es sabido que el Campo de Gibraltar ha sido una zona en la que el contrabando era una estrategia de vida para familias [...]. En las últimas décadas este comercio ha cambiado su significado orientándose al paso de estupefacientes a través de la frontera. No es de extrañar que cuando se preguntó a los escolares del colegio de El Lentiscal por las actividades de sus familiares, incluyeran el narcotráfico como una más de las actividades de la zona", señala un informe del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico. Otro informe del propio ayuntamiento completa el relato: "La posición de La Línea y su cercanía tanto a Gibraltar como al norte de África ha supuesto que este enclave [...] haya sido históricamente un lugar estratégico para el contrabando de productos exentos de impuestos". Y añade: "Este contrabando ilícito se debe a varias circunstancias que se dan en el municipio: cercanía física por tierra y mar con Gibraltar, que posee regímenes fiscales especiales en productos como el tabaco; cercanía física por mar con Marruecos, de donde proviene el mayor porcentaje de drogas como el hachís; tasa de población en paro superior al 35%, sobre todo en jóvenes; pérdida de puestos de trabajo por la crisis de la burbuja inmobiliaria; trabajadores con un nivel de vida medio que se encuentran en situación de paro; un alto porcentaje de la población en comparación con otros municipios de nivel educativo bajo; estructura urbanística del municipio, donde los dos grandes núcleos de viviendas sociales viven a pie de playa".

Todo ello conforma una receta explosiva, que tenía al menos un elemento positivo: la posibilidad de trabajar en Gibraltar, ganar más, cobrar en libras... En el caso de los negociantes y trabajadores locales, tienen además al suculento cliente yanito. El Brexit amenaza con dificultar el tránsito entre un lado y otro de la frontera, complicar las relaciones económicas y hundir aún más a La Línea. Durante décadas, la respuesta del Estado han sido planes y más planes. No ha habido intervenciones efectivas para que la economía rebaje sus dependencias de Gibraltar y el hachís. A falta de respuesta del Estado, el alcalde Franco quiere romper la baraja.

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