Elecciones municipales

El poder local de Cs bebe en el PP y el regionalismo

Albert Rivera y dirigentes de Ciudadanos de toda España se hacen una foto a sí mismos en la reunión que mantuvieron en El Escorial (Madrid).

Con 160.000 inscritos (incluidos 30.000 afiliados) y una extensión territorial que ya alcanza “al 90% de la población española”, según sus propios cálculos, la dirección de Ciudadanos está convencida de que tiene “músculo” suficiente para asaltar el poder local en las elecciones municipales del año próximo. Una batalla en la que su presidente, Albert Rivera, jugará la carta de los grandes fichajes, como el anunciado de Manuel Valls, el exprimer ministro francés que estudia la posibilidad de disputar a Ada Colau la Alcaldía del Ayuntamiento de Barcelona. “Hay mucho talento” también ahí fuera, aseguró el líder del partido naranja en el primer encuentro de dirigentes de toda España que celebró hace unos días en la localidad madrileña de El Escorial.

“No tengamos miedo al talento, tengámosle miedo a la mediocridad”. Por eso, avanzó, “van a venir más independientes”.

No es ese, precisamente, el perfil del poder municipal que Ciudadanos conquistó en las elecciones de 2015. De los 78 alcaldes que tienen en la actualidad —la cifra varía en comparación con la fecha de la constitución de los ayuntamientos porque se han producido bajas y altas al frente en la nómina naranja de primeros ediles— la inmensa mayoría son políticos reciclados de otras formaciones (al menos el 61,5%), sobre todo del Partido Popular (28,2%), de formaciones regionalistas (11,5%) y de candidaturas centristas e independientes (16,6%). Del PSOE proceden otros tres alcaldes naranjas y uno más militaba hasta 2015 en Los Verdes Alternativa Ecológica.

De hecho, 19 de los alcaldes de Ciudadanos (el 24,3% del total) ya tenían el bastón de mando cuando se presentaron a las elecciones en las filas de Ciudadanos.

Y eso que, según el propio Rivera, Ciudadanos “no puede ser un PP o un PSOE cualquiera, no puede ser una réplica de lo que ha funcionado mal, tiene que ser una reformulación de lo que son los partidos políticos en el siglo XXI”.

La casuística es muy variada. Del PP han llegado alcaldes que ya lo eran cuando decidieron abrazar la nueva política de Rivera (Antonio Herrero, del municipio palentino de Collazos de Boedo, es un buen ejemplo, como José Javier Borjabad, regidor de Frechilla de Almazán, en la provincia de Soria, o Miguel García, alcalde del municipio vallisoletano de San Vicente de Palacio).

  Abundan los políticos locales procedentes de organizaciones regionalistas

Pero también abundan políticos locales procedentes de organizaciones regionalistas que se han integrado sin problemas en una formación tan poco dada a las reivindicaciones identitarias como Ciudadanos. Es el caso de siete alcaldes de Cs con un pasado militante y de gestión en el Partido Castellano (Pcal), el Partido de Castilla y León, la Unión del Pueblo Extremeño o Extremadura Unida. Otros proceden de candidaturas centristas, algunas de ellas representantes de los restos del naufragio del CDS fundado por Adolfo Suárez, como los tres que llegaron desde el Centro Democrático Liberal o al menos ocho que antes de 2015 representaban a listas de independientes.

Hay también al menos tres casos de alcaldes de Ciudadanos con un pasado en el PSOE en Mijas (Málaga), Valle de Valdelucio (Burgos) y Villafranca de la Sierra (Ávila).

A los que hay que añadir uno más peculiar: el alcalde de Alcaucín (Málaga), Mario Blancke, que procede de una candidatura que se presentó en 2011 bajo el paraguas de Los Verdes-Alternativa Ecológica. Blancke, de origen belga, llegó a Ciudadanos a partir de la iniciativa de una organización que representa a los residentes extranjeros propietarios de viviendas irregulares en este municipio, limítrofe con la provincia de Granada y de poco más de 2.000 habitantes.

Uno de los objetivos de Albert Rivera para el año que viene es extender el área de influencia municipal de su partido, que en este momento tiene más provincias yermas (35) que fértiles (17). En diez comunidades autónomas, Ciudadanos no tiene ni una alcaldía (Cataluña, Galicia, País Vasco, Navarra, Asturias, Cantabria, La Rioja, Murcia, Balears y Canarias) y en otras cuatro la cifra de ayuntamientos naranja es apenas testimonial: Castilla-La Mancha (tiene cuatro, todas en la provincia de Toledo), Aragón (dos en Zaragoza y una en Teruel), Madrid (tres) y Extremadura (tres en la provincia de Cáceres).

Ciudadanos tiene seis alcaldes en Andalucía (dos en Granada y en Málaga, uno en Sevilla y otro más en Huelva) y ocho en la Comunitat Valenciana (seis en València y dos en Alicante).

El grueso de sus bastones de mando está Castilla y León (51), la mayoría de ellos en la provincia de Burgos (21). La lista se completa con siete alcaldías en Valladolid y Soria, seis en Palencia y Zamora y cuatro en Ávila.

Son, en su mayor parte, municipios muy pequeños. Casi el 40% no alcanza los 200 habitantes y sólo cinco superan la barrera de los 10.000 vecinos. El más importante es el ayuntamiento malagueño de Mijas, con un padrón municipal de casi 80.000 personas. Allí manda Juan Carlos Maldonado (Cs) incumpliendo la regla de Rivera según la cual debe gobernar la lista más votada: tiene sólo cinco concejales frente a 11 del PP, siete del PSOE y dos de Podemos.

Maldonado, propietario de una empresa de asesoría económica, es un buen ejemplo de reciclaje que desmiente el origen inmaculado de la nueva política: llegó a Ciudadanos después de intentar, sin éxito, ganar las primarias para convertirse en el candidato local del PSOE, con el que ocupaba el cargo de concejal en el ayuntamiento.

Arroyomolinos, con unos 30.000 habitantes, es el segundo municipio más importante para Ciudadanos. El ayuntamiento, situado al suroeste de la Comunidad de Madrid, se ha convertido parcialmente en una localidad dormitorio de la capital.

Su alcalde, Carlos Ruipérez, al que la desaparecida revista Interviú vinculó con las quebrada empresa dental Funnydent, tampoco es un buen ejemplo para los partidarios de que gobierne la lista más votada, porque en las elecciones de 2015 consiguió cinco concejales, dos menos que el PP —logró la investidura gracias al apoyo de Arroyomolinos Sí Puede, el PSOE y una lista independiente—.

En Villanueva del Pardillo, a sólo 26 kilómetros al oeste de la capital madrileña, también hay alcalde de Ciudadanos, pero aquí sí fue la suya la lista más votada. Luis Sosa, su cabeza de cartel, gobierna en minoría desde entonces en una corporación atomizada: Cs tiene cuatro ediles, los mismos que el PP y el Partido Local —así se llama—, a los que hay que sumar dos concejales del PSOE, otros dos de Vecinos por el Pardillo y otro más de Salvemos el Pardillo.

El caso de Espartinas

El municipio sevillano de Espartinas es, en estos momentos, el cuarto en importancia de Ciudadanos en toda España. Tiene más de 15.000 habitantes y está situado en la comarca de Aljarafe, a solo 13 kilómetros de la capital de Andalucía. Aquí también fueron la lista más votada en un ayuntamiento cn cinco formaciones: seis concejales naranja, cinco del PP, cuatro del PSOE, uno de Izquierda Unida y uno más de Vecinos por Espartinas. Gracias a esta circunstancia se hizo con el bastón de mando José María Fernández, de apenas 32 años.

Fernández no duró mucho en el cargo: en diciembre de 2015, apenas seis meses después de ser investido, tuvo que renunciar al cargo al ser imputado por prevaricación en una causa impulsada por el PP —se ha archivado recientemente—. El exalcalde continúa, no obstante, en el ayuntamiento, donde se ocupa de la Concejalía de Hacienda. El bastón de mando lo asumió en enero de 2016 su compañera de filas Olga Hervás, arquitecta técnica en paro antes de convertirse en concejal.

  Ciudadanos rehusó facilitar información a infoLibre sobre sus alcaldes. Los datos recogidos en esta noticia proceden de las bases de datos del Ministerio para las Administraciones Públicas y de las informaciones recogidas por este diario a partir de diversas fuentes.

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