Crisis del coronavirus

Los que "saben" a los que "mandan": "La ciencia es la mejor forma de empezar a controlar la epidemia"

Un hombre con mascarilla a la salida del Hospital Gregorio Marañón (Madrid) este lunes.

A medida que avanzaba la pandemia, avanzaba también el enfrentamiento político. Hasta que ha llegado, parece, a su máximo nivel. El choque entre el Gobierno de Pedro Sánchez y el de Isabel Díaz Ayuso es el ejemplo perfecto. La confrontación sobre qué restricciones y qué medidas deben aplicarse en la Comunidad de Madrid ha sido la más dura desde que en marzo irrumpiera la crisis sanitaria provocada por el covid-19. Pero no ha sido la única. En estos meses hemos observado discusiones sobre la duración del estado de alarma y otras tantas sobre los criterios para que las comunidades avanzaran en la desescalada. El clima de enfrentamiento ha sido patente y creciente. Y continuo. Pero multitud de científicos han dicho basta. Y en varias ocasiones. La última, este domingo. "En la salud, ustedes mandan pero no saben". Así encabezan 55 sociedades científicas un manifiesto en el que instan a la clase política a cesar la batalla, a escuchar a los profesionales y a priorizar la salud de los españoles por encima de ideologías y conveniencias partidistas. Para acabar con la pandemia, dicen, es necesaria una respuesta coordinada, equitativa y basada exclusivamente en criterios científicos claros, comunes y transparentes. Y ahora mismo no la hay.

El manifiesto, que está dirigido al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y a los líderes de los 17 ejecutivos autonómicos, es claro. Se divide en diez puntos y solicita a los destinatarios que "acepten, de una vez, que para enfrentarse a esta pandemia las decisiones dominantes deben basarse en la mejor evidencia científica disponible, desligada por completo del continuo enfrentamiento político". También, que "frenen ya tanta discusión y corran a la acción" para acabar con " la lentitud burocrática en resolver temas legales, técnicos y administrativos". Que elaboren " un protocolo nacional que, sin perjuicio de actuaciones territoriales diferenciadas, establezca criterios comunes de base exclusivamente científica, sin la menor interferencia ni presión política". Y que definan "normas generales de prevención, manejo de los pacientes afectados, estrategias de rastreo de los contactos y gestión de los centros socio-sanitarios".

No solo eso. Instan a crear "ya una reserva estratégica nacional de material destinado a la prevención y al tratamiento de todos los afectados" y a establecer " las prioridades de actuación con respecto a otras enfermedades". "En nombre de más de 47 millones de españoles, ustedes y sus familias incluidos, tenemos que cambiar ya tanta inconsistencia política, profesional y humana. Las sociedades científicas, en todos los ámbitos de la salud, ofrecemos nuestros conocimientos", sentencian las organizaciones, que representan a más de 170.000 profesionales sanitarios. El decálogo, publicado en Change.org, acumulaba a última hora de la tarde de este lunes más de 24.000 firmas de apoyo.

El origen, el I Congreso Nacional Covid-19

El decálogo tiene origen en el I Congreso Nacional Covid-19 celebrado el pasado mes de septiembre, entre los días 13 y 19. Al término del encuentro, las 55 sociedades científicas que participaron elaboraron un manifiesto "a favor de una respuesta coordinada, equitativa y basada en la evidencia científica". "Decidimos organizar un congreso que aglutinara a todas las sociedades para que expusieran los conocimientos que se habían adquirido hasta entonces, las dudas y las preguntas que había que contestar y ver el presente y futuro de la pandemia", recuerda, desde el otro lado del teléfono, Jordi Vila, presidente de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC). "Vimos la necesidad de poner en común toda la información que había sobre el covid-19, así que planteamos el Congreso para poner encima de la mesa las evidencias que había disponibles", añade Fernando Martínez Cuervo, presidente de la Sociedad Española de Enfermería en Geriatría y Gerontología (SEEGG), una de las organizaciones firmantes.

Pero no sólo hicieron eso. Una de sus conclusiones fue que era necesario escucharles. Hasta entonces, dice, no se había hecho. Al menos no de manera adecuada.

"Nos sentimos bastante ignorados por las autoridades. Nosotros estamos trabajando muy en serio en actividades asistenciales para ayudar a los pacientes, pero también en actividades de formación y docencia. Además, hemos hecho cursos para aprender sobre el covid y hacemos actividades de investigación para desarrollar medicamentos y protocolos más adecuados. Eso lo estamos haciendo nosotros. Nos sentimos desplazados", lamenta, en conversación con infoLibre, Carlos Andrés Jiménez Ruiz, presidente de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR).

Los tres expertos coinciden. Son las sociedades científicas las que tienen experiencia, las que pueden orientar por dónde deben ir las medidas. Así que está claro: deben ser escuchadas. "Es fundamental que cualquier decisión que se tome con respecto al covid esté basada en criterios científicos. Estamos ante un problema sanitario de primera importancia en el mundo", dice Jiménez Ruiz. "Lo que pretendemos es que la clase política deje las estrategias políticas y que tome cartas en el asunto. Hay que basarse en las evidencias" y trabajar sobre ellas, dice Martínez Cuervo. "Lo ideal es que las directrices estuviesen muy bien marcadas y que se hicieran normativas muy homogéneas sin ningún componente político, consultadas con las sociedades", añade Vila. 

Hacerlo tiene muchos beneficios. Tal y como enumera el presidente de SEPAR, escuchar a la ciencia "es la mejor forma" para empezar a "controlar la epidemia". "Habrá menos contagios, menos casos declarados de enfermedad, disminuirá la mortalidad y empezaremos a ver la luz al final del túnel, cosa que ahora no estamos haciendo", critica. 

Una auditoría independiente que detecte los fallos y las debilidades

No es el primer toque de atención que la ciencia da a la política. Ni en España ni a nivel internacional. Sin ir más lejos, hace apenas dos semanas, el pasado 21 de septiembre, una veintena de científicos de reconocido prestigio de diferentes disciplinas instaron al Gobierno a poner en marcha una auditoría independiente de la crisis sanitaria que permitiese identificar rápidamente los problemas estructurales que han provocado que España sea el país europeo más azotado por la pandemia. No era la primera vez que lo hacían. En junio, cuando el primer impacto de la crisis sanitaria ya había sido esquivado —o al menos, eso parecía—, ya plantearon la idea. Pero el Ejecutivo no se movió. Y ya empieza a ser urgente hacerlo, dijeron el mes pasado.

Lo hicieron en la revista The Lancet, tras cuya publicación el ministro de Sanidad, Salvador Illa, se mostró dispuesto a actuar. Y hubo algo más que una mera voluntad, puesto que el pasado jueves 1 de octubre se celebró un encuentro entre el responsable del Ministerio y los científicos que reclamaban "con urgencia" la auditoría independiente. Ildefonso Hernández, portavoz de la Sociedad Española de Salud Pública (Sespas), estuvo presente en el encuentro, que "fue razonablemente bien". "El ministro se mostró muy receptivo y dijo que sin duda se pondrá en marcha" lo que Hernández prefiere denominar de "análisis constructivo" de lo que ha fallado en la gestión de la crisis sanitaria. "No se trata de buscar culpables, sino buscar qué cosas se pueden mejorar en el futuro y ahora", afirma. En dos o tres semanas, dice, volverán a reunirse para avanzar en la propuesta. 

Rafael Bengoa, exdirector de Sistemas de Salud de la OMS y uno de los firmantes de la misiva, confirma también a infoLibre que el encuentro fue positivo e insiste en que "los políticos tienen un papel fundamental en la gestión de la pandemia". El problema, añade, es que en España todavía no han encontrado cuál es. Esa es la tarea, opina, que deben hacer "en este mes de confinamiento", siempre teniendo en cuenta que "no deben doblegar a la ciencia para que encaje en su relato". "La ciencia no hace eso", critica.

Ese "análisis constructivo", en cualquier caso, no es una idea surgida de la nada. Tal y como los propios firmantes explicaron, la herramienta podría basarse, por ejemplo, en el modelo propuesto el pasado mes de mayo por los especialistas Martin McKee, Mike Gill y Sarah Wollaston en el artículo Auditoría sobre la respuesta de Reino Unido al covid-19. En él, los expertos apostaron por una investigación rápida, amplia, ambiciosa, capaz de obtener un gran respaldo de todas las partes y centrada en las debilidades más importantes que se han detectado hasta el momento.

El Estado australiano de Victoria hizo algo parecido. Creó un comité encargado de evaluar, de manera independiente, cómo se había gestionado la pandemia. Estuvo compuesto por una docena de parlamentarios y en él se trabajó durante semanas sobre ocho puntos: sanidad, economía, mercado laboral, industria, impacto social, justicia, educación y medio ambiente. Se analizaron y se hicieron recomendaciones sobre los criterios seguidos a la hora de hacer los test o el trazado de contagios, se prestó atención a los trabajadores sanitarios, a las residencias, al impacto de la pandemia en diferentes sectores e, incluso, se puso la lupa sobre las actuaciones policiales o judiciales. Para ello, se escuchó a todos los sectores. Fue, en resumidas cuentas, un trabajo que se desarrolló de forma similar al llevado a cabo en la Comisión de Reconstrucción del Congreso de los Diputados hace un par de meses. Sin embargo, allí ocurrió lo que critican las 55 sociedades científicas que firman el decálogo publicado este domingo: los partidos fueron a ajustar cuentas y, en ocasiones, colocaron a la crisis sanitaria en un segundo plano.

La terrible consecuencia de convertir la pandemia en un arma política

La politización de la pandemia y el uso de la misma como arma arrojadiza entre rivales políticos, no obstante, no es única de España. Otro de los ejemplos más flagrantes y evidentes ha sido Estados Unidos, donde el presidente, Donald Trump —que la semana pasada semana dio positivo en coronavirus—, ha culpado directamente a China de la pandemia y se ha burlado de su contrincante en las elecciones del mes que viene, el demócrata Joe Biden, por hacer uso de la mascarilla.

Su carrera a la reelección a la Casa Blanca ha estado dominada casi en su totalidad por la crisis sanitaria. Pero como arma. Y eso es peligroso, tal y como aseguró el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus. "No se puede utilizar el covid-19 para ganar puntos políticos, no hay necesidad. Hay muchas otras formas de probarse a sí mismos, este virus no es el que debe ser utilizado para eso. Es como jugar con fuego. La unidad nacional es esencial si nos importa la gente. Por favor, trabajemos más allá de partidos políticos, ideologías, creencias, cualquier diferencia que tengamos, tenemos que comportarnos", dijo durante su conferencia de prensa de actualización de la pandemia del pasado mes de abril. "La misión de todos los partidos debe ser salvar a su gente. Por favor, no politicemos este virus. Si se quieren tener más bolsas con cadáveres entonces háganlo, pero si no quieren más muertos, hay que evitar politizar este virus", añadió, tajante.

Otros reconocidos expertos también se han mostrado molestos con el uso político de la pandemia. Es el caso de Margarita del Val, viróloga y directora del grupo Salud Global del CSIC de investigación sobre el coronavirus. Tal y como dijo en una entrevista concedida a El País, le "avergüenza" que se prime " el interés político cuando la crisis es tan grave que ha parado a la Humanidad". "¿Cómo pueden ser tan cortos de vista, con esas reacciones tan infantiles? Tomen medidas cuanto antes, porque van a ser más efectivas y menos impopulares que si las toman al final, pero con conocimiento. Con el conocimiento se pueden tomar decisiones, y hay muchísimo conocimiento", expresó.

Estamos a tiempo, pero hay que hacerlo ya, dice Jiménez Ruiz. "Las cosas siempre tienen solución, pero cuanto antes y mejor se actúe, más rápida y mejor será la solución. Estamos a tiempo", sentencia. Habrá que ver ahora si, tal y como solicitan, las autoridades sanitarias se reúnen con las sociedades firmantes del manifiesto y aprovechan sus conocimientos. "Desaprovechar estas sinergias será una pena", concluye Martínez Cuervo.

Más de 300.000 firmas apoyan que la inversión en ciencia se eleve al 2% del PIB, una iniciativa de Atresmedia y la Fundación Axa

Más de 300.000 firmas apoyan que la inversión en ciencia se eleve al 2% del PIB, una iniciativa de Atresmedia y la Fundación Axa

Más sobre este tema
stats