La batalla política

La España rural da síntomas de derechización tras un intenso martilleo con la tradición y el agravio

Santiago Abascal y Rocío Monasterio, en la manifestación del sector del campo en febrero.

El predominio del voto conservador en el ámbito rural es un fenómeno de época, con relieve político mundial, sobre todo por su peso en recientes elecciones clave, como la victoria de Donald Trump o el Brexit, en ambos casos en 2016. Más recientemente, a principios de abril de este año, el dominio de las zonas rurales ha sido determinante para la holgada victoria de Viktor Orbán en Hungría frente a una oposición unida que sólo puede anotarse como consuelo ser más votada en Budapest. Otra vez, el eje urbano progresista/rural conservador.

En Francia Marine Le Pen fue la más votada en las localidades de menos de 10.000 habitantes. "Está pasando en todo el mundo. En París gana Macron de calle y el segundo es Melénchon. Allí Le Pen estuvo muy floja", explica el sociólogo Narciso Michavila, presidente de GAD3.

¿Está ocurriendo en España? Es decir, ¿se está deslizando el ámbito rural, en su doble vertiente de poblaciones comparativamente pequeñas y de provincias menos pobladas, hacia la derecha? Más concretamente, ¿está Vox, como suele repetirse, penetrando fuertemente en estos ámbitos?

Hay algunos indicios que apuntan al sí.

Un malestar que explota por la derecha

En primer lugar, hay una pista que no es electoral ni demoscópica. Las protestas contra la inflación del mes de marzo de los sectores agrícola, cazador y transportista, con fuerte presencia del mundo rural, pusieron a la izquierda en el centro de la diana y mostraron sintonía con posiciones de PP y Vox. En el caso del campo, resulta evidente el deslizamiento del discurso. A principios de 2020 las protestas giraban en torno al excesivo peso de los intermediadores, al aterrizaje de los fondos de inversión, al sandwich que sufre el agricultor entre la presión de los costes y los bajos precios y al ocaso de la explotación familiar. Ahora estas reivindicaciones se han desdibujado y el manifiesto de la gran manifestación del 20M llamaba en su primer párrafo a "conservar las tradiciones". Y Santiago Abascal, increpado en una manifestación agraria en 2020, recorría la protesta haciéndose foto tras foto entre gritos de "presidente".

Pero hay mucho más que una impresión de auge. A diferencia de lo que ocurrió –incluso en su mejor momento– con Podemos y Cs, en líneas generales Vox ha cimentado su avance electoral con un progreso homogéneo en pueblos y ciudades al margen del número de habitantes. Así fue entre los comicios de abril y noviembre de 2019. "Si sigue avanzando así, va a superar los mejores resultados de Podemos incluso sin tener su tirón en las grandes ciudades", señala una fuente socialista preocupada por Andalucía, a la que le llama la atención que lo consiga con un respaldo relativamente bajo entre los mayores de 65 años, todavía la asignatura pendiente de los de Abascal.

La estrategia de Vox

Un dato. En noviembre de 2019, cuando Vox logró 52 diputados, 14 de ellos salieron de las 28 circunscripciones con 5 escaños o menos, entre las que están todas las que podrían adscribirse a la llamada "España vaciada". Cs no logró ningún asiento en estas 28 plazas. UP, sólo tres, en provincias sin las características típicas de la España rural o interior: Navarra, Castellón y Álava. En 2015, cuando Podemos cosechó 69 diputados, 17 más que ahora Vox, sólo 12 fueron en estas 28 provincias.

El consultor político César Calderón, fundador de RedLines, cree que el fenómeno Vox desborda límites que no logró superar la llamada "nueva política" y ensancha el margen de mayoría derechista en el ámbito rural. "Tanto Podemos como Ciudadanos eran dos fenómenos fundamentalmente urbanos que no consiguieron, ninguno de ellos, impactar significativamente en el ámbito rural, algo que Vox sí que está consiguiendo a base de hablar a estos votantes usando consignas de carácter populista y ultranacionalista que han conseguido introducir en la agenda política temas tanto locales (caza, tauromaquia) como otros importados desde latitudes lejanas como el derecho a portar armas, toda una constelación de temas de nicho capaces cada uno de movilizar a segmentos sociales muy pequeños pero que agregados les están otorgando una intención de voto muy por encima de la esperable". Calderón ve a Vox alineado con Trump y Marine Le Pen, con tácticas consistentes en "agitar todos los miedos tribales a una sociedad cada vez más globalizada, compleja y diversa generando un voto de trinchera".

El consultor político Eduardo Bayón afirma que aún hay que ver si el avance de Vox en zonas rurales responde una ampliación de su base electoral, que se estaría haciendo más transversal, o se fundamenta en una mayor capacidad para captar en esas zonas votantes de derechas, ya fueran abstencionistas o del PP, como ocurre en los barrios obreros donde el partido de Abascal crece. Bayón se inclina por pensar que su auge se nutre sobre todo de votos salidos del PP, una fuga que será mayor en la medida en que Vox sea capaz de explotar el malestar social y sentimientos antipolíticos y nacionalistas. Como dice Calderón, "Vox demuestra que el miedo y el cabreo pueden ser dos importantes aceleradores de voto". Más aún ahora, completa Michavila, dado el mayor perjuicio de la guerra en Ucrania en la economía rural. El presidente de GAD3 cree que en el ámbito rural son especialmente eficientes los discursos "nacionales", de "identidad" y de "tradición". Y añade una clave: en los pueblos pequeños con inmigración, esta es muy visible y puede tener calado como reclamo electoral. "A ver qué pasa en Almería", dice con la vista en las elecciones andaluzas.

Un avance generalizado

El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) ofrece pistas de derechización rural. Entre marzo de 2020 y marzo de 2022, mes del último barómetro, el respaldo a las opciones de derechas tomadas como un conjunto (PP, Vox y Cs) ha subido en los municipios de menos de 50.000 habitantes (47,1% de la población), entre aquellos de entre 50.000 y 100.000 (13,3% de la población) y entre los de más de 100.000 (39,85%). En el caso de la izquierda estatal (PSOE, UP, Más País), ha caído en los tres segmentos.

El ascenso de PP y Vox se observa en intención de voto, voto+simpatía y cercanía ideológica en cada uno de los tramos de municipios según población. Es decir, ¿avanza la derecha en los municipios menos habitados? Sí. Pero en un contexto de auge general, que afecta también a las ciudades medias y a las grandes. Calderón, haciendo síntesis de las encuestas sobre la mesa, afina: "Es toda España la que está girando a la derecha. Pero ese giro es especialmente importante en las ciudades de menos de 50.000 habitantes y en el ámbito rural".

Castilla y León y Andalucía

Michavila orienta la mirilla hacia Castilla y León, un testador interesante por el peso demográfico de los pueblos. Casi un tercio de la población vive en municipios de menos de 5.000 habitantes, cerca del triple que en el conjunto de España. Menos porcentaje de población, un 30,9%, vive en ciudades de más de 100.000 habitantes, y todo el debate político, incluso el que afecta a los municipios mayores, está ruralizado, como se vio en la campaña de las autonómicas. PP y Vox cuajaron en esas condiciones una cómoda mayoría absoluta. La derecha dura de Abascal, que explotó el repertorio nacionalista y el reclamo de la identidad rural amenazada, se disparó, pasando de 1 a 13 escaños. Se detecta una mayor intensidad del subidón de Vox en las localidades de entre 5.000 y 10.000 habitantes, donde el partido se ha disparado por encima del 20%, mientras que en las ciudades de menos de 50.000 no ha llegado al 17%. Atención a esto: en una comunidad con nueve provincias, PP y Vox sólo han superado en una y dos capitales, respectivamente, su resultado global. En el caso del PP, sólo pasó del 31,43% en Salamanca. En el caso de Vox, sólo superó su 17,64% en Valladolid y Zamora. Es decir, la regla es que PP y Vox funcionan peor en las capitales, al menos en el caso de Castilla y León. Esto puede ser lógico en el PP, con sólida implantación territorial. Pero podría sorprender con Vox: los partidos "nuevos" suelen tener más tirón en las grandes ciudades.

Vox ha desarrollado su propia estrategia para marcar perfil rural, con un discurso de agravio frente al progre urbanita que explota el malestar social y la incertidumbre de sectores económicos muy dependientes de la energía, como la agricultura, al tiempo que se erige en defensor tradicionalista de estilos de vida genuinos. Es significativo que el partido haya reclamado para sí la Consejería de Agricultura en el Gobierno de Castilla y León, el primero autonómico al que accede.

En Andalucía, en la antesala de la campaña electoral, está dando continuidad a esta línea de acción. La gran comunidad del sur será el escenario de la próxima cita electoral. Está por ver hasta qué punto Vox, que obtuvo 12 diputados en 2018, cumple los pronósticos de las encuestas y ronda incluso el doble. Lo seguro es que las elecciones se celebrarán con indicios encima de la mesa que apuntan que Vox ya no se beneficia sólo de votos salidos del PP, sino que también rasca electores progresistas, como ha puesto de relieve una reciente encuesta de 40dB para El País y la Ser con 2.000 entrevistas. En febrero, una encuesta de Deimos para Vox Pópuli con 1.500 entrevistas situaba a Vox como el más votado en los municipios andaluces de menos de 20.000 habitantes y el segundo por delante del PSOE en los de entre 20.000 y 50.000, es decir, en las ciudades medias, histórico punto fuerte de los socialistas durante sus décadas de hegemonía. Ahí ahora el que domina es el PP, que empezó su ascenso en Andalucía en los 90 en capitales de provincia, grandes ciudades y áreas metropolitanas pero poco a poco se ha convertido en un partido de fuerte implantación rural.

Como destaca Bayón, las "dos principales brechas" electorales son las que se abren entre campo y ciudad y entre jóvenes y mayores. En el caso español, estos últimos, que por regla general ocupan un porcentaje de población mayor en los pueblos y en las provincias más despobladas, han sido el electorado más fiel al PSOE y el PP. Si Vox lograra meter ahí la cuchara, sería una prueba más de su penetración en el ámbito rural. ¿Qué dice el CIS? Los mayores de 65 siguen siendo el tramo de edad en el que Vox tiene menos intención declarada de voto, un 5,1% en marzo de 2022. Pero, ojo, hace dos años era un 3,5. Y crece mientras el PP también lo hace, aunque levemente, en una franja en la que no obstante el PSOE sigue siendo el que más intención de voto concentra. Vox crece de forma similar en "voto+simpatía" entre mayores de 65 años, también mientras el PP crece. Michavila señala que el electorado de más edad presenta dificultades para Vox, porque es una etapa donde prende menos la indignación y el consumo de información se aleja de las redes sociales y se concentra en los medios tradicionales. "El tema de las personas mayores es diferente –señala Calderón–, mayoritariamente siguen confiando en PP y PSOE muy por encima de Vox". Eso es válido, al menos, para los mayores de hoy. Los de mañana –es decir, los adultos y jóvenes de hoy–, ya veremos.

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