La nueva investidura

El PSOE no identifica a los poderes económicos que intentaron “someter” al partido y tacha las presiones de indirectas

El PSOE matiza que las presiones de poderes económicos que denunció Sánchez "no fueron directas"

Ibon Uría

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, sostuvo este lunes ante los 250 miembros del Comité Federal que en los últimos meses tuvo que hacer frente a presiones. Sánchez advirtió de la existencia de una "evidente coalición de intereses" contra el partido. Y en esta ocasión no se refirió a los ataques de otras fuerzas políticas, o no únicamente: fue más allá y apuntó directamente a las grandes empresas, al Ibex 35, aunque no citó ningún nombre concreto. En su intervención [ver en PDF], el líder socialista manifestó que "los poderes económicos intentaron condicionar y hasta someter al PSOE". "Y no lo lograron", proclamó.

La idea del "todos contra el PSOE" no es nueva, pero hasta ahora siempre se refirió a otros partidos. Los socialistas argumentaron en campaña que a todos sus adversarios les interesaba debilitarlos. Al PP porque era su competidor natural. A Podemos y Ciudadanos, porque pretendían pescar en el caladero de voto socialista. Sánchez lo reiteró: "Desde la derecha política se procuraba el desgaste del PSOE para compensar la previsible reducción de apoyos al PP. Y desde el resto de la izquierda se procuraba también el desgaste del PSOE para dividir al electorado progresista, favoreciendo indirectamente el triunfo del PP".

En resumen: nunca se había escuchado una crítica tan directa el líder del partido a los poderes económicos, de los que Sánchez dijo que le presionaron para que aceptara una gran coalición con el PP. Primero lo denunció: "Yo, personalmente, pasé el Rubicón frente a sus pretensiones cuando declaré la incompatibilidad del PSOE con el PP y su máximo dirigente, Mariano Rajoy. De ahí los duros ataques de la derecha". Y a renglón seguido, hizo gala de los efectos su propia resistencia: "Hoy somos más fuertes –celebró– y podemos reivindicar la autonomía que nos exigen los ciudadanos".

Sondeos a la contra

Fuentes del partido próximas a Sánchez explican, a preguntas de infoLibre, que esas presiones denunciadas por el secretario general en realidad nunca fueron explícitas. Que no hubo apelaciones directas de los "poderes económicos" al partido ni a su líder para que se entregara a los conservadores. Tampoco aportan ningún nombre. Señalan, eso sí, que especialmente antes de las elecciones el mundo de la economía y la gran empresa influyó y que eso tuvo reflejo en la actitud de los medios hacia el partido. "Siempre lo hemos tenido difícil, pero esta vez hemos estado solos", lamentan estas voces de Ferraz, que piden revisar las portadas de la campaña para advertir ese fenómeno.

"¿No te llama la atención dónde nos ponían las encuestas y dónde estamos?", apunta otra fuente. En el seno del partido siempre tildaron de inverosímiles los sondeos que colocaban a Ciudadanos a la altura del PSOE, rivalizando por la segunda posición. Y aunque finalmente se quedaron a más de 6 puntos y 1,5 millones de votos del PP y a que apenas retuvieron esa segunda plaza por 340.000 votos –aunque no frente al partido naranja, sino a Podemos y a sus aliados regionales–, creen que esos sondeos encerraban la intención de dañar las expectativas electorales de los socialistas.

La hemeroteca muestra que muchos de los sondeos infravaloraron al PSOE, pero por un margen de no más de tres puntos en la mayoría de casos. Los mayores errores ocurrieron con Podemos –mejoró en las urnas las expectativas– y Ciudadanos –quedó por debajo de los previsto–. Por ejemplo en las encuestas de El Periòdic d'Andorra durante la última semana, cuando la Ley Electoral prohíbe hacerlo en España, los socialistas se movieron entre el 20,1% y el 21,4%. Finalmente logró un 22% el 20-D. A Podemos y Ciudadanos, en cambio, se les estimó un 21,5% y un 15,3% el día 19. Obtuvieron respectivamente el 20,7% y el 13,9% en las urnas.

Rumores intencionados

Las acusaciones se dirigen, por tanto, más a medios de comunicación que a otras grandes empresas. Fuentes del PSOE destacan que, en otra época, "El País fue una especie de BOE del PSOE", un medio favorable a los intereses del partido. En esta ocasión, en la campaña para las generales del 20-D, todo fue distinto: "No hemos tenido ni a El País", dicen,El País aunque el diario se posicionó a favor de Pedro Sánchez en un editorialen un editorial. Otro dirigente, en este caso crítico con Sánchez, señala gráficamente: "Los dos problemas del PSOE se resolverán cuando Susana Díaz sea secretaria general y cuando La Sexta nos trate bien". En la cúpula socialista consideran que la cadena de Planeta, a la que reconocen influencia sobre sus votantes, les hace especial daño.

Otro ejemplo que desde Ferraz se señala como parte de esa estrategia de presión son "los rumores" de un pacto PP-PSOE surgidos a falta de unos pocos días para los comicios. La idea salió de conversaciones informales del equipo de campaña de Rajoy con periodistas que le seguían y fue, apuntan, convenientemente amplificada por determinados medios. Esas informaciones apuntaban además a que Sánchez sería reemplazado por Susana Díaz. La propia Díaz tuvo que salir al paso: "Patético y de perdedores que el PP sugiera una coalición con el PSOE. Más que nunca hay que derrotarlos para que España cambie", escribió en su perfil de Twitter.

Preguntados por la lógica que les lleva a vincular las noticias que les hacen daño con una estrategia concertada por poderes económicos y que va más allá de las líneas editoriales, la respuesta de fuentes próximas al secretario general es que "los medios están mandatados por alguien", en referencia a sus propietarios y acreedores, que serían partidarios de una gran coalición a la alemana. Este martes el secretario de Acción Política, Patxi López, dijo que "siempre hay presiones de ese tipo", pero tampoco quiso identificar a los autores de esas presiones hacia el PSOE.

Los cuatro ministros y Felipe González

Tras el 20-D el PSOE insiste que ni por activa ni por pasiva permitirá con su voto la investidura de Mariano Rajoy, y tampoco la de ningún otro candidato conservador. El partido votará no a cualquier nombre que provenga del PP. Incluso en el actual clima de tensión en la formación por la posibilidad de un acuerdo con Podemos y por el calendario del próximo Congreso Federal del partido, la Ejecutiva y los dirigentes territoriales se han mantenido firmes en este punto: no habrá gran coalición, por más que editoriales de prensa o empresarios puedan aconsejarlo y alentarlo.

Claro que, apenas 72 horas después de las elecciones, cuatro exministros socialistas se desmarcaron de esa línea oficial y reclamaron abiertamente un gran pacto PP-PSOE. Fueron tres ministros de Felipe González –el exministro de Industria, Economía y Hacienda, Carlos Solchaga; el titular de Comercio en la última legislatura del primer presidente socialista, Javier Gómez-Navarro; y Julián García Vargas, que ocupó distintas carteras entre 1986 y 1993– y Valeriano Gómez, ministro de Trabajo de Zapatero. Todos ellos aparecieron en la portada de Expansión bajo el titular "Por un pacto de Estado".

No es el primer mensaje de la vieja guardia socialista que apunta en esa dirección. Justo antes de las elecciones europeas, el expresidente González defendió abiertamente que PP y PSOE "deben hacer" un pacto de Gobierno "si el país lo necesita". Meses después se desdijo: la gran coalición "ya no sería grande", reflexionó. Sea como sea, González, aún con influencia en el PSOE, almorzó con Pedro Sánchez tambén 72 horas después de las generales. El contenido de esa conversación no trascendió. Fuentes del PSOE sostuvieron que el expresidente aconsejó a Sánchez que "escuche al partido" y sea "fiel a sus ideas".

Una idea que viene de lejos

La operación para presionar en favor del pacto viene de lejos. Especialmente desde finales de 2013, cuando el bipartidismo comenzó a perder terreno a velocidad acelerada. Fue entonces cuando sectores del Ibex 35, parte del PSOE y medios de comunicación, especialmente los pertenecientes al grupo Prisa, apostaron por la gran coalición. Entre sus argumentos, el miedo a una presunta ingobernabilidad fruto de la fragmentación eelctoral. Por aquel entonces Podemos y Ciudadanos apenas habían irrumpido, pero el desgaste de socialistas y conservadores ya era palpable.

Mientras en sus declaraciones el PSOE rehuye la hipótesis del acuerdo a la alemana con los conservadores y muchos de sus dirigentes comentan también en privado que ese pacto supondría enterrar definitivamente al partido, en el PP consideran que el debate sobre ese entendimiento no puede hacerles daño y que sólo perjudica a los socialistas. Por eso no son pocos los cargos del partido que, incluso ahora, llaman a los socialistas a reflexiones sobre la necesidad de apostar por la "estabilidad" y a conformar un Gobierno de "amplio espectro", como este mismo martes hizo el presidente en funciones Mariano Rajoy.

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