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Villalar resiste ante el intento de Vox de borrar el Día de Castilla y León: "Esto es imparable"

Un hombre ondea una bandera de Castilla y León en la Plaza Mayor de Villalar de los Comuneros.

Villalar de los Comuneros logra resistir la embestida de la ultraderecha contra su fiesta más icónica. A pesar de los desaires del Ejecutivo autonómico y, sobre todo, del recorte de fondos, este pequeño municipio vallisoletano de menos de medio millar de habitantes, símbolo comunero por excelencia, ha conseguido mantener con vida la gran celebración que desde hace décadas es el epicentro del Día de Castilla y León. No ha sido nada fácil. El consistorio local ha tenido que buscarse la vida para sacar financiación de debajo de las piedras. Pero al final ha logrado cerrar un programa ambicioso para mantener con vida una fiesta que este año se espera más reivindicativa que nunca. "Esto es imparable, nadie va a poder acabar con ella", dice con firmeza el alcalde del municipio.

La celebración jamás ha sido del agrado de Vox. Ni cuando la formación ultraderechista era una fuerza residual ni tampoco a raíz de su entrada en las instituciones. "En vez de conmemorar derrotas y divisiones (Villalar), una manipulación más de la historia de manera partidista, celebremos el día de Castilla y León el 24 de junio, cuando nació Fernando III El Santo, gran rey de Castilla y León, unión decisiva para hacer a España más unida y más grande", decía la formación en Valladolid allá por 2018. "No es una fiesta de todos", insistía hace justo un año el vicepresidente de la Junta de Castilla y León, Juan García-Gallardo, al tiempo que insistía en que la celebración estaba "secuestrada por la izquierda".

Una entidad dependiente de las Cortes es la que tradicionalmente se ha encargado de la organización. Es la Fundación Castilla y León, cuyo nombre reemplazó en el año de la pandemia a la denominación clásica: Fundación Villalar. Al frente de la misma se encuentra el presidente del Parlamento autonómico, Carlos Pollán (Vox). El mismo que en el tiempo que lleva en el cargo ha evitado acudir a una celebración histórica donde suele ser habitual la presencia de cargos institucionales, entre los que destaca el presidente de la Junta. En 2022 se ausentó porque su participación no era "de vital importancia". Y este año ha preferido celebrar la fiesta autonómica participando en la jornada de puertas abiertas del Parlamento autonómico.

La fundación ya dio en enero un importante varapalo al municipio anunciando que no renovaría el convenio que ambas instituciones mantenían para la celebración del Día de Castilla y León. Un contrato para el arrendamiento de la Campa, el aparcamiento de autobuses o la Casa de la Cultura por el que el consistorio recibía alrededor de 35.000 euros. El motivo principal era el recorte presupuestario de la entidad, que ha pasado de 1,19 millones a 750.000 euros. Una disminución de fondos que también se ha visto reflejada en la aportación para la celebración de la fiesta en el municipio vallisoletano. Este año, se han puesto sobre la mesa 120.000 euros.

"Por lo general, el dinero que se destinaba rondaba los 180.000 euros", explica en conversación con infoLibre Luis Alonso, alcalde de Villalar de los Comuneros. Este exsocialista y ahora miembro de un partido independiente sabe bien de lo que habla, después de más de una década al frente del consistorio. "La estrategia es clara: no abandonan la fiesta pero la dejan morir por inanición", asevera el regidor al otro lado del teléfono. Por lo general, cuenta el alcalde, la fundación se ha encargado de toda la infraestructura básica. Sin embargo, denuncia que este año, debido al recorte presupuestario, se han quedado fuera de dicho paquete tanto los "escenarios" como los "equipos de música".

"En esta ocasión los vamos a poner nosotros", señala Alonso. En los últimos meses, el ayuntamiento ha estado haciendo encaje de bolillos para encontrar respaldos que les permitan mantener la fiesta a flote. Y lo han conseguido. "Hemos tenido la suerte de poder contar con los recursos de diferentes patrocinadores", explica el alcalde. Algo a lo que se suma la solidaridad de los artistas invitados. Dos ingredientes que han permitido al consistorio cerrar un cartel festivo de lo más interesante. Habrá recitales de poesía, presentaciones de libros, un encuentro con la presidenta del Grupo de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas Europeos –Iratxe García– y, por supuesto, música, con más de una decena de artistas.

Rechazo a la identidad regional

En la región, la importancia de Villalar es tal que incluso aparece en el preámbulo de su Estatuto de Autonomía. Fue allí donde sufrió a comienzos del siglo XVI su gran derrota un movimiento comunero alzado en armas contra la centralización del poder en manos de la Corona que encarnaba Carlos I. Era 23 de abril de 1521. De ahí que Castilla y León haya señalado en su estatuto dicha fecha como fiesta autonómica. Este año, la celebración cae en domingo. Lo lógico, por tanto, es que el festivo se hubiera movido al lunes. Igual que se hizo en 2017. Sin embargo, el Ejecutivo regional ha decidido trasladarlo al 25 de julio, día de Santiago, patrón de España. Otro detalle que no ha pasado desapercibido en medio de la batalla ideológica.

Enrique Berzal, autor de Los comuneros: de la realidad al mito, considera que la animadversión de Vox a la fiesta se explica sobre dos bases. En primer lugar, por el rechazo de un partido que ha criticado el Estado autonómico a todo aquello que ensalce cualquier "identidad" regional al considerar que "esto atenta contra la unidad nacional". "Pero Villalar no atenta contra la unidad nacional, ni mucho menos. Se puede compaginar esa lealtad nacional con la autonómica. Cuando los comuneros se levantan lo hacen para que se pongan límites al centralismo y al poder absoluto del rey, algo pensado para toda España, para todo el reino", sostiene el historiador.

Y luego está la asociación que se hace de esta fiesta con la izquierda. Una identificación que, según explica Berzal, se produce a finales de los ochenta, tras una Transición en la que la celebración había sido "muy transversal" alrededor de la "lucha por la democracia". Entonces, quien estaba al frente del Gobierno autonómico era José María Aznar. Un Ejecutivo que, entre otras cosas, tomó la decisión de que el Día de Castilla y León se celebrase cada año en una provincia diferente. "La Junta se desligó de Villalar, la marginó. Fue entonces cuando la campa –ese terreno que acoge la fiesta– quedó reservada fundamentalmente a los movimientos de izquierdas", señala el historiador. Luego, a comienzos de siglo, la situación volvió a normalizarse.

Una "ofensiva" ideológica

El secretario general del PSOE en Castilla y León y portavoz de la formación en el Parlamento regional, Luis Tudanca, lamenta que la derecha y la ultraderecha estén "a la antipolítica" y al "ruido" en lugar de ocuparse de cuestiones como la sanidad, el cuidado de los mayores o el aprovechamiento de los fondos europeos. En declaraciones a este diario, el dirigente socialista lamenta el "ataque" contra el Día de Castilla y León. Sin embargo, avisa que lo que está pasando en la región no es solo que haya una "ofensiva" contra "la fiesta de todos y todas", sino que la hay "contra las instituciones, contra la política, contra el parlamento y contra la gente de esta tierra".

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“Lo intentaron contra las mujeres con el protocolo antiaborto, lo han intentado contra el Parlamento, peineta incluida del presidente de la Junta, contra instituciones tan nuestras como el diálogo social… Y ahora lo hacen también con la fiesta de la comunidad”, resalta.

Pablo Fernández, portavoz de Podemos en las Cortes de Castilla y León, considera que las maniobras vistas hasta el momento forman parte de esa "ofensiva ultra" que busca "estrangular" por "motivos ideológicos" una fiesta con un claro componente reivindicativo y siempre ligada a luchas colectivas. "Y todo ello con la aquiescencia del PP, que permite que su socio del Gobierno ningunee la celebración", señala en conversación con este diario. Un movimiento ultra al que está convencido que se dará respuesta con una afluencia masiva y con más reivindicaciones que nunca. Por el momento, el manifiesto firmado por los principales colectivos carga con dureza contra el deterioro de los servicios públicos. Y contra la ultraderecha: "No queremos que nuestra tierra sea el ejemplo del retroceso para el resto de España".

El alcalde, mientras tanto, confía en que la edición de este año sea un éxito. O, por lo menos, que las condiciones meteorológicas sean mejores que las de la pasada. A partir de ahí, ya se verá cómo seguir resistiendo en las próximas ediciones. No obstante, está completamente convencido de que la histórica fiesta no morirá. Por más que se maniobre para borrarla. "Para nosotros es un orgullo, somos un icono que ha trascendido fronteras. Esto es imparable, nadie va a poder acabar con ella", asegura convencido.

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