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Elecciones gallegas

El ‘sorpasso’ gallego que ya se produjo hace 19 años

El 'sorpasso' gallego que ya se produjo hace 19 años

La mayoría de las encuestas publicadas este fin de semana anuncian mayoría absoluta del PP en Galicia, pero también un sorpasso político. sorpassoSi aciertan en sus pronósticos, la versión gallega del PSOE, el Partido dos Socialistas de Galicia (PSdeG), perderá la condición de alternativa al Partido Popular y se convertirá en tercera fuerza. Una hipótesis que preocupa y mucho a la dirección nacional del partido, especialmente a su secretario general, Pedro Sánchez, muy necesitado de privar de munición a enemigos internos y externos.

El verdugo de los socialistas gallegos, según los sondeos, sería En Marea, el experimento político impulsado por los nacionalistas de Xosé Manuel Beiras, la Izquierda Unida de Yolanda Díaz y la estrategia de alianzas de Pablo Iglesias, el líder nacional de Podemos, que tan buenos resultados les dio en las elecciones municipales de 2015.

Si así ocurre, por llamativo que resulte, no habrá sido la primera vez. El PSOE gallego se vio superado por su rival en el escenario político de la izquierda hace casi veinte años, en las elecciones autonómicas de 1997, poco después de la primera victoria de José María Aznar. El BNG obtuvo aquel año el mejor resultado de su historia bajo el liderazgo carismático de Xosé Manuel Beiras, que ya entonces combinaba prestigio intelectual y académico con una feroz oposición al Partido Popular de Manuel Fraga. Su figura política había sido clave en el creciente respaldo de los votantes al Bloque, hasta el punto de multiplicar, elección tras elección, los escaños del nacionalismo en el Parlamento de Galicia.

El empuje de Beiras se sumó en aquellas fechas a un momento de máxima debilidad del PSdeG. Derrotados en España el año anterior y gobernados por el entonces alcalde de A Coruña, Francisco Vázquez, tan querido en su ciudad como indeseado en el resto de Galicia, el PSOE ensayó una alianza diseñada para atraer el máximo posible de votos de la izquierda: una coalición con la marca gallega de IU (que en Galicia era apenas testimonial) y la de Los Verdes (un grupo prácticamente irrelevante en el escenario político gallego).

Al frente de esa coalición, Vázquez puso a su amigo Abel Caballero, exministro de Felipe González y diputado en el Congreso durante cuatro legislaturas, que se convirtió el 19 de octubre de 1997 en el candidato que llevó el PSOE gallego a uno de sus peores resultado hasta la fecha: 19,3% de los votos y sólo 15 escaños (dos de los cuales ni siquiera era suyos, pertenecían a militantes de IU que enseguida se trasladaron al Grupo Mixto).

Enfrente, el BNG de Beiras se hizo con el 25,11% de las papeletas y 18 escaños. Un sorpasso en toda regla que, sin embargo, fue incapaz de dañar la ya por entonces casi rutinaria mayoría absoluta de Manuel Fraga, que aquel año rozó el 53% de los votos y acumuló la friolera de 42 escaños (cuatro más de los que necesitaba).

Históricamente y a grandes rasgos ha sido siempre así: socialistas y nacionalistas se han repartido el voto progresista en Galicia desde las primeras elecciones. El PSdeG mejora o empeora sus resultados aprovechando el impulso (o sufriendo el retroceso) del PSOE nacional. Y el BNG retrocede o avanza aprovechando esa circunstancia. Esta vez las encuestas dibujan un reparto parecido al del 1997: de 18 a 20 escaños para En Marea y de 13 a 15 para el PSdeG.

La vuelta a la tortilla

Aquel escenario de 1997, que parecía haber mudado para siempre el equilibro de fuerzas a la izquierda del PP en Galicia, duró, sin embargo, relativamente poco tiempo. El PSOE tocó fondo, Vázquez dimitió y Emilio Pérez Touriño se hizo un año después con las riendas del partido. Como nuevo líder puso fin a un lustro de navegación a la deriva que le permitió empatar con los nacionalistas en las elecciones de 2001 en número de escaños, aunque en votos volvieron a ser terceros. Para entonces, el BNG había iniciado una estrategia de homologación con el PNV y Convergència, a pesar de sus evidentes diferencias ideológicas, que no obtuvo el eco esperado en las urnas. El fallido intento de construir una mayoría más allá de los límites del nacionalismo y la imposibilidad de transformar la estructura interna de la organización, dominada desde su fundación por la UPG [un partido comunista clásico nacido en la oposición clandestina al franquismo], están en el origen del resultado electoral del BNG de 2005, ya sin Beiras como cabeza de cartel, cuando el PSOE le dio la vuelta a la tortilla y recuperó el liderazgo de la izquierda. Lo hizo justo a tiempo: José Luis Rodríguez Zapatero acababa de convertirse en presidente del Gobierno y el PP, muy tocado en toda España tras el 11M y, en el caso de Galicia, por su gestión del desastre del Prestige, perdió la mayoría absoluta. Touriño se convirtió en presidente de Galicia con el respaldo del Bloque.

Casi veinte años después, la historia del sorpasso está a punto de repetirse, aunque la mayoría de sus protagonistas han cambiado de sitio. Francisco Vázquez es un simpatizante de Ciudadanos que atiza al PSOE sin compasión en las tertulias mediáticas de la derecha. Abel Caballero, avalado por su condición de alcalde de Vigo, es el jefe de la oposición interna al candidato de su propio partido y a su máximo mentor, el líder del PSOE, Pedro Sánchez. Xaquín Fernández Leiceaga, que en 1997 militaba en el BNG (del que fue cofundador) y hacía campaña por Beiras, es ahora el cabeza de cartel de un socialismo gallego empeñado en reeditar las guerras intestinas que le llevaron al pozo electoral de mediados de los noventa. El BNG, en retroceso constante, pelea a su vez por la supervivencia.

Beiras, sin embargo, aunque no es el candidato de En Marea ni la cabeza visible del sorpasso, sí sigue siendo a sus 80 años recién cumplidos su referencia intelectual y la pieza clave de la alianza del nacionalismo con Podemos. No en vano fue en Galicia en 2012 donde Pablo Iglesias, entonces asesor de Izquierda Unida y de su coalición con el partido de Beiras, concibió la estrategia política que daría lugar al nacimiento de la formación morada.

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No estaba en la foto en las elecciones de 1997 el candidato de En Marea, el juez Luis Villares. Un fichaje sorpresa con el que la alianza del nacionalismo con la nueva izquierda quiso encarnar el cambio político en Galicia.

El que sí estaba, aunque en segundo plano, era Alberto Núñez Feijóo, al que todas las encuestas sitúan de nuevo en la Presidencia y, lo que es lo mismo, a la cabeza de los aspirantes a suceder a Mariano Rajoy cuando llegue el momento.

Feijóo era entonces una joven promesa del Partido Popular con sólo seis años de experiencia política. Suficientes, en todo caso, para que el ministro José Manuel Romay Beccaría le pusiese al frente del Insalud (el instituto estatal que entonces gestionaba la sanidad pública todavía no transferida a las comunidades autónomas) en el primer Gobierno de José Maria Aznar. Tenía 36 años y aún compartía vacaciones y una estrecha relación personal con Marcial Dorado,compartía vacaciones y una estrecha relación personal con Marcial Dorado, el narcotraficante sobre cuyos negocios Feijóo jura y perjura que no sabía nada pese a que su vinculación con el mercado ilegal de la droga ya era entonces del dominio público.

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