Putin deja en evidencia a sus aliados en la extrema derecha tras usarlos para debilitar la UE

Vladimir Putin y Viktor Orbán se saludan antes de una reunión en Hungría, Budapest, en 2019.

A los líderes de la derecha europea les gusta fotografiarse juntos. Lo hicieron en Varsovia (Polonia) en diciembre del año pasado y otra vez, convocados por Vox, en enero de este año en Madrid. Es lucido, atrae a los medios, queda bien. Pero, aparte de fotos y reivindicaciones de la nación, la tradición y la herencia cristiana, ¿qué acuerdan? No mucho. Y la razón principal se llama Vladimir Putin, que divide a la extrema derecha y que ahora con su ataque contra Ucrania sitúa a buena parte de la misma en una posición incómoda. Los tratos con el presidente ruso o su entorno persiguen a la francesa Marine Le Pen, al italiano Matteo Salvini y a la alemana Alice Weidel, entre otros. Caso aparte es el húngaro Viktor Orbán, gran aliado de Putin en la UE, que este martes regateó una condena expresa al ataque hasta que, cada vez más aislado en su ambigüedad, terminó por realizarla. No es cómodo hoy ser amigo de Putin, condición que deja abierto un enorme flanco para la crítica de los adversarios. El motivo es claro: Putin ha pasado a las armas tras una prolongada ofensiva híbrida contra la UE apoyado en fuerzas de extrema derecha.

¿Y Vox? La ultraderecha española es de las más atlantistas del club, junto con Chega (Portugal) y un escalón por debajo de los rusófobos de Polonia y los países bálticos, enemigos a muerte del gran oso. No obstante, el partido de Santiago Abascal publicó este martes un comunicado de "condena" que disipaba parte de su fuerza en el reproche al "fracaso y la irresponsabilidad" de la Comisión Europea, una posición que refleja las dificultades de la familia política de la extrema derecha para hablar de Putin conservando una mínima unidad.

El otanismo de Vox

En España, tan lejos de Rusia, la extrema derecha acredita una trayectoria otanista y pro-USA. Sin embargo, la misma ha sido compatible con una fascinación por el autoritarismo nacionalista de Putin, sus formas amenazantes, su desprecio por el buenismo europeo, su reivindicación de las raíces cristianas de Occidente y su defensa de la "familia tradicional". El propio Abascal reproducía, en los inicios de Vox, un mensaje de Putin contra el terrorismo

Pero ni esta afinidad ideológica ni las conexiones con Rusia de Hazte Oír, grupo de ultraderecha católica vinculado a Vox desde los orígenes del partido, alteran en lo esencial el posicionamiento otanista de Abascal y los suyos.

Esta inclinación de Vox está sellada en su origen. Vox es –en parte– una escisión del PP, partido fundado por ministros de un régimen, el franquismo, que ejerció el papel de "centinela de Occidente" durante la Guerra Fría. Además, una figura clave del despliegue fuera de España de Vox es Rafael Bardají, asesor de los ministros de Defensa del PP Eduardo Serra y Federico Trillo y exdirectivo de FAES, que ejerce como enlace del partido de Abascal con la derecha neoconservadora en Estados Unidos, como explica Steven Forti en Extrema Derecha 2.0. Qué es y cómo combatirla (Siglo XXI, 2021).

Aunque los dos sean atlantistas, no hay que confundir las posiciones de Ley y Justicia (Polonia) y Vox. Para los nacionalistas polacos en el Gobierno el rechazo a Rusia es una cuestión existencial. "En España la cuestión rusa nos queda muy lejos, pero para muchos países es crucial. Para Polonia es central en su identidad nacional", explica a infoLibre Forti, que ve inverosímil un acuerdo de polacos o bálticos con el Fidesz de Viktor Orbán, que gobierna Hungría, con La Lega de Matteo Salvini, que forma parte del Ejecutivo de Mario Draghi, o con la Agrupación Nacional de Marine Le Pen. ¿La razón? Siempre la misma: Putin.

En Polonia gobierna el partido nacionalista Ley y Justicia, integrado junto a Vox en Europa en el Grupo de Conservadores y Reformistas. Aunque esquemáticamente las visiones de Mateusz Morawiecki y Putin ofrecen coincidencias –soberanía, identidad, tradición–, lo que los separa es insalvable.

La desconfianza se extiende a Lituania, Letonia y Estonia, tres Estados miembros de la UE. Como anota Forti en su ensayo, tanto en Varsovia como en las tres capitales bálticas, Vilnius, Riga y Tallin, "ningún nacionalista puede ser rusófilo". En estos países, Estados Unidos y la OTAN son vistos como garantes de independencia frente a la amenaza rusa.

Orbán, referente de Abascal y aliado de Putin

Para irritación de polacos y bálticos, hay múltiples antecedentes que prueban proximidad entre las extremas derechas europeas y Putin. Sobresale el caso de Orbán, referente político de Abascal. Aunque Morawiecki y el primer ministro húngaro suelen ser descritos como un frente de aliados por su ultraconservadurismo nacionalista, su deriva autoritaria y su choque con Bruselas, lo cierto es que hay serias diferencias.

Hungría mantiene con Rusia una relación de "pragmático compromiso" que en la práctica se traduce en que Putin tiene en Orbán a su principal aliado en la UE. No en vano, Orbán y Putin se reunieron en Moscú el 1 de febrero, ya en plena crisis ucraniana, exhibiendo sintonía. Orbán se presentaba en aquella visita como enviado para una "misión de paz", equidistante entre la UE y Rusia. Putin, en la misma reunión, le garantizaba el suministro de gas.

La visita de Orbán a Putin evidenciaba el escaso o nulo efecto real de la declaración firmada en la llamada "cumbre de Madrid" por el líder húngaro junto a Le Pen, Morawiecki y Abascal, que acusaba a Rusia de situar a Europa "al borde de una guerra".

Orbán encarna las posiciones más próximas a Rusia. Este mismo martes, su ministro de Exteriores, Péter Szijjártó, publicó un vídeo en el que defendía la soberanía ucraniana, pero sin condenar el ataque ruso. Una reacción muy alejada de la expresada por el líder polaco Morawiecki, que este martes declaró: "Debemos responder de inmediato a la agresión criminal de Rusia". Más tarde, Orbán sí condenó el ataque.

El "viva Putin" de Salvini

La pista rusa no lleva sólo hasta Budapest. Matteo Salvini (La Lega) también es afín a Putin. Como recuerda Forti en su ensayo, en la galaxia derechista italiana ha sido frecuente el antiamericanismo. Ya Silvio Berlusconi mantenía una relación privilegiada con Putin. No obstante, ha sido Salvini el que ha dado el salto cualitativo.

En octubre de 2018 Salvini dijo desde la capital rusa: "En Rusia me siento como en casa, mientras que en algunos países de la Unión Europea, no". Su figura está marcada por caso Metropol, en referencia al hotel ruso en que se reunieron unos colaboradores suyos con hombres vinculados al Kremlin. Su partido, que fue puesto bajo sospecha de financiación rusa, ya había firmado antes un acuerdo de cooperación con Rusia Unida, igual que el Partido de la Libertad austriaco, otra formación ahora señalada. Salvini condenó este jueves en Twitter "cualquier agresión militar", sin citar a Rusia, aunque sí dio apoyo a una "respuesta común de los aliados".

Su cercanía a Putin le pasa factura en Italia. Hermanos de Italia, la fuerza de extrema derecha de Giorgia Meloni, le achica el espacio con unas posiciones nítidamente antirrusas. Este mismo martes Salvini era urgido a "elegir bando". Además, en su propio partido, La Lega, el ministro Giancarlo Giorgetti es considerado "el hombre de referencia de la embajada estaounidense en Roma", explica Forti. La pregunta es si Salvini está a tiempo de quitarse el estigma de hombre de Putin, del que ha llegado a dar "vivas" y del que tantas veces ha salido en defensa cuando otros reclamaban sanciones. Salvini y Putin, durante la etapa de ascenso político del primero, compartieron estrategia de desestabilización de la UE. Todo eso pesa hoy.

Dinero ruso en Francia

Otra líder europea con motivos para estar incómoda es Marine Le Pen, presidenta de Agrupación Nacional, vinculada desde hace más de un lustro con Putin, al que también ha defendido de las iniciativas para sancionarlo. Ambos han prodigado encuentros y declaraciones cómplices. Le Pen recibió al menos 11 millones de bancos rusos para la campaña de las europeas de 2014, anota Forti. La sombra rusa también planeó sobre la campaña presidencial de 2017, cuando En Marche!, el partido de Emmanuel Macron, sufrió varios ciberataques que fueron atribuidos a grupos rusos.

Además de dificultarle la cooperación con otras fuerzas de extrema derecha, sus afinidades con Putin le complican las cosas en clave interna. Al igual que a Salvini, a Le Pen le recuerdan ahora su proximidad con el líder ruso. Además, en su propio espacio –también igual que Salvini– las figuras emergentes se muestran más próximas a Estados Unidos, como su propia sobrina, Marion Maréchal, considerada una futura líder de futuro de ese espacio político, y el candidato Éric Zemmour, a quien el sociólogo Guillermo Fernández, autor de Qué hacer con la extrema derecha en Europa. El caso del Frente Nacional, ve "nítidamente atlantista". Le Pen condenó este martes el ataque ruso "sin ambigüedad". Las elecciones son en abril.

Alemania y Austria

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Si Vox y Ley y Justicia están en el grupo de Conservadores y Reformistas, en el grupo Identidad y Democracia se reúnen a formaciones como la francesa Agrupación Nacional, La Lega, Alternativa para Alemania y el austriaco Partido de la Libertad. Todos tienen en común coqueteos o colaboraciones con la órbita de Putin. De hecho, un informe aprobado por el Parlamento europeo en enero, que denunciaba la injerencia rusa en el procés catalán y en el Brexit, alertaba también del apoyo a Rusia de las extremas derechas de Francia, Italia, Alemania, Hungría y Reino Unido.

Alternativa para Alemania mira con interés a Rusia desde su fundación en 2013. Su anterior líder, Frauke Petry, visitó Moscú en febrero de 2017 para reunirse con dirigentes cercanos a Putin. El mismo recorrido hizo la actual líder, Alice Weidel, en marzo de 2021. Antes, en diciembre de 2020, una delegación de Alternativa para Alemania se reunió en la capital rusa con el ministro de Exteriores de Putin, Serguéi Lavrov, que utilizaba a los ultras para intentar templar su relación con el Gobierno alemán. Este martes Alice Weidel decía que el "ataque ruso no puede justificarse", al mismo tiempo que pedía hacer "ofertas creíbles al socio ruso".

En cuanto a la vinculación de la extrema derecha austriaca con Rusia, se hizo evidente con el conocido como caso Ibiza, que en 2019 afloró unas grabaciones de una noche de fiesta en la isla balear en las que el que entonces era líder del partido, Heinz-Christian Strache, y otro dirigente trataban una supuesta financiación rusa a cambio de favores políticos. El caso fue decisivo en la caída de la coalición de la extrema derecha con el Partido Popular de Sebastian Kurtz.

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