La persona y el espejo Luis García Montero
En este tiempo de crispación, prisas, mentiras, invitaciones al odio, ley del más salvaje, sálvese quien pueda y el último que cierre la puerta, el pseudoperiodismo y el envilecimiento de algunos medios de información hacen su agosto en el invierno democrático. Cuando asisto al espectáculo del todo vale en el decir y en el comportarse, me acuerdo con frecuencia de Baudelaire. Su magisterio nos enseñó a los poetas contemporáneos que, al escribir, hay que mirarse a uno mismo. No basta con escribir, hay que saber dónde se escribe y qué lugar ocupa uno al escribir. Baudelaire nos enseñó que hace falta mirarse, vigilarse, comprenderse. Uno de sus poemas más conocidos, El hombre y el mar, empieza con una afirmación tan rotunda como engañosa: “Hombre libre, siempre adorarás el mar”.
La libertad se pone en relación con el mar de manera inmediata gracias a las navegaciones, las aventuras, las distancias, los vientos, los mástiles y las orillas. El pirata de Espronceda tardó poco en romper el yugo del esclavo a despecho de los ingleses. Celebró el tesoro de su barco y su devoción por la libertad. Pero a Baudelaire le gustaba observarse, ser conflictivo, y no se detuvo en el velero bergantín que, viento en popa y a toda vela, cortaba las aguas del uno al otro confín. Baudelaire hizo también del mar un espejo para contemplar su propia imagen, su alma, las turbiedades.
Mirarse al espejo resulta algo poco complaciente. Además de las arrugas y el paso de los años, además de los defectos que nos apuntan o nos despuntan en la superficie, la profundidad del alma hace acto de presencia en la mirada, con sus torbellinos, sus abismos y las sangrías interiores. Cuando uno tiene al alma más o menos tranquila, la mirada del espejo es llevadera. Pero supongo que debe ser difícil convivir con el espejo cuando uno es un corrupto, y no sólo por haber robado, sino por haberse convertido en un vasallo de los rencores o las diversas formas de estercolero que están hiriendo la democracia a través de la crispación, los egoísmos y los bulos.
En la prisa de los tiempos que marcan el pseudoperiodismo y los teleoligarcas, pienso más en los mentirosos que en sus víctimas cuando veo que alguien firma con su nombre y lanza un bulo hacia otra persona. Es el infame quien merece un sentimiento de compasión. Todo va tan rápido que las mentiras tardan un día en diluirse para dar paso a otros bulos nuevos, otros insultos que reclama la crispación. La infamia hoy es un recurso de actualidad. Te pueden llamar ladrón, derrochador, pesebrero, corrupto, cualquier cosa, y los ataques hacen poco daño, porque las acusaciones tardan poco en desaparecer cuando no hay debajo de ellas ninguna verdad. El insulto del lunes desaparece en el griterío del miércoles. Uno puede hasta reírse de las invenciones ajenas.
Cuando uno tiene al alma más o menos tranquila, la mirada del espejo es llevadera. Pero supongo que debe ser difícil convivir con el espejo cuando uno es un corrupto, y no sólo por haber robado, sino por haberse convertido en un vasallo de los rencores
Pero supongo que otra cosa distinta debe ocurrir en los ojos del pseudoperiodista cuando se mira en el espejo y empieza a observar su alma en las profundidades marinas de la intimidad. La lógica de la mezquindad ha asaltado la información, muchos profesionales se han visto obligados a olvidarse de su dignidad para ponerse al servicio de los millonarios que no quieren pagar impuestos y buscan gobiernos sometidos. La comunicación subvencionada puede hacer hoy presidente a un violador, a un señor impúdico o a una señora capaz de degradar la sanidad pública y las residencias de ancianos para enriquecer a su novio. Todo es así, y ya es una afligida costumbre.
Pero sobre las costumbres y las superficies está la propia imagen: ese soy yo. Mirarse al espejo después de mentir, informar en falso y acusar con infamias a otra persona no debe ser fácil. Si pensamos en la intimidad de quien se coloca delante del mar o de un espejo, las mentiras acaban por hacer más daño al mentiroso que a su víctima. Tal y como va el mundo, las personas decentes pueden incluso reírse ante las noticias y acusaciones descalabradas que inventa la prensa estercolero. Mucho más difícil debe ser ensuciar el propio nombre en la firma de una calumnia. Uno empieza obligado por las circunstancias y acaba interiorizando la basura del estercolero en el que le ha tocado trabajar. Los rencores, los fracasos y los abismos devoran la existencia de las noches y los días. Más que adorar el mar, como el poeta de Baudelaire, este rebaño acaba hundido en el infierno de su propia mezquindad.
Las miserias particulares infectan lo público tanto como la miseria pública infecta las vidas privadas. La desinformación es una de las grandes heridas de la democracia.
Lo más...
Lo más...
LeídoTu cita diaria con el periodismo que importa. Un avance exclusivo de las informaciones y opiniones que marcarán la agenda del día, seleccionado por la dirección de infoLibre.
Quiero recibirlaPastilibros
Entre el concepto, el hallazgo y la cercanía
'La gente', una nivola de Felipe Benítez Reyes
¡Hola, !
Gracias por sumarte. Ahora formas parte de la comunidad de infoLibre que hace posible un periodismo de investigación riguroso y honesto.
En tu perfil puedes elegir qué boletines recibir, modificar tus datos personales y tu cuota.