Trump, Carney y la grieta que se abre Beatriz Gimeno
Un año después de que Donald Trump regresara a la Casa Blanca, su estrategia de comunicación sigue siendo un puñetazo en el estómago de cualquiera que crea en la verdad.
Escuché ayer, en Radio Nacional de España, un audio brutal de Eva Baroja, esa periodista que clava el dedo en la llaga del trumpismo. Lo resume sin filtros: “Trump actúa como un crío de primaria, impaciente y caprichoso, obsesionado con ser el centro del mundo”. Rabietas por no pillar el Nobel, saltos legales como quien pisa charcos, y esa fijación loca con Groenlandia o Venezuela. Pero el núcleo de su poderío está en la estrategia de comunicación de Steve Bannon para Trump, conocida como "flood the zone with shit" o "inundar la zona de mierda". Consiste en saturar el espacio mediático con una avalancha de información, rumores, noticias falsas y escándalos para desorientar al público y a los medios. Un tsunami de falsedades, rumores y escándalos que nos deja boquiabiertos, sin saber qué creer. Y ojo, porque aquí en España ya lo hemos vivido de cerca, con Alberto Núñez Feijóo desatando su propio galope de Gish contra Pedro Sánchez.
No es casualidad. Bannon lo soltó clarito en 2018: “La oposición real son los medios. Hay que inundarlos con mierda”. Imagina la escena: Trump tuitea a las tres de la mañana sobre fraudes electorales, al día siguiente anuncia aranceles sorpresa, y por la tarde ataca a la justicia. Todo mezclado con medias verdades y provocaciones. El objetivo no es convencerte de una gran mentira, sino agotarte. Los periodistas corren a verificar, el público se marea, y al final, la verdad se diluye en el ruido. Baroja lo pinta perfecto: “Abrumar con anuncios, info falsa y escándalos hasta que nadie distingue lo real”. Hoy, en 2026, con Trump de nuevo al mando, es un reality show nonstop: Gaza, inmigrantes, fiscales en la mira. Nos quedamos mirando, exhaustos.
Trump tuitea a las tres de la mañana sobre fraudes electorales, al día siguiente anuncia aranceles sorpresa, y por la tarde ataca a la justicia. Todo mezclado con medias verdades y provocaciones. El objetivo no es convencerte de una gran mentira, sino agotarte
El galope de Gish es el hermano pequeño de esa bestia. Nombrado por el creacionista Duane Gish, que machacaba a científicos con avalanchas de datos falsos en debates, consiste en soltar una ráfaga de argumentos débiles o mentirosos tan rápido que refutarlos uno a uno es imposible. ¿La conexión con Bannon? Misma familia: saturación para ganar por cansancio. Mentir sale barato y rápido; corregir exige horas de datos y paciencia. El público capta la imagen de “el que domina los números”, no los detalles.
Y aquí viene lo que nos dolió en carne propia. El debate de julio de 2023 entre Sánchez y Feijóo fue un galope de Gish en prime time. Feijóo no debatió; bombardeó. Cifras sesgadas sobre paro y pensiones, medias verdades sobre pactos con independentistas, ataques relámpago a la reforma laboral. Todo encadenado a velocidad infernal, sabiendo que Sánchez tenía 90 segundos para respirar. No importaba la precisión —muchas fueron desmontadas después, como las manipulaciones sobre empleo o presupuestos—; primaba el efecto: proyectar control, dejar al rival a la defensiva. Era Bannon en formato español: el galope como herramienta puntual dentro de un “flood the zone” mayor, amplificado luego en redes por el PP.
Esta estrategia no nació ayer. Putin la patentó con su “manguera de falsedades” o "firehose of falsehood desde Crimea en 2014: miles de narrativas contradictorias vía RT y trolls, para justificar invasiones sin dar explicaciones coherentes. Goebbels inundaba radios con propaganda nazi, aunque más ideológica. En España, VOX lo intenta en parlamentos con mociones caóticas y memes tóxicos sobre la DANA. Feijóo lo subió de nivel, integrando el galope en la caja de herramientas conservadora: embarrar para no hundirse.
¿Y el daño? Te revuelve las tripas. Vivimos sobreinformados, pero el cerebro humano no aguanta. Nos entumecemos, llegamos al cinismo: “Todos mienten igual”. Trump lo hace global con sus caprichos presidenciales; Feijóo lo vuelve local, robando la percepción en un cara a cara clave. Baroja lo clava comparando a Trump con un niño revoltoso: atención constante, cero límites. Nos roban el debate real, nos dejan con la rabia de no poder seguir el ritmo.
Escuchar a Eva Baroja me dio un subidón de esperanza entre tanta bilis. Estos tipos nos quieren ahogados en mierda, pero la claridad es un salvavidas. En este 2026 incierto, desde España decimos basta: exigimos pausas, pruebas, honestidad. Pedro Sánchez le plantó cara; ahora nos toca a todos. Porque quien resiste el tsunami, acaba en pie.
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José González Arenas es secretario de medio ambiente del PSOE de Córdoba.
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