La ciencia sin ética deja de ser ciencia

Vanessa Vilas-Riotorto

La decisión del Gobierno de retirar la Gran Cruz de la Orden Civil de Sanidad al psiquiatra Antonio Vallejo-Nájera es un acto de justicia institucional que interpela directamente a la profesión sanitaria y recuerda una lección que nunca debería olvidarse.

Vallejo-Nájera no fue únicamente uno de los principales referentes de la psiquiatría española durante el franquismo. Sus postulados sobre el denominado “gen rojo” pretendieron otorgar apariencia científica a una persecución política e ideológica. Bajo una falsa legitimidad médica, presentó el compromiso con los valores republicanos como una supuesta expresión de inferioridad moral y biológica, contribuyendo a construir un discurso que justificó la represión de miles de personas.

Aquellas teorías no quedaron encerradas en los libros. Alimentaron políticas de exclusión, legitimaron la separación de hijos e hijas de mujeres republicanas encarceladas y contribuyeron a patologizar la disidencia política. La psiquiatría dejó de ser una herramienta para comprender y aliviar el sufrimiento humano para convertirse, en determinados momentos, en un instrumento de control social.

La historia demuestra que la deshumanización empieza cuando determinadas personas dejan de ser consideradas sujetos plenos de derechos y pasan a ser clasificadas como amenazas, desviaciones o vidas de menor valor. Cuando ocurre, el conocimiento científico deja de servir a la verdad para convertirse en un mecanismo de poder y legitimación de la violencia.

Por eso, retirar esta condecoración no constituye un gesto simbólico sin consecuencias. Supone reconocer el daño causado a las víctimas y asumir que las instituciones democráticas tienen la responsabilidad de reparar aquellas decisiones que otorgaron prestigio y reconocimiento público a quienes contribuyeron a vulnerar derechos fundamentales.

La retirada de la Gran Cruz a Antonio Vallejo-Nájera envía un mensaje claro: la excelencia profesional nunca puede desligarse de la ética y del respeto a la dignidad humana

La ética profesional exige mirar de frente ese pasado. Ninguna disciplina científica está inmunizada frente a la manipulación ideológica. Actuar como figura de autoridad en nuestro ámbito de conocimiento conlleva una enorme responsabilidad, precisamente porque sus consecuencias trascienden los laboratorios y las consultas para influir en las leyes, en las acciones políticas y en la vida de las personas.

La autoridad profesional no puede convertirse en coartada para legitimar decisiones políticas que despojan de derechos a una parte de la población, cuando el discurso científico se pone al servicio del poder y termina legitimando desigualdades, discriminaciones y vulneraciones de derechos que, de otro modo, resultarían inaceptables.

La retirada de la Gran Cruz a Antonio Vallejo-Nájera envía un mensaje claro: la excelencia profesional nunca puede desligarse de la ética y de respeto a la dignidad humana. La memoria de las víctimas merece reparación, pero también merece una sociedad capaz de recordar que la ciencia solo cumple plenamente su misión cuando protege derechos, nunca cuando contribuye a negarlos.

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Vanessa Vilas-Riotorto es socia de infoLibre.

Vanessa Vilas-Riotorto

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