Música
Bruce Springsteen, Neil Young o Green Day: Trump y el ICE reactivan la ira de la canción protesta
Se espera el ataque definitivo de Green Day contra Donald Trump este próximo 8 de febrero en la apertura de la Super Bowl LX, un evento que cada año supera ampliamente los cien millones de telespectadores mundiales y en el que el plato principal lo servirá el artista del momento, el puertorriqueño Bad Bunny, que canta en español y ha evitado deliberadamente pisar con su gira suelo estadounidense para prevenir que el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas estadounidense (ICE) espere a la salida de sus conciertos al público latino.
"Soy anti ellos", ha declarado el presidente al saber que ambos protagonizarán semejante evento mediático. Green Day ya ha comparado a Trump con Hitler o ha cambiado la letra de American idiot para adaptarla a los nuevos tiempos cantando "no soy parte de una agenda MAGA". Además, en 2024 sacaban a relucir su punk más respondón en su propio cañonazo directo contra el mandatario: The american dream is killing me. Va a ser, tiene que ser, la Super Bowl de la canción protesta del siglo XXI.
Y eso que la final de la liga nacional de fútbol americano ya se ha usado otros años como altavoz a toda potencia, por ejemplo cuando en 2017, en el primer mandato de Trump, Lady Gaga abrió su actuación cantando el clásico popular protestón por excelencia, This land is your land, obra de Woodie Guthrie, quien en los años cuarenta del siglo XX ya actuaba con una frase icónica escrita en su guitarra: "Esta máquina mata fascistas". Pues este año, más protesta y todavía más alto.
Muchas veces ha cantado This land is your land Bruce Springsteen, el antagonista más persistente y ruidoso de Trump, que ha vuelto a 'poner de moda' la canción protesta con Streets of Minneapolis, un tema compuesto, grabado y publicado en apenas cinco días "en respuesta al terrorismo de Estado" que asola la capital de Minesota. "Está dedicada a la gente de Mineápolis, a nuestros inocentes vecinos inmigrantes y en memoria de Alex Pretti y Renee Good", anunciaba el miércoles el rockero de New Jersey sobre este tema en el que habla del "Rey Trump" y sus "matones federales".
Queda fuera de toda duda el compromiso de Springsteen, que por supuesto no es de ahora, con las víctimas y los ataques a los derechos humanos. Algo que en el año 2000 llegó a ponerle a la policía de Nueva York en contra, algo desconcertantemente inédito (pues es uno de los héroes de la ciudad) y provocado por American skin (41 shots), canción que denuncia el asesinato del joven guineano (y desarmado) de 23 años Amadou Diallo al ser tiroteado por cuatro agentes. El alcalde por aquellos días, Rudy Guliani, le pidió públicamente que no tocara el tema y los sindicatos policiales llamaron al boicot durante los diez conciertos que tenía previstos aquel verano en el Madison Square Garden. Fiel a sus principios, por supuesto que la tocó.
La canción contestataria nunca se fue, en definitiva. Siempre ha estado ahí y, de hecho, está. Puede ser una composición nueva y específica, o emerger en un gesto más sencillo, como cuando recientemente el rapero Ice-T cambiaba la letra del clásico de su banda Body Count Cop killer por ICE killer. La crítica, sea de la forma que sea, pone el foco en lo importante cuando las cosas se ponen feas, despierta conciencias, espolea el espíritu individual y refuerza lazos en comunidad. Eso sucede siempre que cantamos juntos, en cualquier situación, pero el poder de la música se multiplica exponencialmente cuando defiende con firmeza y solemnidad la igualdad, la verdadera libertad y los derechos humanos.
Una banda sonora a la altura de los tiempos
Otra cosa es que hablar de canción protesta nos retrotraiga en el caso de Estados Unidos a períodos muy concretos como las marchas de Martin Luther King o las manifestaciones contra la guerra de Vietnam de los años sesenta, con Joan Baez o Bob Dylan al frente cantando aquello de 'los tiempos están cambiando', Blowin' in the wind o clásicos folk norteamericanos como We shall overcome. La etiqueta nos sitúa también en los años setenta y ochenta en Latinoamérica y España, precisamente porque los períodos de revolución ciudadana contra el poder requieren una banda sonora a la altura. Y quien dice que una canción no sirve de nada, lo dice justamente porque sabe que sí sirve.
Esa tradición de cantautor que pone voz a las quejas de una generación es la que recoge Bruce Springsteen —quien ya dedicara hace dos décadas todo un álbum completo y una gira mundial al cancionero de Pete Seeger, icono máximo de la canción protesta junto a Wooddy Guthrie— con Streets of Minneapolis. Quizás el himno directo, certero, un tanto épico, casi periodístico en su retrato a la vez que poético, pero sobre todo actualizado para relatar estos tiempos, que les faltaba a los estadounidenses y a todos los que se posicionan en pie contra Trump y sus secuaces del ICE. No ha sido el único, pero como es 'El Jefe', se ha colocado automáticamente delante en el frente.
A su lado, otros como Neil Young, autor de ese otro cañón contestón que es Rockin' in the free world, que pone de vuelta y media al presidente en la reciente Big crime, en la que no se anda ni medio segundo por las ramas: "Hay crímenes graves en DC en la Casa Blanca. No necesitamos reglas fascistas. No queremos escuelas fascistas. No queremos soldados en nuestras calles (...). Hay que expulsar a los fascistas, hay que limpiar la Casa Blanca. No más dinero para los fascistas, para los fascistas multimillonarios. Es hora de clausurar el sistema”.
A sus 33 años, a Jesse Welles se le compara con Woody Guthrie y recuerda al antaño más contestatario Bob Dylan o al propio Neil Young, además de estar influido por escritores como Mark Twain y Cormac McCarthy. Aparte de dedicarle una canción nada cariñosa al presidente, Trump trailers, ha escrito otra titulada irónicamente Join ICE (únete al ICE), en la que arremete contra los agentes: "Si buscas un propósito en el circo actual, si buscas respeto y atención, si necesitas un trabajo que te haga sentir importante, ven conmigo y detenemos a algunos. La semana pasada fue un poco dura, esposé a un niño, até a una mujer a una camioneta con bridas, podemos escabullirnos por la ciudad y cazar a los trabajadores, he oído que tienen un gran plan de beneficios. Si te falta control y autoridad, ven conmigo y caza a las minorías. Únete a ICE".
El músico inglés Billy Bragg lleva varias décadas cantando al movimiento obrero y apenas unas horas después de Bruce Springsteen ha compartido su propia canción para expresar y compartir el impacto provocado por los asesinatos de Renee Good y Alex Pretti, tiroteados por agentes del ICE. La suya se titula City of heroes y tiene estrofas como esta: "Cuando vinieron por los inmigrantes, me enfrenté a ellos. Cuando vinieron por los refugiados, me enfrenté a ellos. Cuando vinieron por los niños de cinco años, me enfrenté a ellos. Cuando vinieron a mi barrio, simplemente me enfrenté a ellos. Usan gas lacrimógeno y gas pimienta contra nuestros silbatos y nuestros teléfonos. Pero en esta ciudad de héroes, protegeremos nuestro hogar".
Ser el guitarrista de Rage Against the Machine ya es suficientemente explícito, pues prácticamente todo su repertorio es rock de combate, pero es que, sin el resto del grupo, Tom Morello está practicando un activismo incansable ya desde la primera presidencia de Trump. En su incendiaria guitarra, que sigue enchufando a los amplificadores ahora como solista, ha ido pegando carteles con mensajes como "Not my president", "Fuck ICE" o "Fuck Trump", y este viernes 30 de enero se ha puesto también en primera línea con un concierto en el centro de Mineápolis en el que ha contado con el apoyo de Rise Against, Al Di Meola & Ike Reilly y, claro, de nuevo, su otrora jefe y sin embargo amigo Bruce Springsteen (pues de forma temporal formó parte de la E Street Band allá por 2013).
No nos vamos a remontar al antibelicista Give peace a chance de John Lennon de 1969, pero es sin duda un himno genérico que merece la pena mencionar. Sí vamos a retroceder hasta el primer mandato de Trump, cuando en 2016 se puso en marcha la campaña 30 days 30 songs, con canciones de recibimiento al mandatario republicano de Jim James, R.E.M., Franz Ferdinand, Lila Downs, Ani DiFranco, Josh Ritter o Death Cab For Cutie. Esta última se titula Million dollar loan: "Desde una gran altura está mirando hacia abajo en su ciudad por la noche, desde una habitación dorada. Y está orgulloso de decirlo. Construyó su fortuna a la vieja usanza. Porque para tener éxito solo hay una cosa que realmente necesitas: un préstamo de un millón de dólares".
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Hablamos de lo que está ocurriendo estos días en Estados Unidos con la cultura como muro de resistencia contra los desvaríos autoritarios de Trump, pero fijemos la mirada en lo más cercano para terminar. En España, la canción protesta más específica, como decíamos, nos lleva directamente al fin de la dictadura, la Transición, la recuperación de la democracia o el referéndum de la OTAN. Porque la cultura siempre se impregna de lo que pasa en la calle y luego se lo devuelve convenientemente procesado en forma de canción, película, obra de teatro o literatura. Da igual la forma, pero ese es su poder: explicarnos a nosotros mismos y a la condición humana en el contexto de cada momento.
Es así como, tan pegado al asfalto callejero, el rock radikal vasco (La Polla Records, Fermin Muguruza) cogió el testigo airado de la queja, que pasó después al rock urbano (Rosendo, Barricada) y al punk de los noventa (Ska-P, Reincidentes), al mismo tiempo y después con los cantautores (Ismael Serrano, Rozalén, Marwán) o los raperos (Los Chikos del Maíz, La Raíz) siempre ojo avizor pero abriendo su paleta a otros muchos temas cotidianos.
Cada momento tuvo su banda sonora, podríamos mencionar a muchos, pero siempre está bien hablar del compromiso obrero y antifascista de Nacho Vegas, pues su N.V. por la paz mundial nos sirve de adecuado epílogo sobre el poder transformador de la música: "No hay guerra mundial, ni arma química capaz de matar algo tan intenso. Cantaremos con las víctimas un blues que suene de aquí a la eternidad y nos traiga la luz. No, no hay guerra mundial, no hay droga capaz de matar todo este dolor. Nos veremos en la gloria y quizás allí descubramos la canción que nos traiga la paz".