David Uclés: "Creo en el poder del arte para generar esa esperanza tan necesaria en tiempos oscuros"
Un apagón total deja Barcelona sin luz. Ni artificial, ni solar, solo el leve resplandor del fuego y una claridad tenue que nadie sabe de donde procede. La oscuridad amenaza la supervivencia de la propia ciudad. Parece haberlo provocado una joven Carmen Laforet, pero nadie sabe nada realmente aparte de que la sensación de peligro es evidente. Este es el punto de partida de la nueva novela de David Uclés y, a partir de ahí, se desata la magia de la realidad que habita en la ficción.
El desconcertante suceso hace que una constelación de artistas y escritores relacionados con Barcelona en diferentes épocas traten de averiguar lo sucedido: Julio Cortázar, Ana María Matute, Freddie Mercury, Ana María Matute, Pau Casals, Nuria Espert, Montserrat Roig, Pablo Picasso, Salvador Dalí, Simone Weil, Montserrat Caballé, Terenci Moix, Gabriel García Márquez, Cristina Peri Rosi o los hermanos Goytisolo y hasta Magic Johnson.
"Esta es una novela verdaderamente coral", ha remarcado el escritor jiennense este jueves en un encuentro con un reducido grupo de periodistas. "Carmen Laforet hace de hilo conductor, pero se puede leer sin ella, es como un dominó con historias cruzadas", ha aclarado, para acto seguido detallar que esa oscuridad para Barcelona "puede ser el turismo masivo y la gentrificación que hace que pierda su identidad", llegando incluso a su "muerte y desaparición". "Puede ser también el fascismo como alegoría de esa oscuridad, porque el apagón es en el siglo XX y aparecen personajes que sufrieron el exilio y el franquismo", añade.
Hablamos, por cierto, de La ciudad de las luces muertas (Destino, 2026), flamante Premio Nadal y continuación del gran fenómeno editorial de los últimos años, La península de las casas vacías (Siruela, 2024), que ha despachado ya más de 300.000 ejemplares y sigue vendiéndose a un ritmo ciertamente envidiable. Fiel al estilo que le ha hecho un hueco en las estanterías de tantos lectores, esta cuarta novela de Uclés, en librerías desde este miércoles, arranca como una "fábula onírica, una fantasmagoría de realismo mágico", para ir tornándose poco a poco en una "distopía" más propia de la "ciencia ficción".
Un realismo quizás no tan mágico, al fin y al cabo, en estos tiempos oscuros de auge de la ultraderecha, discursos de odio, tecnofeudalismo y tantas otras amenazas que se nos vienen encima. Ahí es donde necesariamente tienen que aparecer el arte y la cultura para, a través de mentes preclaras, crear la esperanzan que nos falta. "El arte siempre ha sido una herramienta par la catarsis emocional con el otro. Por eso en mis libros no hay ningún político, todos son artistas", ha resaltado el autor.
En una entrevista en 2023 dije que no me extrañaría que ocurriera un conflicto civil entre nosotros en algún momento y la gente se me echó encima. Ahora ese titular está a la orden del día
Y ha añadido: "Creo en el poder del arte para cambiar la conciencia y crear esa esperanza tan necesaria en tiempos oscuros. Ahora es muy necesaria la esperanza, porque tenemos todos un poco la sensación de que vamos cuesta abajo. A lo mejor no estamos tan abajo como pensamos, pero sí tenemos la sensación de que la sociedad está decayendo, y cuanto más repitamos el mantra, más débiles vamos a estar. Por eso, llega un momento que tenemos que creérnoslo, mirar a la historia y decirnos: 'Si arrimaron el hombro en situaciones más complicadas antes y pudieron arrojar luz, cómo no vamos a poder hacerlo nosotros ahora'".
Eso sí, aclara Uclés que esta novela —la cuarta ya de su obra literaria también después de El llanto del león (Ediciones Complutense, 2019) y Emilio y Octubre (Dos Bigotes, 2020)— la empezó en 2021, en un momento en el que él no tenía "constancia de esta oscuridad que se cernía sobre nosotros". Ni él, ni nadie, ha asegurado, poniendo un ejemplo personal que demuestra lo vertiginoso de la transformación a peor: "Cuando hice mi primera entrevista en 2023 sobre La península de las casas vacías dije que no me extrañaría que ocurriera un conflicto civil entre nosotros en algún momento y la gente se me echó encima. Dos años más tarde, ese titular está a la orden del día. ¡Cómo ha cambiado la cosa en solo dos años! Pero muchos sociólogos resaltan que se está desinflando un poco la moral común, sobre todo en los países occidentales, algo obvio si miramos a Estados Unidos".
Ahora es muy necesaria la esperanza (...). Tenemos la sensación de que la sociedad está decayendo, y cuanto más repitamos el mantra, más débiles vamos a estar
Con el fascismo como amenaza global, se fija también Uclés en uno de los grandes problemas de Barcelona (ciudad que es la "auténtica protagonista" de la novela) y que no es otro que el turismo masivo. "La turistificación le extirpa el alma a la ciudad, que se queda vacía y expulsa a los que pueden crear esa alma. Y así es como las ciudades, además, se asfixian porque se llenan de gente y aparecen demasiadas tiendas de souvenirs o airbnbs". Esa perdida de identidad, otorgada en todos los casos por el arte, la cultura, la arquitectura o la gastronomía, es en esta historia en particular la "gran oscuridad para los barceloneses".
En cualquier caso, ha asegurado que "la oscuridad depende del lector" y que, llevado al extremo, "más que el fascismo", puede ser "la propia condición humana", que se resume en algo tan simple como que cuando te mueres "te meten en una caja bajo tierra". "¿Pero quién ha inventado esto? Parece un cuento. ¿Cómo me van a meter en una caja bajo tierra? Todavía no me hago una idea de eso, esa es la oscuridad", ha admitido con cierta sorna, para en otro momento más solemne defender que La ciudad de las luces muertas es, en esencia "un ejercicio total de memoria literaria" con "tantísimos artistas que ya no cohabitan con nosotros y que es imposible que retengamos porque el tiempo lo borra todo".
Mi crítica son los lectores. Cuando vaya a una librería o un teatro y no haya gente, me tendré que mirar al espejo como escritor y decirme qué podría hacer mejor. Pero ahora mismo está pasando lo contrario: los bolos están llenos
Los periodistas, siempre tan empeñados en contar el futuro, han preguntado a Uclés por sus próximos pasos a pesar de que esta novela lleva literalmente un día en las librerías. Habrá que esperar, claro, como era previsible, hasta dentro de unos tres años, y pasa por una estancia en Praga a partir del próximo otoño, después de hacerse por segunda vez una ablación cardíaca para atajar la arritmia que padece. "Yo nunca publicaré paja", ha afirmado, descartando lanzar por ejemplo "un libro de relatos o algo así", algo que si quisiera podría hacer en cualquier momento porque tiene cientos.
Sí forma parte de sus planes futuros, aunque sin fecha, la continuación de La península de las casas vacías centrada en la posguerra, aunque no ha pensado si hasta la construcción del Valle de los Caídos o hasta 1975. "En cualquier caso, se vería la muerte de Franco", ha anticipado, fantaseando de paso con escribir también la historia de la Transición en clave de realismo mágico, pero, ya si acaso, si le es posible, cuando tenga cincuenta o sesenta años, tal y como ha apuntado divertido.
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También ha avanzado que le gustaría escribir en el futuro sobre el sida, "la pandemia de los ochenta". "Como homosexual, desde muy chico estoy muy concienciado con el sida. Me hago las pruebas una vez al año desde hace mucho. El 'momento sobre' de ir a que te den el resultado de la prueba es terrorífico y yo lo vivo una vez al año, sin tener riesgo. Pero es que me paro a pensar lo que sufrieron aquellas personas en los ochenta, que morían apartadas en hospitales, algo horrible, y me gustaría tener un pequeño homenaje hacia ellas", ha subrayado.
Por otro lado, tras admitir que no se queja de la exposición mediática y la fama que vive ahora mismo porque "es mejor que recoger aceitunas", sí que ha confesado que ha llegado a un punto en el que su "mejor acierto" es no leer la prensa. "Lo he conseguido, aunque no sé cómo, porque estaba obsesionado cuando salió La península de las casas vacías. Pero ahora tengo muy presentes las palabras de Delibes: mi crítica son los lectores. Cuando yo vaya a una librería o un teatro y no haya gente, me tendré que mirar al espejo como escritor y decirme qué podría hacer mejor. Pero ahora mismo está pasando lo contrario: los bolos están llenos".
Para terminar, ha reconocido, asimismo, que es un "sueño cumplido" haber ganado el Premio Nadal –un galardón al que se ha presentado en numerosas ocasiones– por compartir palmarés con sus autores favoritos del siglo XX y por la notable presencia femenina entre las distinguidas. Sobre el desembarco en el Grupo Planeta que conlleva el Nadal, ha recordado que "antiguamente uno firmaba con una editorial y no podía estar con otras". "Pero yo sigo con Siruela igual que trabajo con Dos Bigotes y ahora Destino. Lo cierto es que no podía no presentarme al Nadal. Si no se ha dado cuenta ya, Siruela se dará cuenta de que esto alarga la vida de La península de las casas vacías, que sigue vendiéndose mucho y es el libro de mi vida", ha finalizado.