Ceuta: 100 muertos y pelillos a la mar
Miremos lo de Ceuta como un continuum o es difícil que lo entendamos en su verdadera magnitud. Y, para no remontarnos a Abdel-Krim, pongamos que la serie que protagonizamos comienza con la Marcha Verde, mientras agoniza el anciano dictador español, y acaba hace unos días, cuando también, casualmente, el Gobierno de España está en una coyuntura de debilidad extrema. Hay que saber elegir la circunstancia y el momento, y en eso nuestros vecinos del sur son unos maestros.
El continuum entre la Marcha Verde y Ceuta viene salpicado por diferentes episodios. Algunos como la aguerrida toma del islote Perejil (¿qué fue de aquellas cabras?), bajo el mandato de José María Aznar, a quien el asalto le salió mejor que lo de Irak y le sirvió para sacar pecho. Otros, más dramáticos, como los sucesivos intentos de pasar a España sobre las vallas con concertinas de Melilla. Pues bien, toda la secuencia persigue un fin último: la recuperación de la soberanía sobre Ceuta y Melilla para la corona alauí. Un asunto central que no deja de tener bastante lógica histórica, pero que España y Marruecos evitan mencionar explícitamente. Por ello, las tensiones se repiten periódicamente y Marruecos continúa su guerra de desgaste, que seguirá originando muchas más víctimas que las que ahora se han producido.
Por un lado, Marruecos no tiene prisa, ya que dispone de abundante carne de cañón. Por otro, la tolerancia de España para compadrear con Marruecos y mirar hacia otro lado parece casi infinita. En el análisis de lo que acaba de ocurrir en Ceuta debe también entrar la cuestión del Sahara Occidental, “resuelto” casi clandestinamente con la entrega, por parte de España, país administrador, a Marruecos, potencia ocupante. Un acto canallesco que se vendió como una cesión para garantizar el fin de las mafias que controlaban el tráfico humano hacia las costas españolas. El brillante resultado de la traición española hacia el pueblo saharaui está ahora a la vista: los marroquíes no solo incumplieron el acuerdo, sino que ante la reciente “reconciliación” con Argelia, enemigo histórico, consideraron que era el momento de dar otro golpe de efecto que pusiera de manifiesto quién maneja el mango de la sartén, aunque ello costara la vida a decenas de súbditos del sátrapa alauí.
El brillante resultado de la traición española hacia el pueblo saharaui está ahora a la vista: los marroquíes no solo incumplieron el acuerdo, sino que ante la reciente “reconciliación” con Argelia consideraron que era el momento de dar otro golpe de efecto
La reacción española, al omitir cualquier referencia a la responsabilidad o dejación del régimen marroquí en lo sucedido, es intolerable. Hay problemas históricos que resolver y no deben aplazarse más. Von der Leyen y sus corifeos no van a arriesgar nada para solucionarlos, como ha quedado de manifiesto. La extrema derecha aprovecha la ocasión para pescar en río revuelto (los portugueses de Chega ya han pedido el restablecimiento de los controles fronterizos entre Portugal y España). El espacio Schengen, al primer embate, muestra sus costuras.
Trump, bien, gracias.
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Francisco J. Faraldo es socio de infoLibre.