Otro éxito de los empresarios del miedo

Hace un par de semanas publiqué una columna titulada Los empresarios del miedo, que explicaba cómo ciertos grupos de poder explotan el miedo y la incertidumbre de las sociedades a través de la fabricación de un 'otro'. Lo que ha pasado en Ceuta es un claro ejemplo del triunfo de esta gentuza. Otra victoria más cosechada a costa del sufrimiento extremo de unos y de la debilidad e ingenuidad de otros.

El miércoles de la semana pasada me contactó Israel Remuiñán de la COPE: “Lucila, te escribo por lo que está pasando en Ceuta”. “Acabo de empezar mis vacaciones y estoy desconectada, ¿qué está pasando?”. Hablé con mi amigo I. que es de Castillejos y me contó que la situación en la ciudad lleva meses siendo insoportable. Hay militares por todos lados. Detienen a la gente de forma arbitraria. Hace un par de meses subieron a su hermano con más personas a un autobús. Iban con ropa de verano, bañador, camiseta, chanclas. Los dejaron abandonados de esta guisa a 1.000 km de la ciudad. “Es muy triste”, me comentó, “la ciudad es invivible”. Por lo visto aparecen cuerpos ahogados todos los días desde principio de año. Hay un cementerio con personas sin identificar que crece por momentos y la morgue de Castillejos estaría desbordada. 

Este testimonio no me sorprendió. En 2024 nuestro equipo de periodismo de la Fundación porCausa dirigido por el periodista José Bautista participó de una investigación que demostró que Marruecos, Mauritania o Túnez, con el apoyo de España y la Unión Europea, realizaban traslados y abandonos sistemáticos en el desierto de migrantes que eran detenidos en las costas y trasladados a la fuerza en autobuses a puntos muy lejanos del interior del norte de África. La Unión Europea lleva años externalizando el control migratorio a países que no respetan los derechos humanos. Estos gobiernos tratan a las personas en tránsito y a sus poblaciones con un desprecio absoluto y una brutalidad extrema. Gracias a estas prácticas, los cruces irregulares a España desde África se redujeron un 42,6% en 2025, una tendencia a la baja que se mantenía en la primera mitad de 2026 con un descenso adicional del 24,7% a 15 de julio, según datos de Interior.

Estas conversaciones tenían lugar cuando la cifra de personas que había cruzado a Ceuta todavía no superaba las 1.500 personas. Me faltaba mucha información pero después de 10 años dedicándome exclusivamente a temas migratorios no me cabía duda de que esa entrada excepcional no respondía a un proceso migratorio convencional. El histórico no engaña, expliqué en directo en la COPE, recordemos el caso de la entrada repentina de más de 10.000 personas en Ceuta entre el 17 y el 18 de mayo de 2021. Esto no es migración, esto es el resultado de una estrategia de manipulación y presión que utiliza a la población marroquí como arma arrojadiza. 

El jueves se producía la marcha sobre Ceuta. Interior estima en 72.000 personas las que llegaron. Pero como sucedió en 2021 en pocas horas se habían vuelto casi todas a Marruecos dejando a unas 2.000 personas en el lado español y, según los últimos datos oficiales, un mínimo de 100 personas muertas, que sin duda serán muchas más porque nunca tendremos los datos reales de cadáveres recogidos por Marruecos y totales de desaparecidos. 

Lo que ha pasado en Ceuta es un proceso de presión política que ha conseguido desestabilizar nuestra soberanía y tensionar a nuestro Gobierno

¿Quién consiguió movilizar a todas esas personas para que se unieran en una marcha mortal? Los empresarios del miedo. No se trata de un proceso específico sino de una estrategia cuidada que lleva varios años intoxicando a nuestras sociedades con el fin de controlarlas. Denominar crisis migratoria a una invasión civil temporal es producto de esa intoxicación. Lo que ha pasado en Ceuta es un proceso de presión política que ha conseguido desestabilizar nuestra soberanía y tensionar a nuestro Gobierno. Lo lógico habría sido unirnos todos, como en el Mundial, y responder de forma unánime a este ataque. Pero en lugar de abrir el debate legítimo sobre cómo la Unión Europea tiene que proteger las fronteras respetando el derecho internacional y reforzando la unión para evitar este tipo de acciones, hemos acabado debatiendo sobre si España es mora o cristiana. Eso nos deja a los pies de los caballos a nosotros pero también a todos los países fronterizos de la Unión. 

¿Cómo sería la respuesta y el debate si 50.000 civiles ucranianos marcharan de forma temporal sobre Polonia? ¿O si cruzaran 50.000 civiles desde Libia a Italia? 

Y mientras la mayoría nos estremecemos con el dolor de una población sometida al régimen inhumano de nuestro vecino, al que nuestros gobiernos nacional y europeo financian, el pequeño grupo de empresarios del miedo disfruta de los titulares que le permiten seguir socavando de a poquito nuestras democracias. Las personas separadas somos más manejables. 

Tristes somos más susceptibles de ser sometidas. ¿Qué podemos hacer contra eso? Lo más importante es entender bien de dónde viene y ser conscientes de que nos están manipulando. Como dice el veterano senador independiente estadounidense Bernie Sanders: “They have the money. We have the people” (“Ellos tienen el dinero. Nosotros tenemos a la gente”). No podemos dudar de que somos más. A partir de ahí tenemos que construir nuestra resistencia con mucha cabeza. Los 17 puntos del manifiesto de George Lakoff son una buena inspiración a este respecto. 

Añado de mi cosecha lo que le comentaba a mi amiga Aurora el otro día: “Descansar es una forma de activismo”. Nos quieren cansadas, tristes, hiperconectadas y desorientadas. No lo permitamos. No estar enganchadas a las noticias no implica no ser conscientes de que tenemos mucha lucha por delante. Tampoco es una forma de negar las injusticias. Es una herramienta para recargar energía, para volver al tajo recuperadas, fuertes y llenas de amor. El amor es lo más punk y subversivo que hay en estos momentos. El amor es el acto político con el que acabaremos con los empresarios del miedo. Y lo haremos, porque somos más y vamos a ganar.

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Lucila Rodríguez-Alarcón es cofundadora y directora de la Fundación porCausa.

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