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Escrivá de Bla, Bla, Bla

Jesús María Frades Payo

No, no se trata de un homenaje a Greta, la joven activista contra el calentamiento global también conocida por reprochar, con toda la razón, a los gobiernos, que no pasen de la palabrería vana representada con la onomatopeya repetida de “bla”, ni mucho menos al autor del libro Camino, pero de hacerlo, sin duda sería a la primera y en otra ocasión.

Desde hace no mucho tiempo, leemos y escuchamos, preocupados, oráculos que nos predicen cambios calamitosos pero que no provienen de arúspices, que también los hay, sino que se le atribuyen directamente al citado en el título, del que sabemos que puede hablar de su negociado excátedra, pues está directamente bajo la prelatura personal de la sede de Pedro, quien puede pontificar por su mediación.

Particularmente, dos informaciones han aparecido relacionadas con las jubilaciones venideras, que han creado un clima tan adverso como inquietante que no hay cumbre que acierte con la exégesis que se intenta dar. Le faltó poco al ministro Escrivá para negar lo manifestado y decir o que hemos oído una voz misteriosa desde las alturas o leído lo escrito por una mano incorpórea, como en el fabuloso pasaje bíblico de Daniel donde se cuenta el segundo grafiti de la historia y que reza “Mene, Tekel, Uparsin”, interpretado por ese profeta como “contado, pesado y dividido”, lo cual podría incluso aplicarse al caso siendo casi igual de ofuscador, haciendo uso de una hermenéutica parda, con las pensiones: ampliar el periodo de cómputo, integración de lagunas en la carrera profesional, elección de los mejores años cotizados y reducción de las pensiones.

Se enfada de manera ostensible afirmando tajantemente que se le malinterpreta y, hecho un basilisco, suelta una reprimenda a diestro y siniestro, más bien a siniestro porque los otros se creen que son los que nos pagan la jubilación. Hete aquí sus “bla, bla, bla” propios de parlaembalde. Crispado, va lentamente calmándose, pero manteniendo el berrinche al ralentí, tratando de vender, con una labia poco embaucadora que no encandila, ni siquiera convence haciendo olvidar lo divulgado, al predicar las bondades de los pequeños cambios que se harán y se sabrán cuando llegue su hora.

Así, cuando a finales de septiembre lo entrevistó un diario en catalán y dijo que España es una anomalía en Europa porque no estamos más años trabajando y no aumentamos la proporción de mayores de 55 en activo, y puso la guinda al pastel con el “cambio cultural” de aguantar hasta los 75 años, tardó medio día en decir que sus palabras se habían “sacado de contexto” y, cantando la palinodia, matizó que nuestra edad de retiro estaba bien, que lo que hay es que “fomentar medidas para cambiar la mentalidad de las empresas” para no prejubilar, e incentivar que demoremos nuestro segundo periodo de ocio. En un tuit mostró su sorpresa y un hilo para explicar la entrevista. Se conoce que Ariadna tuvo que aplicarse en ayudarlo a salir del laberinto en el que se metió para escapar del minotauro que él mismo había picado y banderilleado antes.

El reciente enredo que ha vuelto a protagonizar ha tenido de nuevo como asunto la información acerca del cambio en el periodo de cómputo de las pensiones. Aunque se sabe que los acuerdos con la UE restringen, o incluso ciñen, a todos los países la capacidad de regular temas como el tratado, es cierto que el Gobierno no había proporcionado directamente información relativa a esto. Bruselas nos exige el alargamiento del periodo a finales de 2022 para la recepción de los fondos de recuperación, pero no se detalló más que en algún borrador, no en el documento finalmente entregado en 2020.

No hay que hacer un gran ejercicio memorístico para acordarse del duelo que mantuvieron este ministro y el vicepresidente segundo, cual discusión de porteras desde sus umbrales. Este tocó las campanas a rebato, como en tiempos de ataques sarracenos, y Escrivá, airado, aireó que solo eran borradores, y negó la mayor hasta con bemol y sostenido, pero todos somos sabedores de que estos se pulen más bien por el estilo. Con el caso reciente, el ministro nos lo recordó también, calificándolo como serpiente de verano. Otro fallo de Escrivá: cuando lo despertó, Pablo Iglesias todavía estaba allí. Este aseguró que entonces el ministro había distribuido a la prensa esa documentación. También le oímos lucir sus pinitos en la herpetología y la paremiología al decir que “las serpientes no tienen ni siquiera patas cortas como las mentiras”.

Hasta el PP parecía aliado de UP y los sindicatos en la difícil tarea de búsqueda de tales documentos, empresa entre la enigmática obra sobre la risa, de Aristóteles, que magistralmente nos narra Umberto Eco, y la real de la aparición tras búsquedas arqueológicas de los Papeles del Mar Muerto. Finalmente, se sabe, porque oficialmente se dijo, que nuestro Gobierno y la Comisión Europea suscribieron un contrato denominado “Operational Agreement” en el que se fija el final del 2022 como la entrada en vigor del periodo de ajuste del cómputo, alargándolo para el cálculo de la pensión. Al PP, insistente e importuno como un niño con sueño, se le emplazó a pedirlo en Bruselas, pues es un documento público registrado allí, para que dejase así de ver fantasmas. No obstante, el 10 de noviembre, el Gobierno lo divulgó. No se entienden los requilorios del Gobierno en boca del ministro para dar a conocer lo que ya lo es por el derecho que nos asiste.

Si desde el principio se muestra toda la baraja, no hay motivo para sospechar de nadie en la partida, de manera que se evita el que alguien vuelque la mesa con el tapete creando un desorden y una desconfianza innecesarios cuando no hay trampa. Esas explicaciones que da el ministro a posteriori nos serían a todos, él incluido, más saludables a priori, aunque supusiesen una disminución en el consumo nacional de tila y otros calmantes. El “bla, bla, bla”, siempre superfluo, puede eliminarse hablando lo justo de una vez y al principio, contando y pesando la información que merecemos, sin dividirla en capítulos.

Jesús María Frades Payo es socio de infoLibre

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