Feijóo, el político ante el espejo

Carlos Brage

Debe de ser muy duro levantarse cada día en una magnífica casa, en una de las zonas más acomodadas de Madrid, y subir a un coche que te lleva al Congreso de los Diputados. Antes de salir, ese hombre político quizá se mire en el espejo, tratando de encontrarse y reconocerse en su rostro, en su mirada. Se dirá para sus adentros que él será el próximo presidente de su país. Pero, cuando observa con atención, el espejo le devuelve otra imagen, un alter ego que no es el suyo: a veces el rostro de Abascal; otras, el de Ayuso, dos figuras con mayor fuerza mediática.

Entonces, Feijóo se repite que no puede ser, que necesita atraer los focos hacia él, hacia sus discursos, y combatir esa capacidad mediática que siempre parece jugar en su contra. Después desfilan por su cabeza las meteduras de pata, las frases desafortunadas, todas con algo en común: seguir la estela de Abascal y Ayuso, crear polémicas donde no las hay, revolcarse en el fango y enfangar la política con un único propósito: alcanzar el poder como sea.

Feijóo no es un político brillante en ningún sentido. Es torpe al comunicar, capaz de retorcer cifras para sostener algunos discursos y reincidente en afirmaciones que apenas resisten una comprobación. Quien lo escuche encontrará en sus palabras demasiados guiños a la xenofobia, al antifeminismo y al negacionismo climático.

Su última aportación a la causa obrera ha sido presentar las bajas laborales como absentismo, y hacerlo precisamente ante empresarios, mientras cada año quedan sin pagar millones de horas extraordinarias a los trabajadores. Feijóo, el supuesto hombre tranquilo y moderado, nunca ha hecho verdadera gala de esos adjetivos, ni siquiera cuando presidía la Xunta de Galicia.

Feijóo no se atreve a alzar la voz ante un caso de fraude fiscal ni ante las sospechas de trato de favor del Gobierno de la Comunidad de Madrid hacia el Grupo Quirónsalud

La diferencia es que allí el PP controla buena parte del poder mediático y esa maquinaria le pulía la imagen. En Madrid, aunque los medios afines también intenten abrillantarla, la competencia es feroz. Abascal y Ayuso suelen ocupar las primeras planas, y en Telemadrid manda Ayuso como él mandaba en la TVG.

En fin, Feijóo es un político mediocre, pero es el líder que el PP ha colocado al frente. Supongo que muchos días se acordará de Pablo Casado y de su caída después de enfrentarse a Ayuso y cuestionar la conducta de su hermano. Ahora asistimos a algo parecido, aunque esta vez la respuesta es el silencio.

En el centro están los negocios de la pareja de Ayuso, las acusaciones de fraude fiscal y unas explicaciones que han rozado lo grotesco. Todavía resuenan las carcajadas de ambos desde su magnífico ático, una vivienda rodeada de preguntas incómodas.

Feijóo no se atreve a alzar la voz ante un caso de fraude fiscal ni ante las sospechas de trato de favor del Gobierno de la Comunidad de Madrid hacia el Grupo Quirónsalud. No sabemos si calla por miedo, por cálculo político o porque, en el fondo, considera normales este tipo de prácticas.

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Carlos Brage es socio de infoLibre.

Carlos Brage

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