El mundo será mejor, pero...
Por primera vez quiero ser optimista ante un mundo nuevo que nos impide serlo. Creo que hay razones suficientes para pensarlo y voy a exponerlas, con una IA que amenaza el empleo y un Quantum cuyos límites aún no conocemos, si es que los tiene.
El mundo político está dirigido por locos importados por el dios negocio, al que le va bien con ellos porque son los juguetes humanos con los que juegan los verdaderos poderes: los riquísimos que desean duplicar su riqueza cada año. Y así nos va. Pero, al mismo tiempo, me acojo a una cierta lógica que espero que algún día se cumpla, porque, si no es así, el futuro será demasiado negativo. Tengo esperanza en una juventud que jamás estuvo tan preparada como la actual, aunque su cultura deje mucho que desear, pero que se forma en los avances de la tecnología. Y observo, en pequeñas charlas con gente joven, que empiezan a despertar. Consideran que la IA no es algo positivo si se usa para todo, hasta para el amor. Empiezan a utilizar esta tecnología solo para consultas, porque, de lo contrario, su mente acabará vacía. También veo que la espiritualidad no les resulta ajena y que esto conlleva volver a apreciar aquellos valores que nos enseñaron hace mucho tiempo. Y ello sin necesidad de introducir la religión, aunque sus mandamientos sean de una sensatez aplastante.
Esos supuestos dueños del mundo utilizan todos los medios a su alcance, incluidas las redes sociales, para convertir a muchos jóvenes en seres pasivos y ponerlos al servicio de sus ambiciones de poder
Es cierto que esos supuestos dueños del mundo utilizan todos los medios a su alcance, incluidas las redes sociales, para convertir a muchos jóvenes en seres pasivos y ponerlos al servicio de sus ambiciones de poder. Creo que la IA y la computación cuántica son los dos avances más importantes de la historia porque pueden transformar el mundo, pero solo serán positivos si esa juventud evita utilizarlos mal y aprende a aprovecharlos con criterio. Muchos jóvenes ya conocen los sesgos impuestos por el poder económico y son conscientes de que intentan manipularlos. En mis conversaciones con personas de entre 25 y 35 años, que ya han superado la etapa de vivir pendientes del móvil, percibo que empiezan a despertar. Comprenden que el materialismo los conduce al desastre, al enriquecer aún más a quienes ya son millonarios, y saben que están siendo manipulados. También entienden que recuperar ciertos valores puede ayudarles a recobrar su libertad personal. Esa libertad está amenazada por una IA que atenta incluso contra la relación de pareja, con "noviazgos" virtuales y separaciones absurdas. Ya ocurre.
Y lo que digo se demuestra con Trump, ejemplo paradigmático de lo que escribo. Los seres humanos son muñecos manejados por él a su gusto. Un día llegará en que encontrará la horma de su zapato. Lo mismo ocurre con la IA, que nos sirve para muchas cosas, casi infinitas, pero siempre que se utilice defendiendo los valores humanos. Si dejamos morir esos valores, no habrá futuro y solo quedarán esos seres indeseables que utilizan los avances de la humanidad para acumular riquezas que, al final, todas quedan en el cementerio.
Por todo esto vuelvo a tener esperanza. Y, sobre todo, por los excesos de los políticos basura, que nos invaden con insultos y exageraciones absurdas sin ofrecer nada a la sociedad. Vuelvo a nombrar a Trump como el mayor muñeco de esos líderes, aunque él mismo forme parte de su juego. Pero llegará un momento en que la inteligencia y el sentido común valdrán más que las redes sociales. Si estas calan de forma excesiva y continua entre los jóvenes, ese sí será un peligro de involución, amparado en los fallos de una economía que les está castigando con el inmenso problema de la vivienda. Ese será también el reto de la izquierda, ellos son los valedores de lo que digo, tendrá que actuar aprovechando que otros no ofrecen nada, aunque hagan mucho ruido en las redes sociales, pero sin credibilidad alguna. Ese es el reto para los políticos que tienen alma, convencer a la juventud de que son el objetivo actual, hasta ahora, excesivamente olvidado.
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Cesar Moya Villasante es socio de infoLibre.