El regreso de la mujer tradicional

Rocío Martín 

Hay una constante que atraviesa la historia de los movimientos reaccionarios. Cambian las banderas, los discursos y las épocas, pero todos necesitan recuperar un determinado modelo de mujer.

No es casualidad.

El autoritarismo comprende que la política no empieza en los parlamentos, sino en la cultura. Antes de conquistar las instituciones necesita conquistar el imaginario colectivo. Necesita redefinir qué significa ser una "buena mujer": discreta, complaciente, cuidadora, agradecida y, sobre todo, alejada del poder.

Por eso me inquieta más el movimiento que los hechos aislados.

Las democracias no suelen enfermar de repente. Se deterioran cuando las sociedades normalizan aquello que poco antes habrían considerado inaceptable. El totalitarismo no llega como una tormenta; se instala como una costumbre.

Cada renuncia parece insignificante. Cada decisión se justifica por separado. Siempre hay quien dice que "no pasa nada". Sin embargo, la historia demuestra que sí pasa.

Las instituciones nunca son neutrales. No solo administran recursos; educan. Construyen narrativas y transmiten qué valores considera importantes una sociedad. Quien desprecia los símbolos desconoce cómo se construye una cultura democrática.

Los derechos no desaparecen únicamente cuando son prohibidos; también cuando dejan de ser defendidos

Karl Popper advirtió, con la paradoja de la tolerancia, que una democracia que deja de defender activamente sus principios termina facilitando su propia erosión. Los derechos no desaparecen únicamente cuando son prohibidos; también cuando dejan de ser defendidos.

Quizá ese haya sido nuestro mayor error. Creer que la igualdad era irreversible. Simone de Beauvoir ya advirtió que bastaría una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres volvieran a ser cuestionados. No era una predicción; era una lección de historia.

El verdadero retroceso nunca empieza derogando derechos. Empieza cambiando el relato. Convenciéndonos de que las políticas de igualdad ya no son necesarias, de que el feminismo ha ido demasiado lejos y de que la mujer tradicional representa un modelo que conviene recuperar.

Cuando ese relato entra en las instituciones deja de ser una opinión para convertirse en pedagogía política.

La cuestión no es si asistimos a un hecho aislado. La cuestión es si seremos capaces de reconocer el movimiento antes de que vuelva a convertirse en nuestro destino.

________________

Rocío Martín es socia de infoLibre.

Más sobre este tema
stats