España salva vidas en su apuesta por las renovables… y se da un tiro en el pie con la prórroga de Almaraz

En lo que va de siglo España ha pasado de generar un 19% de electricidad con energías renovables a casi un 60%. Todo un “milagro energético español”. Sin negar las dificultades que supone un desarrollo de estas dimensiones —como la oposición generada en algunos territorios—, España es hoy modelo de inspiración para otros países de nuestro entorno que contemplan cómo la instalación de renovables y el reciente fomento del autoconsumo nos sitúan en posiciones ventajosas desde el punto de vista económico, a la par que contribuimos a la descarbonización de la economía y por tanto, a la lucha contra el cambio climático.

Un cambio climático que se ha cobrado, según el noveno informe Lancet Countdown, más de 500.000 muertos al año entre 2012 y 2021 sólo por el calor —6.000 en España cada año, lo que supone el doble que en la década de los 90— y en torno a 2,5 millones anuales —22.000 en España— por la contaminación derivada de la quema de combustibles fósiles. El mismo estudio pone de manifiesto qué hacer para salvar estas vidas y afirma que el desarrollo de energías renovables ha llevado a una reducción de los fallecimientos vinculados a las partículas finas del 5,8% entre 2010 y 2022, lo que supone 160.000 fallecimientos menos. En efecto, el cambio de modelo energético y la apuesta por las renovables son un claro ejemplo de cómo la buena política salva vidas. El Gobierno de España reflejó esta apuesta por las energías verdes en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima —PNIEC— aprobado en marzo de 2021 y actualizado en septiembre de 2024. No es cierto, como a veces se quiere hacer creer, que las consecuencias de la crisis climática no se puedan parar, se trata de articular buenas políticas públicas. 

Quizá por esto, porque España estaba siendo pionera en estos temas, resulta difícil de entender la noticia aparecida en el BOE de hace tres días (ver aquí), en pleno mes de agosto, de prorrogar la vida de la central nuclear de Almaraz. Una decisión que ha llevado a Sumar a acusar al PSOE de incumplir el acuerdo de gobierno (ver aquí), y a organizaciones como Greenpeace (ver aquí), la Fundación Renovables (ver aquí) y CCOO (ver aquí) a mostrar su desacuerdo, cada una desde su óptica. 

El calendario de cierre de las centrales nucleares fue pactado en el año 2019 entre ENRESA (Empresa nacional de residuos radiactivos), y las sociedades propietarias de las centrales —Iberdrola, Endesa, Naturgy y EDP—, siendo ministra Teresa Ribera. Un acuerdo que vino motivado tanto por lo polémico de la energía nuclear como por los problemas de viabilidad económica de estas centrales y por la necesidad de que las renovables fueran ganando terreno. De esta manera, se diseñaba un cierre ordenado que garantizara la seguridad de suministro eléctrico e integrado dentro de la hoja de ruta de la transición energética, el PNIEC.

Almaraz iba a ser la primera en parar. Su primer reactor debería dejar de funcionar en 2027. Sin embargo, desde hace un par de años, y con la presión del Partido Popular y otros sectores de la sociedad extremeña, las empresas propietarias de Almaraz —Iberdrola, Endesa y Naturgy—, plantearon la posibilidad de retrasar el cierre. El Gobierno de España, sorprendentemente, en lugar de defender el acuerdo alcanzado, abrió las puertas poniendo tres condiciones: que no supusiera riesgo para la seguridad, que no comprometiera el suministro y que no generara un coste para los ciudadanos. 

El Gobierno de España, pionero y modelo en el desarrollo de energías limpias y renovables, es capaz de salvar vidas cuando hace buenas políticas, pero sorprendentemente se ha pegado un tiro en el pie con esta decisión

La primera condición se supone que la ha comprobado y garantizado el Consejo de Seguridad Nuclear, que ha emitido un informe al respecto. La segunda, la referente a la seguridad de suministro, es más que cuestionable justo en un momento en que reactores nucleares del centro de Europa están teniendo que parar su producción debido a la sequía. Miren las centrales del Danubio cerradas en Rumanía y Hungría (ver aquí) ¿Acaso España, y especialmente Extremadura, están a salvo de estas sequías cada vez más frecuentes y extremas? Este verano en el norte de Galicia hay municipios con restricciones de agua. ¿Es la nuclear, una tecnología nada flexible, lo que garantiza la seguridad del sistema? Es más que dudoso y este es un intenso debate entre los especialistas. Finalmente, la tercera condición era que no supusiera un coste para la ciudadanía. Según un estudio de la Universidad Rey Juan Carlos, mantener abierta Almaraz tres años más tendrá un coste de 3.800 millones de euros (ver aquí). Así y todo, se ha decidido prorrogar su funcionamiento tres años más con el dudoso argumento de la coyuntura internacional y la crisis energética. Un cierre como este no se hace en dos meses; exige preparación y gestión previa años atrás.

Probablemente el Gobierno de España creyó que las empresas no estarían dispuestas a la prórroga si no iba acompañada de una rebaja de impuestos de forma que les salieran bien las cuentas. Sin embargo, el cálculo de estas compañías es más a largo plazo: de aquí a que esta decisión surta efectos, habrá un nuevo gobierno. Si es el que ellos prevén, no tendrá ningún problema de rebajarles los impuestos que planteen. Y no sólo eso: el siguiente paso será la prórroga del resto de centrales nucleares. Mientras tanto, el mantenimiento de Almaraz hace que sea imposible desarrollar más renovables en la zona, dado que el espacio que ocupa la nuclear no puede ocuparlo otro tipo de energía. Es decir, la estrategia de desarrollo de renovables, seriamente comprometida, si no directamente aniquilada. Solo hay que ver la reacción eufórica que han tenido desde los sectores más conservadores. Lean este tweet de Alberto Nadal, responsable de Economía y Desarrollo Sostenible del PP, o este otro de Alberto Nuñez Feijóo, felicitándose por la decisión y acusando al Gobierno de “sectarismo ideológico”. ¿Les suena? No, no es Abascal, es Feijóo. Vox, directamente, se apunta el tanto. Miren esto.

El Gobierno de España, pionero y modelo en el desarrollo de energías limpias y renovables, es capaz de salvar vidas cuando hace buenas políticas, pero sorprendentemente se ha pegado un tiro en el pie con esta decisión que puede echar por tierra toda su estrategia de transición energética. Un ejemplo de cómo la política puede salvar vidas… o no.

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