Todos somos responsables de los incendios, pero unos más que otros

Felipe Domingo Casas

¿Los incendios son un cuento romántico o feroz? En el primer caso podrían ser el cuento de Eleonora, que nos narra Edgar Allan Poe, y, en el segundo, como anticipa el segundo adjetivo, el cuento de Caperucita y el lobo feroz, de Charles Perrault, y, más tarde, de los hermanos Grimm. Aunque se han contado tragedias personales y familiares, sin pérdida de vidas, tengo la impresión de que los incendios se están contando de una manera más romántica que feroz. ¿Por qué? En estos últimos días he leído artículos y opiniones, aunque no de voces muy observadoras, críticas y científicas, que manifiestan que todos somos responsables de la ola de incendios que nos asolan. Es verdad que las causas que provocan los incendios son múltiples, y, por tanto, las responsabilidades también son variadas, bien sea por imprudencia, por dolo o por inacción, pero al no ocupar todos el mismo puesto en el escalafón, las responsabilidades no pueden ser paritarias.

Me sorprendió que Mañueco haya anunciado que se va a personar en las diligencias judiciales abiertas por los incendios de Ávila como acusación, siendo perjudicada la Junta de Castilla y León que él preside desde 2019. Me sorprendió, porque “los incendios son una gran catástrofe, pero no una sorpresa”. En el verano de 2022 se le quemaron en la Sierra de la Culebra y alrededores 65.000 hectáreas debido, eso sí, a causas naturales, en este caso a una tormenta seca, en cuyas causas naturales se apoyan, no sin razón, todos los negacionistas del cambio climático para decir que esto siempre ha ocurrido.

En el pasado verano de 2025 se quemaron en España 380.000 hectáreas. En Castilla y León se contabilizaron 1.216 incendios, con 143.880 hectáreas quemadas, siendo el de Uña de Quintana (Zamora) el más virulento porque arrasó más de 40.000. El verano terminó con golpes de pecho y examen de conciencia de los presidentes de las comunidades autónomas afectadas. Salimos del verano con una honda preocupación ciudadana, llegó septiembre, ¿y qué hicieron Mañueco, María Guardiola, Jorge Azcón y Juanma Moreno? Olvidarse de los montes, de su arbolado y vegetación y, en su lugar, anticipar las elecciones y dedicarse a prepararlas con dedicación exclusiva en sus respectivos territorios, por orden de Génova 13, con Feijóo al mando. Su objetivo era escalar posiciones para conquistar La Moncloa.

Transcurrieron los meses de octubre a junio sin utilizar recursos ni acometer planes de limpieza y desbroce de los bosques, sin invertir en recursos adicionales por la influencia que adquirió Vox, que ahora “evita responsabilizar a los barones del PP del abandono de los bosques”. ¡Menuda patrulla de cuidadores de los bosques que se ha buscado el PP! Los recursos humanos, económicos, tecnológicos que dedicaron durante estos meses los citados barones del PP para la prevención de los incendios de este verano fueron los mismos de años anteriores, si no menores. Pocos, escasos, mínimos.

La responsabilidad, pues, no puede ser compartida a partes iguales entre los presidentes de las comunidades autónomas y sus gobiernos, de quienes dependen las competencias, con la del presidente del Gobierno central y su Ejecutivo. La colaboración entre las administraciones que, desde el primer momento se alabó como modélica, se dio desde el principio porque el Gobierno participó activamente con sus medios en la extinción de los incendios, con todos sus medios, aunque ahora se tachen de insuficientes. Gamarra se confunde intencionadamente. El PP no puede ofrecer solo colaboración cuando Pedro Sánchez pide un pacto de Estado contra los incendios. Su respuesta tendría que ser inmediata y afirmativa.

El PP no puede ofrecer solo colaboración cuando Pedro Sánchez pide un pacto de Estado contra los incendios. Su respuesta tendría que ser inmediata y afirmativa

¿Qué hubiera sido de Madrid si Ayuso no hubiera pedido la declaración de la emergencia nacional? Pues que, exagerando un poco, el fuego hubiera podido llegar a su vivienda. Fue la constatación de la insuficiencia de medios con los que cuenta la Comunidad de Madrid. Ayuso lleva en guerra con los bomberos urbanos y los forestales más de un año, sin que sea capaz de llegar a acuerdos. Y, sin embargo, quiere darle la vuelta a la tortilla, pretendiendo que toda la responsabilidad recaiga en Pedro Sánchez.

Leo en infoLibre que “Ayuso solo ha asistido a una de las 15 reuniones de coordinación institucional de los incendios”, excusándose, dice la Comunidad de Madrid, en que no son convocados. A Ayuso le falta empatía para colaborar y dialogar en un entorno donde ella no lleve la iniciativa. Bien que le gusta chupar cámara cuando visita el monarca las zonas incendiadas. Con su comportamiento y sus gestos nos muestra que es insensible a menudo y sensiblera a veces. También García-Page tendrá que asumir sus responsabilidades, porque alguien se las pedirá. Últimamente denota que está más recogido, más claustral. Intuyo que, cuando acaben los incendios, se va a ir a un monasterio de ejercicios espirituales.    

Qué mala memoria le queda a Feijóo. No es capaz de recordar que fue presidente de la Comunidad Autónoma de Galicia y, durante sus 13 años en el cargo, se le quemaron cientos de miles de hectáreas. En un alarde de cinismo e hipocresía, achaca los incendios a la falta de desbroce y de labores de prevención, que, según él, las leyes impiden realizar, haciéndose la víctima pese a su pésima gestión y sus malos resultados.

Explica Cristina Montiel, catedrática de Geografía en la Universidad Complutense, que “el fuego no va a desaparecer porque forma parte de la dinámica natural de los ecosistemas. La solución es adaptarse y prepararse. Lamentablemente, ninguna de estas dos cuestiones se está abordando de forma suficiente. Una tarea en la que se tienen que implicar el Gobierno, la comunidades autónomas, los ayuntamientos y también la ciudadanía”. En el caso de los dos últimos, los recientes incendios obligan a los ayuntamientos a impulsar planes urgentes dentro de los cuales, “reducir el combustible de biomasa que se encuentra en el suelo, la hojarasca, la leña, lo que se conoce como el sotobosque, son prioridades”, dice Víctor Resco, ingeniero de montes. Y para la ciudadanía estos incendios han supuesto un aldabonazo impresionante para tomar consciencia de sus responsabilidades en el entorno del que son propietarios de viviendas y terrenos para no lamentar, en la medida de lo posible, su pérdida futura.

La responsabilidad, pues, es de todos, pero de unos más que de otros. Y ya que hablamos de responsabilidad, quiero referirme a la que tienen y no han ejercido, el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y los jueces de la sección 23 de la Audiencia Provincial de Madrid en relación con la instrucción y enjuiciamiento de Begoña Gómez por parte del juez Peinado.

En el caso del CGPJ, la consideración y acuerdo a regañadientes de la posible comisión de dos faltas leves y el archivo de otras, manifiesta la incapacidad del gobierno de los jueces para impulsar una justicia democrática y de igualdad ante la ley. Su incapacidad para ponerse de acuerdo en los nombramientos de los jueces de las salas del Supremo, en la que llevan enredados meses hasta que cedan los miembros progresistas y más abiertos, incide en esa cultura conservadora y retrógrada. A los miembros de la sección 23 de la Audiencia Provincial se les puede medir por el mismo patrón. La responsabilidad que han contraído por sentar en el banquillo a Begoña Gómez y que sea juzgada por un jurado para que sea expuesta al mundo como una delincuente (spectaculum mundi sumus), es tan enorme que caerá sobre sus cabezas esa irresponsabilidad. No es que lo haya dicho Pedro Sánchez, yo lo he escrito antes. Los jueces han vulnerado su derecho al trabajo y al ejercicio de su profesión, solo por su acentuado corporativismo y por hacer méritos para futuros ascensos.

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Felipe Domingo Casas es socio de infoLibre.

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