‘Las esposas cazadoras’, sexo, crímenes y diversión en la Texas republicana
Ha llegado al catálogo de Netflix un éxito de este verano en Estados Unidos. Una serie delirante, una gamberrada culebronesca con crimen incorporado que permite atisbar la mentalidad de una de esas burbujas de ultraderecha del país que nos quita el sueño a muchas últimamente.
Dentro del enorme estado de Texas, el este configura su propia región, menos desértica que el resto y con una personalidad definida. A una localidad mediana de esta zona llega Sophie, Brittany Snow, una bostoniana urbanita que sigue a su esposo en un nuevo trabajo.
El grupo de las populares a los cuarenta años
Para integrarse en la comunidad se hace amiga del grupo de las guapas, ricas y marchosas. Al estilo texano. El contraste entre dos Estados Unidos que viven uno al margen de otro se cuenta de manera escandalosa y divertida.
La primera fiesta a la que acuden la protagonista y su pareja recauda fondos para la infame Asociación del Rifle. A partir de ahí el racismo se respira como el oxígeno, sin mencionarse. La única vida social establecida se produce en el gigantesco templo que predica unos valores que nadie cumple.
Machismo y armas
Mujeres que dejan su carrera al casarse, embarazos adolescentes o el aborto expulsado por completo de la región, son muestras de un machismo interiorizado por todos. También acierta el guion al mostrar su cariz amenazador en la intimidad de las parejas.
Y por supuesto las armas. Para esta pandilla de mujeres la visita a la armería equivale al paseo por las boutiques o por el spa. Todas tienen revólveres y escopetas y socializan mejorando su puntería y saliendo al bosque a cazar jabalíes.
La pasmosa vida de los Estados Unidos MAGA
La vida entre la iglesia y la armería es una realidad persistente en una gran parte de la Estados Unidos rural, puro MAGA, (Make America great again) y esta serie la presenta a través de los ojos de Sophie, tan asombrada como la audiencia.
La protagonista alucina ante las fiestas de botox y cócteles de sus nuevas amigas, pero cae seducida instantáneamente por la abeja reina de la camarilla, Margo, Malin Akerman, libertina, sexual y que comienza a coquetear con ella descaradamente.
La vida sexual oculta bajo normas reprimidas
Los tres primeros episodios de la serie presentan de manera desinhibida a las protagonistas iniciando una relación lasciva, secreta y que llama al peligro. Antes de que empiece el crimen, toda esta parte de introducción de los personajes pinta un retablo desquiciado y sin embargo creíble.
La serie está basada en la novela de la texana May Cobb del mismo nombre pero se va a emancipar del texto puesto que ya se ha renovado por una segunda temporada. La autora explicó en su día, que le gusta indagar en ciertas dinámicas retorcidas en grupos de mujeres.
La jerarquía de una pandilla
En esta sociedad cerrada y sin muchas opciones de ocio que describe en la serie, en el grupo el reparto de papeles es nítido. Está la líder, la favorita de la líder, la angustiada ex favorita de la líder, la más aburrida esposa del pastor de la iglesia o la que no alcanza el canon de belleza y ni siquiera es admitida.
La novelista afirma estar influida por el género televisivo y de cotilleo de socialites liándola con sus divismos y groserías. El término no está aceptado por la real academia, pero damas de sociedad se ha quedado obsoleto ante el fenómeno.
Amas de casa ricas de cualquier lugar
En España se hizo un programa sobre ellas, Mujeres ricas. En Estados Unidos representan una categoría, hay programas sobre amas de casa adineradas de una docena de localidades, la mayoría producidas por el canal Bravo.
Rebecca Cutter, la responsable de la adaptación de la novela, quedó fascinada por el ambiente creado en el libro y lo acentuó aún más. Estas mujeres consiguen fascinar y repeler y ella ha querido llegar a donde no pueden los espacios de telerrealidad.
Ahora mismo hay otro programa en plataformas, La vida secreta de las esposas mormonas, en Disney Plus, que sigue a mujeres de Utah de esta religión ultraconservadora que se popularizaron haciendo videos bailando hasta que se descubrió que uno de los matrimonios hacía intercambio de parejas.
Una serie comprendida por su audiencia
Las esposas cazadoras triunfó en el mercado estadounidense hace unos meses al caer con fuerza en este mercado abonado. En las redes se crearon vivos debates a costa de los personajes. La imaginación se suma a las dinámicas tantas veces vistas por el público.
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En España esta pandilla recuerda a las folclóricas en el tardofranquismo. De cara al exterior representaban los valores del régimen. De puertas a dentro se pasaban todas las convenciones sociales por la bata de cola ante una peculiar vista gorda por parte de los vigilantes de la moral.
Avances sin parar a costa de la verosimilitud
Además del cuadro costumbrista, la serie tiene algunos puntos muy resultones contados eficazmente. A partir del comienzo de la trama criminal hay que rebajar los niveles de exigencia porque para mantener el ritmo los hechos se suceden con poco realismo.
Será difícil que una segunda temporada, una vez presentado este ecosistema, tenga elementos suficientes como intriga más convencional y no parezca una peripecia estirada. Pero esta entrega ha reunido los ingredientes perfectos para darse un atracón con su dosis de placer culpable.