‘La vida en la sombra’, clases de filosofía para ser más libres en prisión

Josh Finan, protagonista de 'La vida en la sombra'.

Movistar+ estrena esta serie de seis episodios, emitida originalmente por la británica BBC One, que sigue a un profesor de filosofía y sus alumnos en una cárcel. Está basada en las memorias de Andy West, quien sigue impartiendo clases a reclusos y es hijo, sobrino y hermano de hombres que han pasado la vida entrando y saliendo de prisión.

El Andy real se ha convertido aquí en Dan, torturado por la figura de su padre y la angustia de no poder evitar convertirse en su reflejo. La parálisis que acogota al protagonista permite a la serie entrar aún más a fondo en los temas que aborda: la libertad, la culpa, la posibilidad de cambiar o el bien y el mal.

El aplastante peso de la vergüenza

El autor de las memorias, que llamó La vida dentro, cuenta en The middle way society cómo vivía con una vergüenza heredada. Al hablar con esos presos y presas en las clases busca su propia forma de ser libre.

Recuerda que preguntó a los internos cuál de los males de la caja de Pandora volvería a guardar para salvar el mundo, y uno de ellos le dijo que la vergüenza. West le preguntó si no creía que las personas se quedarían sin motivación para no hacer el mal y el preso le respondió que al contrario, era la vergüenza la que lleva muchas veces a pecar.

Liberar las mentes de los presos

Esta conversación está recogida en el libro y en la serie, donde las clases persiguen que las mentes de estos hombres, presas, como ellos, se liberen, aunque sea un tiempo, gracias a pensamientos más abiertos.

“En un mundo en el que la vergüenza y el castigo tienden a verse en blanco y negro, la filosofía te da la libertad de la ambigüedad, con mucho más misterio, mucha más complejidad”, explica West sobre por qué se acerca a la cárcel desde la filosofía.

Miedo a no poder despegarnos de nuestro origen

El libro ha caído en manos del guionista Dennis Kelly, que ha sentido una fuerte conexión con él. En su familia no hay presos, pero su madre viene de un entorno de pobreza extrema y él sentía también vergüenza de su casa, de la tosquedad de sus padres, limpiadora y conductor de autobús alcoholizado, y de su escasez.

Kelly ha añadido a la vergüenza abrumadora de Andy West el miedo con el que él vivió su juventud. Miedo a todo y a sí mismo: un mental y físico que siempre trataba de negar, presumiendo de no temer a nada.

Prejuicios de la clase media

Ambos escritores han ascendido a una clase social alejada del trabajo manual, la menos manual, y saben, también, cómo es la mirada cuando alguien descubre el tipo de familia a la que pertenecen. 

“La persona más interesante de todo el proyecto es Andy West. Lee y se comporta como una persona de clase media. A eso le sumamos los enormes prejuicios de clase de este país. Empieza a hablar de su origen y su mera existencia pone en jaque lo que sabemos o creemos saber”, dice Dennis Kelly a The Guardian.

Una infancia dura que ha inspirado a miles de jóvenes del Reino Unido

En el caso de Kelly, en el colegio sufrió abusos y él mismo se convirtió en abusón. Estas experiencias pasaron a ser parte de un texto, DNA, que se imparte para obtener el certificado de secundaria en la mayor parte del Reino Unido y que han leído cientos de miles de adolescentes.

Kelly dejó los estudios con 16 años, desempeñó trabajos manuales y pasó la mayor parte de su veintena alcoholizado. A los 30 dejó la bebida y se graduó en la universidad. A partir de entonces comenzó su carrera como guionista, pasando antes por la interpretación y el teatro.

Dos autores que se reconocen y se aúpan

Fue su amistad con la actriz y guionista Sharon Horgan (Catastrophe, Hermanas hasta la muerte) la que le dio el impulso definitivo para escribir. Ella también se refiere a Kelly como activador de su carrera. 

Ambos acabaron escribiendo juntos una serie, Pulling. Entre los trabajos posteriores de Kelly destaca la adaptación a musical de Matilda, de Roald Dahl, un enorme éxito de las tablas.

Un ex presidiario en el equipo de guion

En el pequeño equipo de guionistas se ha contado con un ex presidiario, Ric Renton, que también interpreta a uno de los alumnos de la clase. Pasó muchos años entre rejas y ha ayudado a reflejar una parte de la prisión menos representada. 

No se muestra aquí el drama de ser apuñalado, sino la lentitud de la espera, la vida en pausa. Renton dice que en la cárcel todo el mundo anda despacio porque nadie tiene prisa por llegar a ningún lado. Su personaje en la serie también verbaliza una reflexión sobre este aspecto.

Un protagonista desvalido

El intérprete principal de la serie, Josh Finnan, transmite vulnerabilidad, conflicto interior y se asoma con sutileza al trastorno mental severo. Espléndida la dirección y su propio trabajo. Finnan no había sido protagonista, hasta ahora, en televisión aunque lo hemos podido ver, por ejemplo, en personajes de The gentleman o de Mi reno de peluche

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Otro de los elementos más destacados de este título es su fotografía, que ha corrido a cargo de Jamie Cairney. Este profesional fue responsable de series míticas como The thick of it y ha trabajado en otras más recientes como Doctor Who o Sex education

Una estética artificialmente depurada que ahonda en la sensación de bloqueo

Aquí juega con una casa del protagonista vaciada de elementos superfluos, inquietantemente sobria y ordenada, que transmite el miedo a relajarse del personaje que la habita. En general, la serie opta por una estética con una paleta de azules, verdes y grises claros que remiten a hospital, prisión, albergue, que no transmiten calor hogareño. 

La propia estética enfatiza la constricción del protagonista, preso de unos pensamientos que no le permiten emanciparse y en lucha por vencer sus miedos. Un barniz coherente para una serie que va calando poco a poco en el espectador a medida que se desarrolla.

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