La crisis del ático
Ayuso pierde el monopolio de la derecha dura del PP ante el ascenso de Ester Muñoz y Álvarez de Toledo
La crisis política por la compra de un ático de lujo por parte del Gobierno de la Comunidad de Madrid no ha provocado una rebelión interna en el Partido Popular contra Isabel Díaz Ayuso ni tampoco ha puesto en peligro su mayoría absoluta, su control del PP madrileño ni su condición de referente para una parte importante del electorado conservador. No obstante, la presidenta madrileña sí empieza a sufrir las consecuencias internamente, ya que el malestar con la dirigente conservadora comenzó con la investigación fiscal a su pareja, Alberto González Amador, y cada vez es más palpable.
La incomodidad se percibe, especialmente, en la ausencia de apoyos explícitos. Ante otras polémicas protagonizadas por la baronesa del PP, como la gestión de las residencias de mayores durante la pandemia o el plantón a Pedro Sánchez en Moncloa en 2024, la dirección nacional había reaccionado con rapidez, generalmente presentándolas como parte de una ofensiva del Gobierno y de la izquierda contra la presidenta madrileña. En esta ocasión, Génova ha tenido más dificultades para construir ese marco y, más allá de las declaraciones del secretario general, Miguel Tellado, el PP ha optado por el silencio.
Tellado, además, no hizo una defensa personal y rotunda de Ayuso, aunque sí dio por buenas las explicaciones del Gobierno madrileño antes de que anunciaran que finalmente se vendería el inmueble.
En el PP, explica una voz de Génova, se ha dado la ‘orden’ de tratar de evitar como sea la cuestión del ático para no asumir el coste de una operación adoptada exclusivamente por el Gobierno madrileño. La respuesta automática si la prensa les pregunta es remitirse a las explicaciones dadas por Sol y desviar el foco hacia el Gobierno de Sánchez, lo que indica que la solidaridad con Ayuso ya no funciona de manera automática.
Álvarez de Toledo cuestiona públicamente a Ayuso
De hecho, en una reciente entrevista con El País, la portavoz adjunta del PP en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo, preguntada por la operación, aseguró que todavía no había entendido “lo de Ayuso y el ático”. Uno de los asesores del PP en el Senado, Víctor Soriano, que compatibiliza el cargo con su trabajo como abogado de Manos Limpias, lo secundaba también en X. “Cayetana Álvarez de Toledo ha dicho lo que todos en el PP pensamos”, escribía.
La respuesta de la diputada del PP es significativa porque Álvarez de Toledo compite con Ayuso por una posición similar dentro del ecosistema del PP, la de una dirigente de la derecha ideológica más dura, partidaria de una oposición frontal a Pedro Sánchez. Durante varios años, Ayuso había ocupado casi en exclusiva ese espacio. Su mayoría absoluta en Madrid y su confrontación constante con el Gobierno central le permitieron combinar poder institucional, autonomía orgánica y capacidad de movilización.
En la citada entrevista, Álvarez de Toledo también expresa su voluntad de ser ministra y reclama un proyecto capaz de agrupar bajo las siglas del PP a todo el espacio situado entre el centro y la derecha. Su referencia, según explica, es el modelo construido por José María Aznar con un PP ideológicamente definido y fuerte para reducir el espacio electoral de Vox.
Esa estrategia se solapa con la que Ayuso ha reivindicado desde la Comunidad de Madrid, donde ha defendido que el PP debe combatir a Vox sin adoptar un perfil moderado o defensivo. Álvarez de Toledo comparte el objetivo, pero plantea una diferencia de método. Reivindica una derecha menos marcada por los argumentarios y pone distancia con algunos de los recursos comunicativos de Ayuso, como el insulto o la conversión de determinados exabruptos en elementos de propaganda política.
Ester Muñoz calla ante la crisis del ático
Otra de las dirigentes que está en un momento álgido es Ester Muñoz. Como portavoz del PP en el Congreso, se ha consolidado como una de las principales voces de ataque contra el Gobierno de Sánchez en esta legislatura. Su estilo se basa en la confrontación directa, la presencia continua en redes sociales y la intervención en prácticamente todas las polémicas de la actualidad nacional, lo que parece haberla convertido en la alumna aventajada de Aznar, que hace solo unas semanas la presentó en un desayuno informativo.
Por ese motivo, el silencio de Muñoz sobre el ático es significativo teniendo en cuenta que en otras ocasiones ha respaldado de manera clara a Ayuso con la situación judicial de González Amador y denunció la supuesta fijación del Ejecutivo central con la Comunidad de Madrid. En cambio, en los últimos días ha mantenido una actividad intensa en redes sobre otros asuntos, especialmente con lo relativo a la crisis de Ceuta, de la que culpa al Gobierno sin mencionar a Marruecos. Una posición calcada de la de su jefe de filas.
Dentro del PP, algunos cargos comparan la forma de comunicar de Muñoz con la de Ayuso, alguien, según señalan voces conservadoras, que “no se deja amedrentar” por la izquierda y que no rehuye de la confrontación. Lo cierto es que la semejanza existe en el tono, en la búsqueda de titulares fáciles y en la voluntad de responder con rapidez, pero Muñoz desarrolla ese papel desde la estructura nacional y bajo la autoridad directa de Feijóo. Representa una versión controlada e institucionalmente subordinada de la estrategia comunicativa que Ayuso desarrolla con mayor autonomía desde Sol.
Ayuso, un ‘activo’ para Génova aunque cada vez menos única
Con todo, en Génova inciden en que Ayuso es un “activo electoral” y deslizan que todo lo que ha ocurrido con el ático tiene más que ver con su pareja e interpretan que “no le pasará demasiada factura”. Pero esta crisis ha demostrado que su esfera de influencia ha cambiado. Hasta ahora reunía tres atributos que le concedían una singularidad dentro del PP: poder institucional, discurso duro y agresividad. El nuevo reparto separa esas funciones. Ayuso conserva el poder territorial, Álvarez de Toledo aparece como el verso suelto combativo y Ester Muñoz representa la confrontación diaria desde el aparato nacional.
Este reparto beneficia en parte a Feijóo, según su equipo de confianza. Génova puede dirigirse al electorado de derechas ‘sin complejos’ a través de Muñoz, incorporar a Álvarez de Toledo como referente ideológico y reducir su dependencia de la presidenta madrileña. El líder del PP no quiere ningún tipo de enfrentamiento con Ayuso, consciente de que eso se llevó por delante a Pablo Casado hace más de cuatro años, pero tampoco necesita hacerlo. Le basta con disponer de otras figuras capaces de cubrir los mismos espacios políticos.
La compra del ático ha acelerado ese proceso porque ha expuesto una decisión equivocada de su propio Gobierno, que confiaba en que nunca trascendiera a la opinión pública, por lo que resulta más difícil convertirla en víctima de una persecución externa. El manual que le había protegido en crisis anteriores de la mano de Miguel Ángel Rodríguez, su jefe de gabinete, pierde eficacia y hasta él mismo comienza a distanciarse de González Amador.
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El ascenso de Ester Muñoz y el protagonismo recuperado de Álvarez de Toledo se produce en un PP que dispone de varios liderazgos femeninos con peso, aunque de naturaleza muy distinta. Ayuso conserva el mayor poder electoral y territorial, superior al de sus homólogas Marga Prohens, María Guardiola y María José Sáenz de Buruaga.
La coincidencia entre Ayuso, Muñoz y Álvarez de Toledo tampoco reside únicamente en que sean mujeres. Las tres han construido su notoriedad sobre atributos que tradicionalmente se habían reservado a los dirigentes masculinos de la derecha: autoridad, confrontación y dominio de los debates más polarizados. Esa visibilidad tiene un valor simbólico para el PP. Le permite combatir la imagen de partido dirigido exclusivamente por hombres — las mujeres han perdido posiciones en el organigrama de poder tras el congreso de julio del año pasado— y presentar modelos de poder femenino alejados del discurso de la izquierda.
Pero la presencia de mujeres en posiciones relevantes no se traduce automáticamente en una mayor capacidad para atraer a las electoras. Los barómetros del CIS permiten analizar el voto por género y muestran que las diferencias entre hombres y mujeres atraviesan a los partidos, aunque están especialmente acentuadas en el caso de Vox. El PP dispone de un electorado femenino más amplio y transversal que la extrema derecha, pero la decisión de voto de las mujeres depende mucho más de las políticas, la posición ideológica, la edad o la situación socioeconómica que de quien encabeza el mensaje.