Cultura

Daniela Vega: "Hay que entender la diversidad como un valor"

Daniela Vega como Marina en 'Una mujer fantástica', de Sebastián Lelio.

La charla con Daniela Vega (Santiago de Chile, 1989) empezaba de manera sombría. "Es una sensación un poco agridulce", decía la actriz, protagonista de Una mujer fantástica, el filme de Sebastián Lelio que se hizo con el Oscar a mejor película de habla no inglesa en 2018. "Estoy contenta de estar y preocupada por aquellas que no están". Se refería a las mujeres, y particularmente a las mujeres trans, como ella. "Las personas que hemos venido tomando por asalto aquello que se nos ha estado robando, lo hemos hecho en gran medida en la memoria de aquellas personas que no están". Poco después de esta conversación de mediados de diciembre en Madrid, volvería a acordarse de las y los ausentes con la aprobación de la Ley de Identidad de Género chilena, la primera del país, que entraba en vigor el 27 de ese mismo mes. 

La nueva normativa hace posible el cambio registral del nombre y el género desde los 14 años, aunque entre los 14 y los 18 el procedimiento exige autorización de los padres o tutores legales. La normativa ha supuesto una revolución en Chile: los derechos de las personas trans han entrado definitivamente en la agenda pública, en un país en el que en 2017 se produjeron 273 ataques tránsfobos, según la organización Movilh (Movimiento de Integración y Liberación Homosexual). Pero queda mucho por delante: la nueva ley no garantiza el acceso a tratamientos hormonales u operaciones de reasignación de género, y el cambio registral de una persona casada conlleva la anulación de la unión, ya que Chile no reconoce los matrimonios entre personas del mismo sexo. A Daniela Vega le preocupa especialmente la desatención de los niños y niñas trans, que quedan fuera de estos derechos conquistados. 

"Las infancias trans están ahí", reivindicaba en un encuentro con la prensa previo a su participación en una charla organizada por la Asociación de Mujeres de Guatemala dentro de la programación de La Casa Encendida. "Pero la infancia trans, lamentablemente, y a diferencia de la adultez trans, parece que necesita permiso para existir. Es algo que habita el cuerpo de quien lo está viviendo, y eso sí que no necesita permiso para existir, ni de esa persona ni de quienes le rodean. Es un derecho negado, tanto como otros derechos". "Yo fui una niña trans, por supuesto", contaba, "y mis padres me apoyaron desde el día uno en un país en el que no existía ni la ley de divorcio". Pero la actriz, que se ha convertido en una de las caras más visibles de la lucha trans, es consciente de que no todos los menores cuentan con este apoyo. "Hay una sensación de pertenencia de los adultos hacia a los niños, no se les pregunta de qué manera quieren ser educados, qué sienten", reflexiona. "Al sujeto infante se le trata de manera uniforme, y eso conlleva un conflicto lamentable en los propios colegios. El uniforme, para la escuela militar, y ya". 

En alguna ocasión, la intérprete ha hablado de su cariño por Madrid, ciudad que asocia a las películas de Almodóvar, un director que la acompañó durante el descubrimiento de su identidad. "Cuando fui una niña", contaba, "y estaba bajo el alero de mis padres, fueron ellos los que me dieron la libertad de no cambiarme de canal cuando aparecía una película de Pedro Almodóvar, de no apagarme la televisión cuando aparecía Bibiana Fernández, de no cambiarme de canal cuando salía La Veneno… Decían: 'Qué interesante esta persona, vamos a ver lo que dice'. Ellos no tenían miedo de la diversidad". Daniela Vega pronuncia esta palabra, diversidad, en varias ocasiones a lo largo de la charla. Defiende que la confluencia de distintas identidades, distintas maneras de entender el género, la feminidad o la masculinidad, no debería suponer un enfrentamiento. "La identidad no es un conflicto, se conflictúa la identidad a propósito de otras", señalaba. "Hay que entender que ser o no trans es parte de lo diverso. Lo primero que quiero yo, con humildad y desde un punto de vista personal, es entender la diversidad como un valor".

Por eso no entiende la reacción de parte del feminismo ante el auge de las reivindicaciones de las personas trans. Un sector minoritario del movimiento —sus integrantes son comúnmente conocidas como TERF, acrónimo en inglés de feministas radicales transexcluyentes— consideran que las reivindicaciones de reconocimiento identitario de las mujeres trans amenazan al feminismo. En su opinión, las mujeres trans no son equiparables a las mujeres cis —esto es, las que fueron reconocidas como mujeres al nacer, las mujeres no trans—, y su inclusión supondría una especie de cooptación del feminismo y de los espacios femeninos por parte de hombres encubiertos. Esta visión cuenta con una fuerte oposición por parte de gran parte del movimiento, que acusa a sus defensoras de transfobia. "Hay que preguntarse primero qué es una mujer, y qué cuerpo habita una mujer, quién pone ese límite", plantea Daniela Vega. "A mí, en lo personal, me parece una idea del siglo pasado. Esto de 'mujeres biológicas' y 'no biológicas', como si yo fuera un holograma…".

Pero la actriz celebra la inclusión de las mujeres trans en la última oleada feminista, que considera un cambio con respecto a la relación entre ambos movimientos hasta ahora. "La sororidad que estamos teniendo las mujeres hoy es algo que nos está permitiendo entendernos en nuestras propias diferencias", observa. Y habla de la persecución a las mujeres que deciden abortar, de la presión social hacia aquellas que no quieren tener hijos, de la opresión de las mujeres lesbianas. "En el pasado", dice, dejando ver una experiencia de vida que desborda sus 30 años, "yo tenía que salir a justificar todos los días quién era yo y de qué forma era, tanto a hombres como a mujeres. Siento que esas justificaciones hoy las estamos dando todas las mujeres juntas con respecto a las masculinidades". 

Daniela Vega, que se reivindica de izquierdas "aunque no radical" —denuncia haber sufrido ataques de la extrema derecha, pero también de sus supuestos compañeros de filas: "Duele igual el golpe venga de la mano izquierda o venga de la mano derecha"—, ha estado muy volcada también en las protestas en Chile contra el Ejecutivo de Sebastián Piñera. "Me siento mal, me siento preocupada porque hemos visto la inoperancia del Gobierno actual", dice quien había sido, ya antes de la ola de manifestaciones, muy crítica con el presidente conservador. "Ha habido violaciones de los derechos humanos, muchísima falta de diálogo. Siento que el Gobierno quedó muy al debe desde el punto de los derechos humanos y de los derechos de las mujeres. Y del derecho de protesta, y de salir con una cacerola y una cuchara, que es lo que hacemos, a adherir lo que nos corresponde. ¿Cómo responde el Gobierno? Con balines, con carros lanzando agua". 

 

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