POLÉMICAS EXENCIONES DE CUOTAS

Sólo 2.249 jóvenes consiguieron un contrato indefinido en 2016 gracias al Sistema de Garantía Juvenil

Más de un millón de jóvenes están desempleados en España.

La Seguridad Social ha publicado por primera vez las cifras de los contratos que se han beneficiado de las exenciones de cuotas desde 2012. Estos incentivos a la contratación, polémicos por las dudas sobre su eficacia y por el descosido que hacen a las cuentas de la Seguridad Social, constituyen una de las medidas más publicitadas por el Gobierno como impulso del empleo. Pese a que el ministerio de Fátima Báñez las eliminó casi por completo al poco de llegar el PP al poder, las ha ido recuperando hasta multiplicarlas cuatro años después e incluso ha pretendido prorrogarlas en algunos casos hasta 2021, con el rechazo del Congreso.

El informe económico financiero correspondiente al presupuesto de la Seguridad Social de este año publica desglosados los contratos según el tipo de incentivo, pero no proporciona una cifra total del número de trabajadores beneficiados: muchas reducciones y bonificaciones se extienden durante varios años, por lo que en las estadísticas aparecen los mismos contratos en ejercicios sucesivos. Según los datos aportados en su día por la ministra, de la tarifa plana de 100 euros y del mínimo exento de cotización de 500 euros, sus dos medidas estrella, se beneficiaron entre 2014 y 2016 –ya no están vigentes– 660.000 trabajadores. Y de la tarifa plana de 50 euros para los autónomos, un millón más.

De los números publicados también se desvela el escaso éxito del Sistema Nacional de Garantía Juvenil en lo que a empleo se refiere. Este plan nacido en Bruselas para acabar con el paro de los jóvenes asignó a España 2.360 millones de euros. Su objetivo es proporcionar a los menores de 30 años formación o un empleo en un plazo de cuatro meses. Para ello hay que inscribirse, y lo han hecho muy pocos jóvenes: 421.209 a fecha del pasado enero, de los 1,12 millones de menores de 30 años que se encuentran en el paro según la última Encuesta de Población Activa (EPA). España tiene la segunda tasa de paro juvenil más alta de la Unión Europea, un 42,9% entre quienes no superan los 25 años. Según Fátima Báñez, de los poco más de 400.000 inscritos en el Sistema Nacional de Garantía Juvenil, 143.645 encontraron un empleo. Lo que no se sabe es qué tipo de puesto de trabajo y cuánto tiempo les duró.

A la luz de las cifras sobre los incentivos que el ministerio aplica a quienes contraten a los jóvenes inscritos en este sistema, en 2015 sólo 2.599 de ellos tuvieron un contrato en prácticas. En 2016 fueron 3.917. Otros 28 consiguieron unas prácticas no laborales.

Muchos menos firmaron un contrato indefinido. Gracias a la tarifa plana de 100 euros fueron sólo 543 jóvenes en 2015 y 606 en 2016. En virtud del mínimo exento de cotización de 500 euros, 504 menores de 30 años inscritos en la Garantía Juvenil firmaron un contrato indefinido. En 2016 la cifra subió a 1.643. Es decir, este sistema consiguió un empleo fijo a 1.047 jóvenes en 2015. Un año más tarde, 2.249 eran los beneficiados.

Temporales, como los mayores

Un estudio de las profesoras de la Universidad de Alcalá de Henares Inmaculada Cebrián y Gloria Moreno concluyó que estos incentivos no aumentan las probabilidades de que un joven acceda a un contrato indefinido: sólo el 2,54% de los contratos firmados por menores de 30 años entre 2007 y 2014 se beneficiaron de las reducciones de cuotas –que minoran los ingresos de la Seguridad Social–, y sólo el 1,25% recibieron bonificaciones –que no afectan a las cuentas del sistema porque son cubiertas por el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE)–.

Según explican las autoras, a los menores de 30 años les ocurre lo mismo que a sus mayores, el acceso al empleo lo consiguen casi siempre mediante un contrato temporal. “La decisión de contratar o no a un trabajador con un contrato indefinido tiene más que ver con las necesidades productivas de la empresa que con la facilidad para hacerlo”, aseguran las investigadoras. Es más, los incentivos terminan resultando poco atractivos porque obligan a las empresas a mantener la plantilla neta durante tres años. “Esta rigidez”, advierten, “supone un mayor coste para la empresa que el hecho de correr con los costes laborales de entrada y salida de un contrato indefinido sin bonificar”.

La Comisión Europea no ha dejado de criticar los escasos resultados del Sistema Nacional de Garantía Juvenil en España, pese a ser el país que más fondos ha recibido. En su última evaluación calculaba que sólo ha beneficiado al 10,7% de los ninis españoles ninis. En cambio, el 61% de los alemanes y el 80,5% de los franceses han conseguido una oferta de empleo o formativa gracias a esta iniciativa.

Para autónomos, contratos en prácticas, de formación...

También para fomentar el empleo joven el Gobierno creó en 2013 toda una batería de reducciones y bonificaciones de cuotas a la Seguridad Social para autónomos. De ellas se beneficiaron ese primer año 8.270 menores de 30 años. En los siguientes, la cifra ha ido bajando, hasta quedar en 6.248 en 2016. Las concedidas para transformar contratos temporales en indefinidos sólo ayudaron a 52 trabajadores en 2013, a 112 en 2014, a 144 en 2015 y a 135 en 2016.

La generación cangrejo

La generación cangrejo

Los incentivos para contratos en prácticas comenzaron favoreciendo a 25.207 jóvenes en 2013 y a 75.897 en 2016. Además, 22.450 contratos de formación y aprendizaje se firmaron con reducciones de cuotas en 2012. El año en que más contratos de este tipo se registraron fue 2015, cuando llegaron a 106.827. Pero el ejercicio pasado quedaron reducidos a la mitad, 57.773. En la misma ley que aprobó la reforma laboral en 2012 se incluyeron también incentivos para que los autónomos con menos de 50 trabajadores aumentaran plantilla: 22.852 contratos acudieron a este esquema el primer año y 47.708 en 2016. Para convertir contratos de formación y prácticas en indefinidos los incentivos sólo beneficiaron a 6.270 trabajadores en 2012 y llegaron a 30.459 en 2016.

Los mejores registros corresponden a la tarifa plana de 100 euros, que comenzó con 187.956 en 2014 pero se redujo a 110.359 dos años después, y al mínimo exento de 500 euros, que favoreció a 113.266 contratos en 2015 y a 179.814 en 2016. Pero quienes más han utilizado estas deducciones de cuotas a la Seguridad Social son los autónomos. Llegaron a ser 371.296 a fines de 2014 quienes aprovecharon los incentivos incluidos en el Estatuto del Trabajo Autónomo.

Economistas y académicos coinciden en que estas subvenciones a los contratos no son eficaces porque no crean empleo neto. Los expertos hablan de que se produce el efecto de peso muerto: se contrata a trabajadores que habrían sido empleados de todas formas aunque no existiera el incentivo. También existe el efecto sustitución: los trabajadores contratados reemplazan a los no subsidiados, pero no redundan en un aumento del empleo. Es decir, en lugar de contratarse a personas de 30 a 45 años, por ejemplo, se emplea a otras de 18 a 29, que sí están bonificadas. Pero no se contrata más. Además, insisten en que los los incentivos sólo son útiles cuando se seleccionan colectivos muy concretos de trabajadores, generalizarlos aumenta los efectos no deseados.

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