Bruselas se sienta con los talibanes para hablar de migración antes que de los derechos de las mujeres
Con el mayor de los secretismos e intentando no ofrecer detalles, la Comisión Europea recibió este martes en Bruselas a una delegación de talibanes afganos, la primera que pisa la capital comunitaria, para tratar posibles acuerdos migratorios con los que aumentar las deportaciones a Afganistán de nacionales de ese país que se encuentren en algún Estado miembro de la Unión Europea. Lo hizo bajo la premisa de "una reunión técnica" en la que participaron también representantes de 15 países, pero no de España.
El encuentro estuvo pilotado por "los servicios de la Comisión y Suecia", según Bruselas. La antigua embajadora afgana en Noruega y jurista Shukria Barakzay denunció la invitación en términos muy duros: "No es diplomacia. Lo que está haciendo la Unión Europea es normalizar un apartheid de género". Las palabras de la actual presidenta de la Women’s Coalition for Justice resonaron en el Parlamento Europeo el mismo día en que la delegación talibán pisaba la capital comunitaria y reflejan la polémica desatada por la reunión.
La Unión Europea todavía no ha reconocido al régimen de los talibanes como gobierno legítimo de Afganistán. De ahí la encrucijada del equipo de Von der Leyen, que argumenta su negativa a hablar abiertamente de los participantes y de los detalles de la reunión "por motivos de seguridad", aunque admite que "los contactos con representantes del gobierno de facto de Afganistán han tenido lugar desde hace un tiempo. La primera reunión fue en Afganistán en enero y desde entonces la Comisión se ha estado preparando para esta reunión técnica en Bruselas", explica el portavoz Markus Lammert.
La visita de la delegación afgana se esperaba desde hacía semanas, pero se retrasó por problemas con los visados. Finalmente, estuvo liderada por el jefe de comunicación de su ministro de Exteriores. Estuvo liderada por el jefe de comunicación del Ministerio de Exteriores talibán y formada por cinco representantes, a los que solo se permitió permanecer un día en Bélgica, sin posibilidad de desplazarse a otros países comunitarios aprovechando el espacio Schengen. Desde el Ministerio de Exteriores belga aseguran que el visado especial se concedió "después de los análisis de seguridad llevados a cabo por el Servicio de Seguridad del Estado y la inteligencia militar".
La Comisión no dudó en recoger el guante lanzado en octubre de 2025, cuando 20 países de la UE pidieron en una carta "a la Comisión que coordine contactos técnicos sobre retornos". "El objetivo de estos 20 países es devolver a personas que han cometido graves crímenes o que supongan amenazas a la seguridad", explicaron funcionarios comunitarios en su misiva. La ministra de Exteriores belga estuvo detrás de la iniciativa junto a su colega sueco, y congregaron a socios de norte a sur y de este a oeste del continente, de Alemania a Italia y Malta, hasta Polonia, República Checa o Irlanda.
La presidenta del Comité de Derechos de las Mujeres del Parlamento Europeo, Lina Gálvez, cree que este paso de una mayoría de Estados miembros "es una irresponsabilidad total y absoluta, plegarse a unos tiempos que nos retrotraen a décadas atrás en lo que habíamos avanzado en derechos humanos y en un marco internacional en su defensa". La eurodiputada socialista advierte de que, como se está viendo con el reciente Reglamento de Retornos o los debates dentro del Consejo, "el mensaje internacional que se envía es de hipocresía: una vez más se toma una deriva muy transaccional de lo que son las relaciones exteriores de la UE, donde se pone por delante el control migratorio frente a los valores fundamentales de la Unión".
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Bruselas dio este martes continuidad a un "enfoque coordinado y amplio" centrado solo en cuestiones migratorias para "llevar a cabo los retornos de personas" sin "ofrecerles nada a los talibanes a cambio de aceptar", pero en ningún caso para hablar de derechos humanos y, especialmente, de la situación de las mujeres, como le pide una reciente resolución del Parlamento Europeo. El texto denuncia "la persecución sistemática de mujeres y niñas en Afganistán" ante un régimen que "institucionaliza violaciones masivas de los derechos fundamentales, incluyendo el apartheid de género, la esclavitud y los castigos corporales".
Al mismo tiempo que se celebraba esta reunión, en la Eurocámara se denunciaba esta omisión en los intercambios con los talibanes. En conversación con infoLibre, Lina Gálvez reprocha los términos de la Comisión. "Lo técnico también es político, no hay reunión técnica en estos temas. Reunirse con una delegación talibán es una decisión política en sí misma y encierra una incoherencia muy grande: la UE afirma que los derechos humanos, los derechos de las mujeres y la democracia son valores fundamentales de su acción exterior, pero al mismo tiempo se sienta con los talibanes. Una cosa no es compatible con la otra".
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La reunión de comienzos de año ya estuvo capitaneada por el subdirector del Departamento de Asuntos Interiores de la Comisión, y no por miembros del Servicio Exterior, el cuerpo diplomático de la UE. Ahora, "se ha dado seguimiento a esas conversaciones técnicas, en particular a lo relativo a la identificación de las personas objeto de retorno y la expedición de documentos de viaje", obviando las cuestiones de derechos humanos. Y eso que, como denuncia la jurista afgana Shukria Barakzay, "las leyes de los talibanes no decrecen, hay uno de los mayores ataques sistemáticos a los derechos de las mujeres en la historia moderna", mientras pide a "la comunidad internacional decidir si apoyará a las víctimas o está con aquellos que las oprimen".
Irene Montero, también eurodiputada en el Comité de Derechos de las Mujeres, coincide en preguntarse "si ahora los derechos de las mujeres en Afganistán ya no importan" y en poner a la UE y a las fuerzas políticas dirigentes ante el espejo. "Es importante asumir nuestra responsabilidad, la mayoría de los grupos parlamentarios dan soporte a la Comisión Europea que se está reuniendo con los talibanes", dice la dirigente de Podemos. "Esto es una hipocresía criminal y, peor, complicidad".
Los talibanes aprovecharon la visita a Bruselas para dejar una primera reclamación tras este pequeño avance en su reconocimiento internacional: quieren empezar por acceder de nuevo a las delegaciones afganas repartidas en los Estados miembros, todavía gestionadas por diplomáticos y funcionarios nombrados antes de su vuelta al poder en 2021, para retomar la prestación de servicios consulares a los afganos presentes en los Veintisiete. Esta decisión corresponde a cada país europeo y hay 20 países dispuestos desde hace año y medio a sentarse a negociar con ellos.