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La lucha contra el negocio de la droga

Golpe al narco gallego: así cayó 'El Burro', el capo destapado por 'Narco Files', por traer droga en submarino

Juan Manuel Vidal Padín acompañó a los agentes durante el registro de una de sus empresas una vez detenido.

Víctor Méndez (Narcodiario) / Begoña P. Ramírez

La Policía Nacional, la Guardia Civil y el Servicio de Vigilancia Aduanera (SVA) detuvieron este martes a Juan Manuel Vidal Padín, alias El Burro, considerado uno de los mayores capos gallegos de la droga. Las fuerzas de seguridad llevaban tres décadas tras sus pasos, pero no habían conseguido pillarlo. Las cosas empezaron a cambiar en noviembre de 2019, cuando se incautaron en la playa de O Foxo (Pontevedra) del primer narcosubmarino transoceánico de Europa. Bautizado como Che, su rastro llevó hasta una organización colombiana que había transportado más de tres toneladas de cocaína hasta la ciudad de Leticia, en la entrada del río Solimões. De allí, en lanchas rápidas, se hizo llegar la mercancía a la zona de Santarém, más allá de Manaos, ya en Brasil, en plena Amazonia, donde se cargó en el narcosubmarino que cruzó el Atlántico rumbo a Galicia. Detrás de ese alijo, la Drug Enforcement Administration (DEA) de Estados Unidos y la Fiscalía General de la Nación de Colombia situaron entonces a Juan Manuel Vidal Padín. Así lo revelaron los Narco Files, la investigación internacional coordinada por el consorcio OCCRP (Organized Crime and Corruption Reporting Project), con el apoyo de CLIP (Centro Latinoamericano de Investigaciones Periodísticas), que publicaron en España infoLibre y Narcodiario en noviembre de 2023.

De hecho, la DEA solicitó en 2021 a Colombia que interceptara las comunicaciones de El Burro, sobre el que habían puesto el ojo los policías del país sudamericano. Un año antes, las autoridades de Bogotá ya habían empezado a investigar las empresas que Vidal Padín, con un pie en ese país desde hacía años, utilizaba para sus negocios ilícitos junto con un socio colombiano y familiares de ambos. Habían montado, aseguraban los investigadores colombianos, “una organización orientada al tráfico de estupefacientes, valiéndose de semisumergibles, partiendo de Colombia, cruzado el Atlántico, hasta llegar a España”.

En marzo de 2023, fue hallado otro semisumergible, el Poseidón, de 23 metros de eslora, medio hundido cerca de Vilaxoán, en la Ría de Arousa, y abandonado por sus tripulantes tras descargar casi cinco toneladas de cocaína. La policía española enseguida lo relacionó con Juan Manuel Vidal Padín. El martes, los agentes lo detuvieron junto a otras cuatro personas. También registraron sus empresas Invermar, una firma náutica, y Hermanos Vidal Padín, dedicada al comercio al por mayor de pesca y marisco, según informaron Faro de Vigo y La Voz de Galicia. En sus naves, la policía encontró una narcolancha con cuatro motores y otra a medio construir.

infoLibre trató de contactar con Vidal Padín a través de varias de sus empresas, sin éxito.

La operación se ha desarrollado sólo unos días después de otra en la que se registraron una docena de viviendas y locales de Noia y Bertamiráns (A Coruña), Vilanova de Arousa, A Estrada y Portonovo (Pontevedra). Se decomisaron dos planeadoras más, así como moldes para construirlas. Hubo cinco detenidos en un primer momento. El operativo se vincula con la aparición de dos narcolanchas abandonadas en las playas de Espiñeiredo y O Rial, en el municipio coruñés de Ribeira, en febrero de 2023, sólo unos días antes de que fuera hallado el Poseidón al otro lado de la ría. Del cerco policial escaparon, no obstante, dos lugartenientes de José Ramón Prado Bugallo, Sito Miñanco, el histórico capo gallego: José Manuel F. y Francisco Javier P. R.

Sito Miñanco se encuentra en la cárcel a la espera de juicio en la Audiencia Nacional junto con el resto de su organización, que, en teoría, fue desmantelada en la Operación Mito en 2018. Entonces, el capo gallego fue detenido en Algeciras y acusado de narcotráfico y blanqueo de dinero. El fiscal pide para él 29 años de cárcel. Miñanco tiene ahora 69. De ellos, ha pasado entre rejas casi una tercera parte: fue condenado en 1993 a 20 años de prisión por un delito contra la salud pública, en 2004 por el mismo delito a 16 años y 10 meses y en 2019 por blanqueo de capitales procedente del tráfico de drogas a tres años y nueve meses de cárcel.

El narco gallego sigue vivo

Estas últimas detenciones revelan que el narco gallego sigue vivo, con capos ahora más discretos que los históricos Miñanco –su vida ficcionada fue un éxito de audiencia con la serie Fariña– o el explosivo Laureano Oubiña –que ha escrito sus memorias, pero sin mucho tirón editorial–. Como en el caso de El Burro, han cambiado de operativa y de ruta, y no dudan en cruzar el Atlántico para traer la cocaína siguiendo el curso del Amazonas.

Construyen submarinos –el Che se encuentra expuesto en la Escuela de la Policía Nacional en Ávila–, pero también sus propias narcolanchas, que no son sólo un preciado medio de transporte en Barbate (Cádiz). Hay que recordar que fueron los narcos gallegos los primeros que presumían de su pericia para navegar por las rías de noche y sin luces esquivando las lanchas del Servicio de Vigilancia Aduanera. Queda por ver si la detención de algunos de sus hombres en Bilbao y Gijón estos como resultado de estas últimas operaciones no es un indicio de que los narcos gallegos han decidido extender su campo de acción más al norte, primero a las Rías Altas y luego al Cantábrico.

Aunque, en el caso de Vidal Padín, lo cierto es que no ha dejado de estar en el radar de la policía, los jueces, los medios de comunicación y hasta de Hacienda desde los años 90. Incluso ha estado a punto de ser llevado ante los tribunales en varias ocasiones. Y fue denunciado por la Agencia Tributaria por fraude fiscal en 2012. Porque tan importante como su actividad delictiva ha sido la empresarial. Es dueño de un buen número de sociedades, la mayoría dedicadas a la náutica. Pero no solo eso. De hecho, fueron unas conversaciones de El Burro grabadas por el SVA las que pusieron a la Policía sobre la pista de Jorge Dorribo, el empresario lucense que incriminó al exministro de Transportes José Blanco en la que luego se conoció como Operación Campeón.

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La instrucción de la causa, un fraude de subvenciones y cohecho a cambio de comisiones, se prolongó durante seis años, pero se cerró con penas menores para la decena de procesados. El caso contra el ministro socialista había sido archivado por el Tribunal Supremo antes, en 2013. Dorribo, dueño de los laboratorios Nupel, aseguró que se había reunido con José Blanco en una gasolinera de Lugo y que había pagado 200.000 euros a un primo del ministro para acelerar gestiones en los ministerios de Hacienda y Sanidad.

En esa causa, sin embargo, no apareció Juan Manuel Vidal Padín, pese que Dorribo le había ofrecido ayuda para solicitar subvenciones al Instituto Galego de Promoción Económica (Igape). Tanto un exdirector como un subdirector de ese organismo dependiente de la Xunta de Galicia fueron condenados a seis meses de multa y un año de suspensión de empleo público. Además, Dorribo había comprado dos yates a través de El Burro y los había puesto a nombre de su esposa, pero eran utilizados por el presunto narco para su ocio.

Vidal Padín consiguió desarrollar sus negocios a la vista de todos durante años, pese a la perenne sospecha que le rodeaba. Pero han sido los submarinos, precisamente su operativa más osada, los que finalmente ha hecho posible reunir pruebas suficientes a ambos lados del Atlántico para detenerlo.

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