CAMBIOS EN EL SECTOR FINANCIERO

Pros y contras de resucitar la banca pública: de la inversión estratégica y social a los pecados de las cajas

El ministro Román Escolano, cuando era presidente del ICO, con Magdalena Álvarez.

Mientras corren, y luego se desmienten, los rumores sobre un posible interés del BBVA en comprar Bankia, Unidos Podemos llevó al Congreso una propuesta para conservar el banco en poder del Estado y convertirlo en el núcleo de una renovada y más potente banca pública. También el PSOE ha resucitado la idea de una banca pública que garantice tanto el crédito para inversiones a largo plazo como el crédito social.

En España la banca pública se redujo al Instituto de Crédito Oficial (ICO) desde que Argentaria, fruto de la fusión en 1991 del Banco Hipotecario, Banco de Crédito Local, Banco de Crédito Industrial, Banco de Crédito Agrícola, Caja Postal y Banco Exterior, fue privatizada y terminó fusionándose con el Banco Bilbao Vizcaya en 1999. Francisco González fue el último presidente de Argentaria y el primer copresidente, junto a Emilio Ybarra, del recién nacido BBVA.

Tras la crisis financiera de 2008 y la consiguiente restricción del crédito que padeció la economía española, han vuelto, aunque tímidas, las voces que reclaman el regreso de una banca pública con más músculo del que tiene ahora el ICO. Bankia fue rescatada con dinero público, un mínimo de 22.424 millones según las cifras oficiales del Banco de España, con la idea de devolverla al sector privado antes del diciembre de 2019. Al menos así queda recogido en el Memorando de Entendimiento (MoU) firmado con Bruselas. Sin embargo, los bajos índices de rentabilidad del negocio bancario lastran su cotización bursátil, por lo que la venta de las acciones de Bankia se retrasa día a día a la espera de que el mercado se anime. Por el momento, se han colocado sólo dos paquetes de acciones, el primero en febrero de 2014, un 7,5% del capital, por importe de 1.300 millones de euros, y el segundo, el 12 de diciembre pasado, un 7%, por menos dinero, 818,3 millones de euros. El 18 de abril el presidente del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), Jaime Ponce, admitió en el Congreso que no tiene “ninguna ansiedad” por vender Bankia y se empieza a hablar de retrasar a 2020 la fecha límite en busca de un repunte de las acciones en el parqué.

En ese escenario el Congreso debatía sobre la conveniencia de dejar Bankia en el sector público –el Estado sigue poseyendo casi el 61% de las acciones del banco presidido por José Ignacio Goirigolzarri–, fusionarla con el ICO y convertir ambos en una renovada banca pública que financie proyectos de infraestructuras e industriales, facilite el acceso a la vivienda y ofrezca “un sistema de depósitos seguro y a bajo coste”. La proposición no de ley fue rechazada por la Comisión de Economía.

“En otros países europeos existen bancos públicos con cuotas de mercado de entre el 15% y el 25%”, responde Bruno Estrada, director de Estudios y Proyectos de la Fundación Primero de Mayo de CCOO y miembro del Consejo Ciudadano de Podemos Madrid. En Francia, la Caisse des Dépôts, la Banque Postale y la Banque Publique d'Investissements (BPI) son públicos. Este último invierte en sectores industriales considerados estratégicos, explica Estrada. Alemania cuenta con una banca pública regional, dependiente de los Länder. En Italia, a la Banca Posta y la Cassa Depositi e Prestiti se le unió en 2011 el Fondo Strategico Italiano, que imita la política de inversión industrial del BPI francés. En Holanda, el Bank Nederlanse Gemeenten es la cuarta entidad del país por volumen de activos. Hasta en Dakota del Norte, destaca Estrada, existe un banco público donde la administración estatal está obligada por ley a depositar todos sus ingresos y cuya misión es impulsar la economía del Estado.

Contra la concentración bancaria

Aunque el economista de CCOO no cree que España pueda ni deba imitar el modelo alemán, por ejemplo, sí aconseja renegociar el MoU con la Unión Europea, mantener el control estatal sobre el 51% de Bankia y dar un “papel más activo” al ICO. “El ICO carece de capacidad ni personal suficientes para gestionar las líneas de crédito, tiene que firmar acuerdos con las entidades bancarias para hacerlo”, lamenta Estrada. En esa queja coincide con Julio Rodríguez, ex presidente del Banco Hipotecario entre 1985 y 1994. “El ICO tiene ahora un papel muy limitado en la economía española, pinta muy poco”. Representa el 2% del crédito, cuando hasta los años 90 llegó al 15%.

Ambos defienden la existencia de un “segmento público” en el sector financiero también como forma de contrarrestar la creciente concentración bancaria. Tras la absorción del Popular por el Santander y de BMN por Bankia, “las cinco mayores entidades controlan el 70% de la actividad bancaria en España”, recuerda Bruno Estrada. Según el informe anual que acaba de publicar el Banco de España, si se le añade el negocio de estos cinco bancos en el extranjero, esa cuota es aún mayor: el 81,5%, cuando en 2008, antes de explotar la crisis, no pasaba del 49%. “La concentración redunda en un empeoramiento de las condiciones que se ofrecen a los clientes, además de que la concentración provoca exclusión bancaria: cada vez más núcleos de población se quedarán sin sucursales”, apunta Julio Rodríguez.

Para el expresidente del Hipotecario, rechazar la banca pública por anacrónica es una postura “muy ideológica”. Por su parte, Bruno Estrada destaca el elevado coste  que el rescate de Bankia ha tenido para el contribuyente y aboga por añadir “criterios sociales” a los “de mercado” en las líneas de actuación de la banca. Por ejemplo, “un comportamiento diferenciado en las hipotecas”: “Si ofreces mejores condiciones a los particulares en estos créditos pequeños obligas a la banca privada a mejorar las suyas y así mejoras las condiciones del crédito en general, introduciendo más competencia en un mercado cada vez más concentrado”, asegura.

Al tiempo, Estrada defiende que se mantenga la parte de Bankia que ya está en manos privadas. “Ayuda a disciplinar la gestión en términos de eficacia económica”, sostiene, “supone un control de la gestión pública que evitará lo ocurrido en las cajas de ahorros”.

Vivienda sí, infraestructuras no

También Julio Rodríguez ve con buenos ojos que Bankia se quede en el sector público, o bien se refuerce el ICO, con la mira puesta en promover la vivienda en alquiler. “España carece de un parque público de vivienda social para alquiler y los bancos privados no están dispuestos a financiar promociones sobre suelo cedido por los ayuntamientos”, lamenta Rodríguez, quien cree que ahí debería estar un ICO que preste directamente, en lugar de a través de los bancos privados como hace ahora, y “capte dinero también directamente de los mercados”. “O una Bankia que desarrolle determinadas líneas que sugiera el Gobierno con condiciones algo mejores que las privadas, pero sin poner en peligro su cuenta de resultados”, ofrece.

Eso sí, a diferencia de Estrada, desaconseja que la banca pública imite a la francesa invirtiendo en infraestructuras. “Para eso es mejor la financiación presupuestaria, los préstamos tienen costes muy altos y terminan siendo ruinosos”, advierte el expresidente del Hipotecario.

Julio Rodríguez recuerda que en su época “el crédito oficial funcionaba bien”. “El Banco Hipotecario tenía 500 empleados [el ICO cuenta con 300 trabajadores], unos beneficios de 20.000 millones de pesetas [120 millones de euros] y el 40% de la vivienda pública oficial en su cartera”, presume. Aunque, para mejorar su experiencia, Julio Rodríguez pide que una posible nueva banca pública sea sometida a un “seguimiento muy estrecho” por parte del Parlamento y que la elección de sus directivos sea tan estricta “como la que se hace con los del Banco de España”.

“La banca pública ya está inventada y no funcionó”

Por el contrario, José García Montalvo, catedrático de Economía de la Universidad Pompeu Fabra, responde que “no tiene sentido” ni recuperar la banca pública ni que ésta sea Bankia. “La banca pública ya está inventada y no funcionó”, apunta en dirección a las cajas de ahorro. “Fueron el reflejo de lo que pretendía ser la banca pública, sus inversiones fallidas eran inversiones dirigidas por los gobiernos, las terras míticas y similares…terras míticas”, mantiene. Aunque se trataba de entidades privadas, las cajas de ahorro “por gobernanza sí tenían objetivos públicos”, critica García Montalvo, “por ejemplo, invertir en parques de atracciones porque de ello dependía el futuro de una comunidad autónoma era un objetivo del político de turno, que luego resultó que se equivocaba o que tenía incentivos perversos para financiar cosas que no tenían sentido”.

A su juicio, la banca pública sólo es necesaria cuando se sufre un problema general de falta de financiación, como ocurrió durante la crisis, o si hay algún sector o actividad en particular cuyo desarrollo interesa al Estado y no tiene otra forma de conseguir dinero más que recurrir al ICO. Pero en estos momentos, resalta el economista de la Pompeu Fabra, los tipos de interés están lo suficientemente bajos como para que la ayuda pública sea innecesaria. Es más, “ahora faltan empresas que pidan financiación, los bancos querrían prestar más, pero con la crisis las grandes compañías han huido de la financiación bancaria y se han lanzado a emitir bonos”.

García Montalvo replica también que las entidades privadas seleccionan mejor los sectores financiables que el Estado. Rechaza “el dirigismo industrial”. “No funciona bien”, continúa, “en Cataluña ha habido mucho y ha sido desastroso”.

Del ICO alaba el apoyo que prestó a las pymes durante la crisis, cuando se les cerró el grifo de la financiación, pero critica los préstamos Renta Universidad, que han dejado entrampados a miles de estudiantes que los pidieron para cursar másters entre 2009 y 2011. “La banca pública debe ser complementaria de la privada y dedicarse a financiar cosas muy concretas en las que los bancos privados no entran porque son muy arriesgadas pero importantes desde el punto de vista estratégico”, precisa. Y en ese campo limitado “no hay papel para Bankia”, subraya: “Si quisiera hacer una banca pública, yo no haría una Bankia”. Según explica, la entidad rescatada “tiene una estructura y una determinada concentración geográfica que no encajarían en la banca pública”. Tampoco para financiar proyectos de vivienda. “Eso ya se hace en los planes estatales de vivienda, que utilizan a los bancos privados: se ofrecen tipos más bajos y la diferencia la paga el Estado”, descarta.

Sobre lo que ninguno de los economistas consultados se atreve a conjeturar es la fecha adecuada para vender Bankia. Bruno Estrada rechaza de plano la privatización, Julio Rodríguez advierte de que la idea de vender “como sea” antes de dos años perjudicará irremediablemente el precio y José García Montalvo teme por un sector bancario en serio peligro ante la amenaza de Google, Amazon y las fintech. “Vender Bankia para recuperar todo lo invertido en el rescate es una quimera, por mucho que mejore el mercado; el objetivo será conseguir el máximo posible”, se resigna.

Bankia, cuyo rescate costó 13.000 millones, repartirá entre sus accionistas 2.500 en dividendos

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