Mirar al pasado con gafas violetas: la memoria feminista busca sacar del olvido la voz de las mujeres

Mural en memoria de las supervivientes de violencia de género en Bilbao.

¿Sirven las gafas violetas –es decir, observar desde una perspectiva feminista– para mirar el pasado? Hay quien intenta que así sea. Instituciones y entidades tratan de conceder a las mujeres la voz propia que no siempre han tenido, a través de iniciativas de memoria que buscan narrar historias de violencia, pero también relatos de emancipación. Murales, exposiciones, esculturas y documentales emergen desde hace años fuera y dentro de las fronteras, habitualmente de la mano de organizaciones feministas, pero cada vez más también con la implicación directa de la Administración. Una manera de sembrar memoria colectiva que contribuya a la reparación tras siglos de abuso y silencio.

"Muchas de las mujeres con las que hablamos decían que el hecho de contar públicamente su vivencia, que se le diera credibilidad y se supiera que había sido injusto, era reparador para ellas". Habla Joana Etxano, activista en el colectivo feminista vasco Mugarik Gabe. La organización comenzó hace años una investigación sobre el funcionamiento de la justicia ordinaria en los casos de violencia de género y llegó, tras una interlocución directa con las víctimas, a la conclusión de que enterrar la violencia machista bajo la caducidad de un titular contribuía muy poco a la tarea de reparación. 

No es muy diferente de lo que ocurre con la memoria histórica: compartir vivencias desde la perspectiva de las víctimas. A partir de entonces, la organización inició un trabajo multidisciplinar: promocionar iniciativas de memoria estrictamente feministas y crear nuevos espacios capaces de abonar esa memoria. En este segundo apartado se encuentra el memorial que construyeron sus miembros, una propuesta artística y sensorial centrada en el teatro. El memorial echó a andar en distintos territorios vascos, a través de teatros y carpas donde el público se convierte en testigo de los relatos reales de siete mujeres víctimas de violencia. "Se escuchan los relatos, eres parte, te sitúas en la posición de la víctima", describe Etxano.

Poner la memoria en un primer plano es, a juicio de la activista, "otra estrategia política más" que sirve para "reconocer a mujeres que enfrentan esas situaciones" y que han sido "invisibilizadas, silenciadas, cuestionadas o juzgadas". La violencia de género forma, al fin y al cabo, parte de la historia. Se trata de explicar cómo se engendra, por qué ocurre y qué se podría haber hecho institucional y socialmente para que no vuelva a suceder. "La memoria es un elemento de no repetición y de transformación". 

Guerra, dictadura y día a día

Mondragon, 1936: Mujer, guerra y represión rescata la voz de las mujeres que sufrieron en su propia piel el horror de la guerra y la dictadura. En el podcast Recuperando la memoria: las mujeres en la II República (2014), las vivencias de las mujeres que crecieron en la primera mitad del siglo pasado se ponen ante los micrófonos. La exposición Jo sóc (2018) arranca del olvido la memoria de las mujeres rapadas durante la guerra. La primera iniciativa nace en Euskadi, la segunda en Andalucía y la tercera en Comunitat Valenciana.

En uno de los barrios más céntricos de Madrid luce un mural, sobre la fachada de un edificio, en homenaje a las víctimas de violencia machista. Fueron ellas mismas, las supervivientes, quienes participaron en su concepción. Se puso en marcha en la calle Humilladero (distrito Centro), hace ahora dos años. En el dibujo, varias mujeres abrazadas constituyen el tronco de un gran árbol que se erige a lo largo del edificio. Justo al lado, un texto reza: "Mujeres árbol. Mural de memoria y reparación dedicado a mujeres que han enfrentado violencia machista". En Peralta (Navarra), la imponente escultura de tres figuras femeninas sujetando una antorcha recuerda la memoria de las mujeres "víctimas y resistentes frente al fascismo" desde 1936. La escultura está formada por cantos rodados del Cementerio de las Botellas, de varias fosas en las que se hicieron exhumaciones y de los muros de la cárcel de mujeres de Saturrarán.

Tanto el homenaje madrileño como el navarro coinciden en algo: la representación de las mujeres como supervivientes. No siempre ha sido así. Hace algo menos de un lustro, el Ayuntamiento de Zaragoza optó por reivindicar la lucha contra la violencia de género a través de la escultura de una mujer arrodillada, con la cabeza gacha, el rostro entre sus manos y el sobrenombre de Víctima. El movimiento feminista expresó entonces su oposición: las mujeres quieren abandonar el estatus permanente de víctima.

En enero de 2021, un mural en tonos morados y rosados ocupó titulares. Estaba en el polideportivo municipal de la Concepción, en el distrito madrileño de Ciudad Lineal. En él, figuraban los rostros de Frida Kalho, Angela Davis, Liudmila Pavlichenko, Valentina Tereshkova, Nina Simone, Gata Cattana y Rosa Parks. Aunque la derecha municipal se opuso al homenaje y trató de eliminar la pintura, el mural finalmente resistió y fue replicado en otros puntos del país.

También este mismo año, Bilbao se vistió, a iniciativa del propio Ayuntamiento, de colores vivos en homenaje a las supervivientes de la violencia machista a través de un mural diseñado por la artista Ruth Juan. La concejala de Igualdad, Nekane Alonso, explicaba entonces que la iniciativa era una forma de "restitución del derecho, de reconocimiento social y de construir memoria colectiva para seguir profundizando en el reconocimiento de las mujeres supervivientes". El mural representa las diferentes etapas en el ciclo de la violencia, desde la más sutil hasta la más explosiva. La construcción se hizo a raíz de los testimonios personales de mujeres que forman parte de la Asociación Bizitu Elkartea.

Rosa Renedo es una de ellas. "Normalmente se trata de recordar a las que están muertas, ¿pero qué pasa con las que están vivas?", se pregunta en conversación con infoLibre. "Fuimos víctimas, ahora somos supervivientes y queremos integración", lanza. Renedo soportó malos tratos durante dos décadas y ahora trata de abrazar con su experiencia a las mujeres que quieren romper con la violencia. Su asociación busca, con esta y otras iniciativas, promover la tan necesaria "reparación desde la experiencia, para sacarlo y sanar". 

Memoria y reparación

El concepto de reparación no está presente en la Ley contra la Violencia de Género de 2004, pero sí se ha hecho un hueco en algunas autonómicas. Es el caso de la navarra, donde hay todo un título dedicado a la reparación. En él, se incluye la reparación individual, entendida como toda acción destinada a la restitución de todos los derechos que han quedado lesionados como consecuencia de la violencia. Pero también la norma traza una "dimensión colectiva del derecho a la reparación", que quedará blindado a través de "homenajes y acciones de difusión pública" que garanticen el "compromiso contra la violencia" machista y el "respeto por las víctimas y supervivientes, evitando la revictimización".

La reparación está bien presente en otro ámbito: la memoria histórica. El mismo proyecto de ley de Memoria Democrática plantea la necesidad del "reconocimiento, reparación y dignificación" de las víctimas del franquismo. Son, por tanto, memoria y reparación conceptos que van necesariamente de la mano. Y es ahí donde quiere poner el acento el activismo feminista, en la necesidad de sacar de la sombra la memoria de todas las mujeres atravesadas por la violencia en sus distintas formas, precisamente para reparar el daño y evitar que se vuelva a repetir.

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