Elecciones 2013

Alemania: todo pendiente de los liberales

El domingo pasado por la noche la canciller Angela Merkel esbozó una media sonrisa tras conocer los resultados de Baviera. Pero sólo una media sonrisa. No daba para más. Es cierto que sus socios bávaros, la CSU, habían vuelto a barrer con una mayoría absoluta con su curiosa receta de tradicionalismo ideológico y modernidad económica. Sin embargo, sus socios en el Gobierno federal, los liberales del FDP, no sólo no llegaron a la barrera del 5% de los votos y se quedaron fuera del Parlamento regional, sino que sufrieron una grave derrota al quedarse en el 3%. Así pues, el sprint final de las elecciones más importantes de la Europa reciente se presenta ahora más incierto que nunca, sobre todo, teniendo en cuenta que un tercio de los alemanes todavía no ha decidido su voto.

La CSU representa un fenómeno muy especial y además sólo concurre a los comicios en Baviera de tal forma que sus apoyos están garantizados para la democristiana CDU, pero nunca resultarán suficientes. El muy proporcional sistema electoral alemán convierte en muy difíciles las mayorías absolutas a escala federal y, si los liberales no entran en el Bundestag, la canciller se verá obligada a ofrecer una gran coalición a los socialdemócratas del SPD o bien aventurarse a tantear a Los Verdes en una fórmula un tanto contra natura. Para complicar las cosas a Merkel, algunos de sus votantes pueden decantarse por acudir en auxilio de los liberales y esa posible fuga de votos puede ser letal para los intereses de la canciller de hierro.

No conviene perder de vista que, pese a la holgada diferencia de unos 10 puntos que las encuestas otorgan todavía a la CDU sobre el SPD, un tercio de los alemanes todavía no ha decidido el sentido del voto que depositará el próximo domingo día 22. Por ello, la posibilidad de votos prestados al FDP desde las filas democristianas en un país donde cada elector tiene dos votos (a lista cerrada y a diputados directos) preocupa muy seriamente en la Konrad Adenauer Haus, sede de la CDU. En cualquier caso, peligra la coalición negro-amarilla (por los colores de CDU y FDP) que ha gobernado Alemania en los últimos cuatro años con una receta inflexible de austeridad económica, apoyo sin fisuras al capitalismo financiero y recortes del Estado del bienestar, sobre todo en los países del sur de Europa, con España incluida.

Hace apenas unas semanas la victoria electoral de la suma del SPD y de Los Verdes aparecía en el horizonte como una quimera. Las divisiones internas de los socialdemócratas, unidas a la falta de carisma de su candidato, Peer Steinbrück; junto a las duras propuestas fiscales y energéticas de Los Verdes, condenaban a una coalición rojiverde al territorio de lo improbable. Pero la humillación de los liberales el domingo pasado en Baviera, aunque los resultados no sean extrapolables a escala federal, abre un amplio abanico de combinaciones. Para la estrategia de Merkel lo ideal sería optar por una gran coalición (la llamada Grosse Koalition) con el SPD, como ya hiciera entre 2005 y 2009. Pero los socialdemócratas salieron escarmentados de aquella experiencia que en la práctica fue un abrazo del oso de la CDU hacia sus socios de izquierda. Por ello, en ningún caso quiere repetir Steinbrück aquella fórmula en la que él mismo participó como ministro de Hacienda.

Con un leve viento a favor en los sondeos (en torno al 28% frente al cerca del 40% de la CDU), Steinbrück ha reafirmado una y otra vez que formará únicamente una coalición con Los Verdes y descarta cualquier alianza con la izquierda excomunista de Die Linke en caso de que un tripartito se alzara con la mayoría absoluta en el Bundestag. Así las cosas, el SPD confía en llevar a su terreno a buena parte de los indecisos mientras ruega que Los Verdes mejoren a nivel federal su pobre 8% de Baviera. No cabe duda de que las elecciones alemanas son decisivas para el futuro de Europa porque una posible coalición SPD-Los Verdes reorientará la política germana. Que nadie espere un cambio drástico ni un giro radical, pero una coalición rojiverde apostaría más por el crecimiento que por la austeridad, impulsaría una Unión Europea más atenta a las políticas sociales y se mostraría más dialogante con los países del Sur. Por el contrario, si Merkel sigue instalada en la cancillería de Berlín, la receta será más de lo mismo de estos últimos cuatro años tan devastadores para la mayoría de los europeos.

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