Cambio climático

Países petroleros y negacionistas buscan dejar la evidencia científica fuera de la cumbre del clima de Polonia

Mensaje de reivindicación de Greenpeace en la sede de la cumbre del clima de Katowice (Polonia).

La urgencia climática tiene una mísera ventaja, un consuelo efímero dada la complejidad y la magnitud del cambio climático: están empezando a descoserse las caretas. La 24º Conferencia de las Partes de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, que se celebra en Katowice (Polonia), encara ya su segunda y última semana con visos de –por fin– pactar las directrices básicas que, tres años después, pondrán en funcionamiento de manera definitiva el Acuerdo de París: el llamado rulebookrulebook (libro de reglas o reglamento). La COP24 debería adoptarlo porque la evidencia científica sugiere que ya no hay margen para posponer las decisiones más importantes. Pero, aunque se han producido avances, en Polonia esta semana se han vivido situaciones que evidencian que, a estas alturas de la película, hay poderes fácticos, hay países que torpedean las negociaciones con el objetivo de que la acción climática no avance. Lo que siempre ha sido vox populi se convierte, a la hora de la verdad, en una realidad tangible. En Katowice, la ciencia se ha dado de bruces con la política.

Empecemos por las buenas noticias. Fuentes conocedoras de las negociaciones aseguran a infoLibre que el rulebook saldrá adelante al término de la COP24, aunque hasta el último día seguirán las discusiones para afinar los flecos. Si la acción climática fuera un deporte, estas serían las reglas necesarias para que todos los contendientes compitan en igualdad de condiciones y para cortar las alas a los tramposos. Establece las bases para que todos los países firmantes del Acuerdo de París se atengan a la misma base. Por ejemplo, hasta ahora había Estados declarando sus avances con 2025 como objetivo y otros con 2030, o notificando reducciones de emisiones con diferentes años de referencia, por lo que la reducción podía ser mayor o menor. A partir de ahora, y si las negociaciones llegan a buen puerto, las comparaciones, o la rendición de cuentas ante el calentamiento global, serán mucho más fáciles. Y quedará por escrito, y refrendado por todos, que los países más contaminantes son los que tendrán que hacer mayores esfuerzos.

"Si es muy poco ambicioso no es un acuerdo tan útil. Polonia, que ostenta la presidencia de esta COP, se encarga de hablar con todas las partes y de llegar a acuerdos que las incluyan. Nos han transmitido cierto miedo a que la presidencia haga lo mínimo, un acuerdo de mínimos de cara a la galería, y presenten un libro de reglas muy básico", alerta el eurodiputado de Podemos Xabier Benito, presente durante los primeros días en la cumbre del clima. Se ha escogido a Polonia, potencia carbonera, como sede de la cumbre y como país que lidera las negociaciones, por  la importancia de una transición justa que haga hueco a los trabajadores con empleos condenados a la extinción debido a las urgencias de la acción climática. El primer fin de semana de la COP fue dedicado, íntegramente, a ese tema.

Pero en vez de velar por sus legítimos intereses de justicia climática, Varsovia parece más preocupada en seguir manteniendo el freno de mano. "El propio presidente de Polonia dejó caer en su discurso inaugural que, según los expertos, el país tiene reservas de carbón para 200 años más. En un discurso de apertura de una cumbre es una burla decir eso", opina el parlamentario. La presidencia de esta Conferencia de las Partes ha recibido críticas off the record de otros países que ostentaron el mismo puesto en ediciones anteriores, algo insólito, afirma Benito.

El apartado más difícil de cerrar del libro de reglas es, como siempre, la financiación climática, la transferencia de fondos de los países ricos, los mayores culpables del cambio climático, a los países pobres, para que aborden los cambios necesarios siendo economías en desarrollo muy dependientes de los combustibles fósiles. Los países en desarrollo están presionando para que se incluya explícitamente el artículo 9.5 del Acuerdo de París, la predictibilidad de los fondos, en el rulebookrulebook. Es decir, que se fije un marco estable para que los Estados del Sur global sepan, a largo plazo, qué cantidad de dinero van a recibir y cuándo. "Los desarrollados se excusan en la posibles variaciones de la economía, en los mercados, en las inestabilidades políticas y los Presupuestos, para negarse", relata Benito.

El objetivo de los 1,5°

Afortunadamente, no todos los discursos inaugurales fueron como los del presidente de Polonia. El de António Guterres, secretario general de Naciones Unidas y ex primer ministro socialista de Portugal de 1995 a 2002, transcurrió por otros caminos, llamando a una mayor ambición ante la que se nos avecina. El objetivo inaplazable de la 24º cumbre del clima es el de poner por escrito las reglas del Acuerdo de París, pero el importante es de aumentar el compromiso de todas las partes para que el calentamiento medio de la temperatura de la Tierra se quede en 1,5 grados, y no en los 2° que se ponía como límite el pacto de 2015.

En este sentido, ha jugado un papel crucial el informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, que en octubre de este año alertaba de las consecuencias de un calentamiento global de 2 grados y llamaba a dejar el aumento de los termómetros en 1,5°: una subida dañina, pero no tan catastrófica, y que requiere de una auténtica revolución verde. El estudio del IPCC, encargado por la ONU, fue presentado el primer día de cumbre en el plenario. Y durante la primera semana del encuentro, se ha estado discutiendo si incluir sus conclusiones y hacerlas propias en el documento final que cierre la cumbre de Polonia.

A la hora de reconocer y asumir el objetivo de limitar el cambio climático a una subida de las temperaturas de 1,5 grados –aunque posteriormente las contribuciones nacionales vayan por otra senda, calurosa– ya no hay una diferencia tan drástica entre países más desarrollados y menos desarrollados, entre ricos y pobres. La divisoria se traza entre los que, con más o menos compromiso, creen en la necesidad de luchar contra el cambio climático, y los que o bien son negacionistas o bien entienden que su país, entendido como modelo de negocio, está en peligro ante el avance de la acción climática. Kuwait, Arabia Saudí –potencias petroleras–, Rusia –el mayor productor de petróleo fuera de la OPEP– y Estados Unidos –con un Gobierno negacionista– apuestan simplemente por "señalar" en el acuerdo final las conclusiones del IPCC. En contra tienen a, casi literalmente, el resto del mundo, como recoge Climate Home: encabezados por América del Sur, la Unión Europea y los pequeños países insulares, que en las cumbres del clima unen sus fuerzas ante la amenaza de la subida del nivel del mar, que se los traga.

Es la ciencia contra la política. Científicos de alto nivel y de medio mundo, reunidos por Naciones Unidas, trabajan durante años en el documento, a día de hoy, de referencia a la hora de entender las consecuencias del cambio climático, que pueden hacer temblar los cimientos de la sociedad moderna. Y son países pertenecientes a la propia ONU la que ponen reticencias a la hora de asumir sus conclusiones. No es el único informe que ha sido protagonista en esta primera semana de negociaciones climáticas: el miércoles 5 se hizo público un estudio publicado en Nature, firmado por decenas de investigadores comandados por la Universidad de East Anglia, que explica que las emisiones mundiales de CO2 alcanzarán en 2018 su máximo histórico. Siguen creciendo porque la demanda de energía no para de aumentar, y a día de hoy esa demanda está mayoritariamente alimentada por sucios combustibles fósiles.

En esta segunda y última semana de la cumbre del clima entrarán en juego las negociaciones para definir los compromisos nacionales de reducción de emisiones (NDC's), a través de la herramienta de colaboración conocida como diálogo de Talanoa. Según Climate Action Tracker, que monitoriza los objetivos de cada Estado, solo Gambia y Marruecos tienen unas metas compatibles con un calentamiento global de solo 1,5°. En este gráfico de la iniciativa se puede comprobar rápidamente a dónde nos llevan las promesas de descarbonización actuales y a dónde nos llevarán, según las proyecciones. En verde, un calentamiento asumible. En naranja, rojo y gris, escenarios que se escapan, incluso, de las predicciones más catastrofistas de la IPCC.

 

Análisis y proyección de los compromisos de reducción de emisiones y el calentamiento global.

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