Poner la emoción al servicio de la verdad: cómo el periodismo busca combatir la viralidad del odio
Desmontar una mentira que conecta directamente con la identidad y los miedos de una persona es una batalla casi perdida si solo se recurre a los datos. Sobre esta idea se ha centrado el coloquio Bulos, redes y discursos de odio: ¿por qué funcionan y cómo luchar contra ellos?, que ha reunido a expertos del periodismo y la comunicación para analizar los mecanismos de la desinformación.
La mesa ha contado con la participación de Fernando Varela, redactor jefe de infoLibre; Elena Reinés, publicista, creadora de contenido y cofundadora de WokeUp News; y Estefanía de Antonio, responsable de Verificación, Periodismo de Datos y Narrativas Visuales de RTVE. El debate ha comenzado con una advertencia de Varela, quien recordó que el problema ya no se limita al ecosistema digital. “Se están fabricando y están circulando bulos que elaboran y publican los propios medios”.
El marketing como herramienta para defender la verdad
Para entender por qué un contenido falso arrasa en las redes sociales, hay que mirar fijarse en las técnicas que la publicidad lleva décadas perfeccionando. Reinés ha afirmado que “los bulos hacen un llamamiento a la emoción. No puedes desmontar emoción con datos porque son dos lenguajes totalmente distintos”.
La cofundadora de WokeUp News ha explicado que la extrema derecha y quienes difunden desinformación han entendido que lo importante en las redes sociales no es vender información veraz, sino emociones, un terreno donde los sectores progresistas suelen ir un paso por detrás. “Necesitamos generar marcos narrativos desde la izquierda”, ha defendido, al tiempo que ha reclamado superar el tradicional recelo hacia el marketing. “Comunicar mejor no significa manipular. A la izquierda le hace falta saber vender sus ideas. Necesitas información veraz, pero también a alguien que sepa transmitirla. Hay que poner la emoción al servicio de la verdad”, ha señalado.
Cuando el odio salta de las pantallas a la calle
Las consecuencias de dejar el terreno emocional a la extrema derecha tienen un impacto tangible en la sociedad. Estefanía de Antonio ha ilustrado este peligro recordando la investigación Torre Pacheco, anatomía de un bulo, elaborado por RTVE, que analiza cómo la violencia virtual puede saltar a las calles en forma de disturbios.
“Es un ejemplo de libro de cómo los bulos son un ingrediente necesario para alimentar el discurso de odio y para legitimar la violencia”, ha relatado la responsable de Verificación. El caso de Torre Pacheco constató, además, la escasa respuesta de las plataformas digitales ante campañas coordinadas de desinformación. Semanas después de los incidentes, solo el 22% de los contenidos falsos habían sido retirados. La conclusión de aquella investigación deja un diagnóstico desolador: “Nos dimos cuenta que el bulo se desactiva, pero el odio permanece porque ya se ha creado ese clima de opinión”.
Desmentir el contenido falso, no amplificar a quien lo difunde
En la trinchera diaria de la verificación, el anonimato en internet y el uso del lenguaje juegan un papel crucial. Mientras Reinés se ha mostrado partidaria de exigir identificaciones como el DNI para operar en redes y de imponer “condenas considerables para aquellos perfiles y pseudomedios que difunden bulos a sabiendas”, De Antonio ha matizado la estrategia periodística de RTVE ante las cuentas anónimas. “Nos centramos en desmentir el mensaje y no tanto en hacer popular a quien difunde la mentira”, ha aclarado.
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Además, ha aprovechado su intervención en el aula universitaria para hacer una férrea defensa del rigor periodístico frente a la terminología importada del inglés. “Si una noticia es falsa, es que entonces no es una noticia. Los periodistas nos podremos equivocar y, en ese caso, rectificaremos, pero no difundimos información falsa de forma intencionada. Hablemos de contenido falso, pero no de noticias falsas”.
El cierre del coloquio ha vuelto al punto de partida sobre la urgencia de abandonar la actitud defensiva y pasar a la ofensiva narrativa. “Uno de los grandes problemas de la izquierda es que no genera marcos ideológicos, le compramos el marco ideológico muchas veces a la derecha”, ha reflexionado Elena Reinés, poniendo como ejemplo el debate irreal sobre la okupación.
La solución, según ha coincidido la mesa, pasa por dejar de invertir semanas en desmentir el marco del rival y empezar a construir relatos propios que abracen los sentimientos sin renunciar a los hechos, porque, en última instancia, “no hay nada que conecte más con una persona y que la haga sentir parte de un proyecto político que la emoción”.