Del 'sándwich de la verdad' a las alucinaciones de la IA: un manual de autodefensa contra la desinformación

Jesús Maraña, Raúl Magallón y Virginia P. Alonso durante el curso de verano de infoLibre

“Durante los próximos 30 segundos, no piensen en un elefante. Ni tampoco en la desinformación”. Con esta referencia clásica del lingüista George Lakoff, Raúl Magallón, profesor del Departamento de Comunicación de la Universidad Carlos III de Madrid, ha inaugurado el taller La prensa contra las cuerdas: manual de autodefensa, en el marco del Curso de Verano de infoLibre. El ejercicio mental ha servido para ilustrar a los asistentes cómo el lenguaje enmarca la realidad, y que quien fija el primer marco cuenta con una ventaja casi definitiva.

La desinformación, tal y como se ha expuesto en la sesión, ha dejado de ser un fenómeno pasajero para convertirse en un riesgo estructural a nivel global. Basándose en los datos del Democracy Index de la revista The Economist, Magallón ha trazado una radiografía preocupante en la que el mundo asiste a un declive sostenido de la calidad democrática desde hace casi dos décadas. “Hoy solo existen 26 democracias plenas en el mundo; España se encuentra entre ellas, frente a 61 autocracias”, ha señalado Magallón. En este contexto geopolítico, el profesor ha afirmado que “Europa está sirviendo como un escudo social y democrático”, y ha advertido de que “las autocracias han aprendido a trabajar en red de una forma mucho más eficaz que las propias democracias”.

La evolución de la mentira y el impacto del algoritmo

La mirada hacia la desinformación ha mutado radicalmente en la última década. Durante su intervención, Magallón ha dibujado una línea temporal que arranca en la Primavera Árabe, cuando las redes sociales se percibían como un motor de movilización ciudadana, y desemboca en el referéndum del Brexit. Fue entonces cuando quedó claro que “Facebook era un contenedor publicitario, probablemente el más perfeccionado que se había hecho hasta la época”. Este sistema cambió las reglas del juego al permitir una hipersegmentación del mensaje para apelar a miedos específicos. Ya no se trataba solo de atraer al votante indeciso, sino de desmovilizar al rival: “La idea no era tanto convencer a ese perfil que tradicionalmente había votado demócrata para que votara republicano. La idea era que se quedaran en casa”.

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La pandemia consolidó el uso de canales opacos como Telegram, al que el experto se ha referido como “el gran pozo negro de la desinformación en España”, mientras que conflictos como la guerra de Ucrania han evidenciado el uso de las noticias falsas como una efectiva arma geoestratégica. A esta manipulación electoral, donde narrativas como el fraude en las urnas son hoy una estrategia global recurrente, se añade la irrupción masiva de la inteligencia artificial, que plantea dilemas para el periodismo. Aunque herramientas como ChatGPT o los resúmenes generados por Google aciertan en la mayoría de los casos, su margen de error es crítico cuando responden a millones de consultas diarias. “Nueve de cada diez respuestas son precisas, pero una de cada diez no lo son”, ha detallado el profesor. “Vamos hacia un desafío fundamental, y es si existe la posibilidad de establecer un derecho de rectificación frente a las fabulaciones de la IA”.

La solución pasa por la verificación

Esta tecnología impacta directamente en las nuevas generaciones. “Nuestra primera puerta de entrada a la política era la televisión”, ha comparado Magallón. “Ahora, en muchas ocasiones, la primera puerta de entrada al mundo de los adultos es a través de las redes sociales con unos algoritmos que están politizados”. Ante este escenario, el taller ha ofrecido estrategias concretas para la prensa, pero también para cualquier ciudadano. La principal es evitar legitimar los bulos desde los titulares. Para ello, el experto propone la técnica del “sándwich de la verdad”, que consiste en arrancar siempre con los hechos reales. “Hay que indicar la mentira, pero no amplificarla”, ha explicado, para después “volver a la verdad y repetirla siempre muchas más veces que la mentira”.

La sesión ha finalizado con una explicación práctica sobre herramientas de verificación, recordando que cualquier usuario tiene a su alcance competencias básicas de alfabetización mediática. “Cuando nos llega un pantallazo de un tuit por WhatsApp, lo primero que tenemos que hacer, antes de darlo por bueno, es verificarlo”, ha instado Magallón. Para ello, ha recomendado utilizar la búsqueda avanzada de las propias plataformas, que permite comprobar si un mensaje supuestamente polémico sigue publicado o si se trata de un montaje. Para contenidos eliminados, ha sugerido herramientas de certificación como eGarante, capaces de acreditar que una publicación existió con una fecha y hora determinadas antes de ser borrada. Finalmente, ha mencionado extensiones que permiten analizar cuentas, descargar historiales y destapar campañas coordinadas, mostrando que detrás de perfiles aparentemente anónimos a menudo quedan rastros identificables. En definitiva, un arsenal práctico para que, en caso de duda, la primera reacción sea comprobar antes de compartir.

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