La estrategia de la derecha

Rajoy reabre el marco identitario de la extrema derecha francesa con el respaldo del PP

El expresidente del Gobierno, Mariano Rajoy, a su llegada a una entrega de premios en Madrid.

La dirección del Partido Popular ha cerrado filas con el expresidente Mariano Rajoy después de la crisis diplomática abierta por un artículo suyo en el eldebate.com, el periódico digital que dirige Bieito Rubido, exdirector de Abc y de La Voz de Galicia, financiado por la conservadora y religiosa Asociación Católica de Propagandistas. Bajo el titular “Hoy llegó el desquite” y como parte de una serie sobre el Mundial de fútbol, Rajoy aseguró que la selección francesa tiene "un altísimo nivel, eso sí, sin franceses". En ese mismo artículo señalaba también que a él no le gustan “los rojos” salvo “la excepción que confirma la regla general, que es la camiseta de España”.

Lejos de desmarcarse de unas palabras que el Gobierno francés ha calificado de "racistas" e "inaceptables" por boca de los ministros de Exteriores, Interior, para los Territorios de Ultramar y para la Igualdad de Género y la Lucha contra la Discriminación, en Génova han reivindicado el carácter "sarcástico" de la columna y han negado que existiera ninguna intención ofensiva. Rajoy, por su parte, ha evitado pedir disculpas y se ha limitado a asegurar a El Mundo que no iba a entrar "al nivel" de algunos miembros del Gobierno español. 

La defensa de Rajoy la protagonizó este lunes el portavoz nacional del PP, Borja Sémper, quien rechazó las críticas tanto del Gobierno español como del Ejecutivo francés. "Entendemos que las columnas que escribe el presidente Rajoy son sarcásticas, van sin mala intención y a favor de España, no le daría otra interpretación", afirmó Sémper en rueda de prensa tras el comité de dirección. “Para jugar en la selección nacional de Francia hay que ser francés; si no, no podrías jugar en la selección nacional de Francia”, señaló también el vicesecretario del PP, que dijo que esa “obviedad” era “más propia de Rajoy” que suya. 

Sémper también aprovechó para arremeter contra el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, por decir “que gane el mejor” en referencia a la semifinal de este martes. "Sánchez ha dicho que quiere que gane el mejor, nosotros queremos que gane España, aunque juegue peor”, afirmó. Y prosiguió a renglón seguido: “Que no va a jugar peor, estoy convencido, aunque juegue peor esperamos que gane España en cualquiera de sus circunstancias", planteó. 

En Génova consideran que ha sido el Gobierno quien ha incentivado la polémica, pero lo cierto es que comenzó en Francia y el propio ministro de Exteriores galo, Jean-Noël Barrot, ha salido a censurar las palabras de Rajoy este mismo lunes: "Es una estupidez, racismo o las dos cosas”.

El ministro francés del Interior, Laurent Nuñez, también calificó el artículo de "absolutamente inaceptable" y denunció que alimenta discursos racistas contra los jugadores de la selección nacional. La Embajada de Francia en Madrid recordó además que 23 de los 26 futbolistas convocados nacieron en Francia y que los tres restantes poseen igualmente la nacionalidad francesa, rechazando implícitamente la idea de que no representen plenamente al país. La condena se extendió también a dirigentes de distintas formaciones políticas francesas, que coincidieron en denunciar unas afirmaciones que consideran incompatibles con el modelo republicano francés de ciudadanía. 

Sánchez se limitó a añadir: "Que gane el mejor y que pierda el racismo". El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, calificó los comentarios de "hirientes" y pidió al líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, que los desautorizara por considerar que no representan a España. Además, Albares contactó con las autoridades francesas para trasladar que la posición del Gobierno español es diametralmente opuesta a la expresada por el expresidente.

El expresidente del Gobierno Mariano Rajoy

La controversia llega en un momento especialmente delicado para las relaciones entre ambos países. Apenas unos días antes, el PP y Vox habían impulsado desde el Senado una consulta al Tribunal Constitucional sobre el Tratado de Amistad y Cooperación firmado por Sánchez y el presidente francés, Emmanuel Macron, en Barcelona en enero de 2023. Aunque el acuerdo ya había sido aprobado por el Congreso español y por la Asamblea Nacional francesa, la decisión de la Cámara Alta, donde el PP dispone de mayoría absoluta, impide por ahora su entrada en vigor hasta que el Tribunal Constitucional resuelva el recurso.

El PP sostiene que uno de los artículos del tratado, el que regula la participación recíproca de ministros españoles y franceses en los consejos de ministros de ambos países, plantea dudas de constitucionalidad. El Gobierno, por su parte, acusa al líder de la oposición de deteriorar innecesariamente la relación con uno de los principales socios europeos de España y de utilizar un tratado de Estado como instrumento de confrontación política.

Este conflicto se produce, además, en vísperas de un viaje especialmente simbólico del presidente español a Francia. Sánchez participa este 14 de julio en París, invitado por Emmanuel Macron, en los actos de la Fiesta Nacional francesa y en el tradicional desfile militar de la Toma de la Bastilla, un gesto reservado a mandatarios extranjeros con el que ambos gobiernos pretendían escenificar la estrecha relación bilateral entre Madrid y París.

Los ecos de la “prioridad nacional”

La crisis abierta por las palabras de Rajoy tiene además un importante componente simbólico en Francia. Sus palabras recuperan, aunque sea en el terreno futbolístico, el mismo debate sobre quién puede ser considerado realmente francés que la extrema derecha lleva décadas utilizando para cuestionar una ciudadanía basada en la ley y sustituirla por otra definida por el origen. El expresidente del Frente Nacional, Jean-Marie Le Pen, sostuvo durante años que muchos jugadores de la selección no representaban realmente a Francia por sus orígenes familiares, pese a haber nacido en territorio francés y ser ciudadanos franceses. Aquellos discursos fueron ampliamente rechazados por el resto de fuerzas políticas, especialmente después de que la selección campeona del mundo de 1998 se convirtiera en símbolo de la denominada Francia black-blanc-beur, expresión utilizada para reivindicar una identidad nacional diversa e integradora.

Paradójicamente, incluso el portavoz de la formación de extrema derecha Agrupación Nacional, Julien Odoul, ha salido en defensa de la selección francesa al considerar que las palabras de Rajoy cuestionan la identidad nacional del equipo, que es parte intrínseca del orgullo nacional francés. Las ha calificado como “escandalosas, vergonzosas y lamentables” y sostiene que debían ser condenadas “por todo el mundo”.  

Tampoco Vox ha ratificado las palabras del expresidente español y simplemente ha pedido, a través de su portavoz, José Antonio Fúster, no “politizar” el fútbol. El fundador de Vox Alejo Vidal-Quadras, exlíder del PP catalán y exeurodiputado, censuró directamente a Rajoy. "Todos los jugadores de la selección francesa en el Mundial son ciudadanos franceses, la mayoría nacidos en Francia. Si se dice que la selección no tiene franceses, se utiliza una definición de 'francés' basada en criterios étnicos y no en la ley civil. Rajoy se ha metido en un jardín peligroso”.

Aunque ahora se pone de perfil, la ultraderecha española lleva meses defendiendo la denominada "prioridad nacional", un principio formulado originalmente por Jean-Marie Le Pen –posteriormente convertido en una de las principales señas de identidad del Frente Nacional– y, más tarde, por su hija y actual referente, Marine Le Pen. La idea consiste en otorgar preferencia a los nacionales frente a los extranjeros en ámbitos como las ayudas sociales, el acceso a la vivienda o determinados servicios públicos.

Ese concepto, históricamente ligado al lepenismo francés, ha ido penetrando en parte del discurso político español y el PP lo ha asumido en los cuatro acuerdos autonómicos alcanzados este año con Vox. La paradoja es que, mientras la dirección popular confronta institucionalmente con el Gobierno francés —primero bloqueando el tratado bilateral y ahora respaldando a Rajoy frente a las críticas de París—, parte de los marcos discursivos que han alimentado esa confrontación proceden precisamente de la extrema derecha francesa, cuya visión sobre la identidad nacional vuelve estos días al centro del debate político entre Madrid y París.

Más sobre este tema
stats