TURISMO DE MASAS
Los cruceros se benefician de un agujero fiscal y no compensan a las ciudades los daños de la masificación
La guerra contra los cruceros se ha multiplicado en los últimos años en los puertos mediterráneos por la fortísima presión turística a la que someten a las ciudades costeras, llevando al límite los servicios públicos, encareciendo la hostelería y degradando la naturaleza. Un nuevo estudio denuncia además que estos navíos disfrutan de un agujero fiscal y los viajeros dejan sobre la economía local una fracción de los impuestos que pagarían si se hospedaran en la ciudad.
Según la organización Transport & Environment, un centro de estudios europeo que promueve el transporte limpio, un camarote con un precio de 100 euros la noche está sometido la mitad de impuestos que una habitación de hotel, y uno de lujo llega a pagar un 3% sobre el coste total de la factura, devolviendo a la población local una parte ínfima del impacto que producen. Esto ocurre porque estos alojamientos flotantes están exentos de la mayoría de impuestos (entre ellos, el IVA) por su condición de transporte marítimo, mientras que la tarifa de hotel incluye un 10% de IVA, además de otros tributos.
En general, calculan los expertos, una noche de hotel estándar en España está gravada con el 21% de impuestos, mientras que un crucero paga el 13%. En países del entorno la brecha es incluso algo mayor porque en Francia y en Italia los hoteles están gravados con el 24% y el 25% del total del precio de la noche –sumando IVA y otros impuestos– y los cruceros con el 9% y el 15%, respectivamente.Todos estos porcentajes corresponden a la comparación de un camarote y una habitación de 100 euros.
Este agujero fiscal no sorprende a quienes se han dedicado a estudiar el impacto de estas ciudades flotantes en la sociedad y la economía de las zonas turísticas, como la organización catalana Alba Sud, que ha seguido el rastro de estas compañías por todo el mundo. "Las grandes propietarias de cruceros están registradas en paraísos fiscales para eludir las normativas laborales internacionales y la fiscalidad", opina Carla Vizcara, investigadora de este centro. Por ejemplo, la famosa naviera Royal Caribbean tiene su sede fiscal en Liberia, mientras que Carnival Corporation y Norwegian Cruise están en Bermudas.
Para empezar, los cruceros están exentos de IVA porque se consideran un navío de pasajeros, de manera que están regulados por la normativa de transporte marítimo.
Pero también están libres de impuestos sobre el combustible que utilizan, se benefician de exenciones fiscales sobre beneficios y no pagan impuestos locales como el IBI, que sí abonan los hoteles. Sobre sus emisiones, Europa está en proceso desde 2024 de implementar un sistema de créditos ETS para barcos que les obliga a pagar por cada tonelada de CO2 emitida, pero en este momento no cubre ni una tercera parte de los costes ambientales derivados de la polución que emiten, según calcula T&E.
Es cierto que en algunos lugares estos ferrys están sometidos a una tasa turística fija por cada noche que hace el crucero en la ciudad de destino, pero en muchas ciudades de paso todavía no se ha implementado, o es una cantidad irrisoria en comparación con el impacto de este turismo. Por ejemplo, en las Islas Baleares supone dos euros por persona y día, lo mismo que en Lisboa, mientras que en Ámsterdam asciende a 15 euros. En Barcelona se acaba de aprobar una tasa especial de 24 euros diarios para barcos que pasen menos de 12 horas amarrados.
Como la gran parte de los impuestos que pagan los turistas son fijos, como las tasas locales para los visitantes, los cruceros de lujo son los que abonan menos impuestos porcentualmente. Por un camarote de 500 euros la noche, se paga de media un 3% de impuestos. "Esta cifra pone de manifiesto que los turistas más adinerados, que pueden permitirse unas vacaciones de lujo en el mar, aportan una cantidad desproporcionadamente baja a las finanzas públicas", concluye el informe.
Al mismo tiempo que hacen una aportación mínima, su impacto ambiental e incluso sanitario es muy fuerte sobre los destinos de paso. El mismo estudio de T&E calcula que entre gases de efecto invernadero y contaminantes del aire dañinos para la salud, externalizan cada año en España un coste de entre 374 millones y 617 millones de euros. Y asciende a entre 794 y 1.300 millones si se suma Francia e Italia. Las consecuencias son costosas porque no solo emiten dióxido de carbono; también óxidos de nitrógeno (NOx), óxidos de azufre (SOx) y micropartículas variadas de polvo, dañando la salud de los vecinos en grandes áreas.
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Carla Vizcara hace hincapié también en el impacto social de los "megacruceros" que amarran el puerto de Barcelona, donde tiene la sede su organización. Por esta ciudad hicieron escala el año pasado cuatro millones de pasajeros que llegaron en 895 cruceros. "Son un enorme volumen de personas que saturan el centro de la ciudad y toman autobuses en una ruta muy estipulada, afectando también al transporte público. Llegan, hacen un consumo muy rápido de la ciudad y dejan un beneficio económico limitado", afirma.
Una tasa extra de 15 euros por noche
Bosco Serrano, uno de los autores del estudio de T&E, propone que para compensar este agujero fiscal, se retire la exención de IVA para los cruceros y se elimine la exención para estos barcos del impuesto sobre el combustible. Asimismo, reclaman una tasa general de 15 euros por persona y noche que se hospede en estos hoteles flotantes en España, Francia e Italia, una medida que recaudaría 335 millones de euros al año entre los tres países.
"Nosotros proponemos una tasa de 15 euros por cada puerto en el que paren. Y aun así no sería ni mucho menos suficiente para contrarrestar la huella ambiental de los cruceros. En España seguiría habiendo una brecha de 356 millones de euros entre los ingresos que generarían y los daños que provocan", mantiene Serrano. Para un pasajero, ese pequeño impuesto sería insignificante a la hora de decantarse por sus vacaciones, según los investigadores, en comparación con los costosos servicios que ya abonan en el barco, como los packs de Wi-Fi de alta velocidad, que suelen rondar los 20 euros diarios.