Del ágora al 'reel': juventud y feminismo disputan el relato democrático frente a la extrema derecha
Si dentro de una década alguien estudiara la democracia española a través de las redes sociales, descubriría que la plaza pública donde antes se hacía política ha sido sustituida por un escenario digital dominado por la desinformación y un algoritmo que monetiza la confrontación. Esta ha sido la premisa sobre la que ha pivotado la mesa Juventud, igualdad y nuevos lenguajes democráticos, celebrada este martes en el marco del Curso de Verano de infoLibre en la Universidad Complutense de Madrid.
Bajo la moderación de la directora de infoLibre, Virginia Pérez Alonso, el coloquio ha radiografiado cómo el algoritmo penaliza el debate sosegado, cómo la extrema derecha capitaliza el malestar de una generación precarizada y qué papel deben jugar el periodismo y el feminismo en este nuevo ecosistema comunicativo.
La monetización del odio
El mito de la horizontalidad de internet se ha resquebrajado. Antonio González (@antonioooogr), estudiante de Antropología y creador de contenido, ha sido rotundo al definir las redes sociales como “algo completamente falso”, donde la viralidad “no depende de la capacidad de tu argumento, sino de que generes cierta polémica”. Un terreno donde, según ha señalado, se premia el comentario y el ruido por encima de la reflexión.
Esta arquitectura de las plataformas tiene un impacto directo y asimétrico en sus usuarios. “Si alguien sabe sobre la monetización del odio, somos las mujeres en redes sociales”, ha afirmado Cristina Hernández, directora del Instituto de las Mujeres, quien ha recordado que el hostigamiento no es nuevo, sino una adaptación de viejas violencias. “Silenciar a las mujeres es más viejo que el hilo negro. Clara Campoamor dejó escrito en sus diarios cómo la llamaban histérica en el Congreso”, ha apuntado, ilustrando cómo hoy ese silenciamiento toma nuevas formas, como el uso despectivo del término charo para invalidar los argumentos de mujeres de una determinada edad.
Para Sabela Rodríguez, redactora de Igualdad en infoLibre, la frontera entre el mundo online y offline es cada vez más difusa. “Las redes se parecen más a lo que ocurre en las calles que a lo que pasa en los medios”, ha reflexionado, advirtiendo de que el algoritmo premia la confrontación que generan los temas de igualdad, buscando siempre el mayor tráfico posible.
La profundidad en la era del 'scroll'
El debate se ha adentrado en el lenguaje audiovisual cuando la directora de infoLibre ha planteado una de las grandes dicotomías actuales: “¿Se pierde la profundidad del mensaje feminista o institucional en los escasos segundos que dura un vídeo de TikTok o un reel de Instagram?”
La respuesta cruzó las visiones de la creación de contenido y el periodismo tradicional. Rodríguez ha comparado la información que se da en un vídeo con la que se transmite en una tertulia. “Nos quejamos de cómo se deteriora la conversación en reels de un minuto, pero también me pregunto qué capacidad de síntesis hay en una tertulia de televisión de ocho minutos”, planteaba la periodista. De hecho, el propio González reconoció que la barrera entre ambos mundos ya no existe para las nuevas generaciones: “La conversación pública en redes viene de los medios. Lo que ocurre en televisión, los jóvenes lo vemos en forma de reels”. El nuevo analfabetismo, para el estudiante de Antropología, “ya no es no saber leer y escribir, sino no saber diferenciar la información veraz de la propaganda”.
El peligro, han coincidido, reside en cómo el algoritmo interviene en esa traducción del mensaje. A la pregunta de Alonso sobre qué comportamientos castigan o premian las plataformas al hablar de igualdad, Rodríguez ha afirmado que “llama más la atención y genera más ruido la confrontación, y eso siempre se premia buscando generar más tráfico”.
La extrema derecha y la capitalización del malestar juvenil
Uno de los momentos centrales del coloquio ha sido el análisis de la penetración de los discursos ultras, especialmente entre los hombres jóvenes. La mesa coincidió en que la extrema derecha no crea el problema, sino que canaliza el agotamiento de una generación precarizada.
“La gente está muy quemada. ¿Qué tiempo vas a tener para pensar si la vivienda está por las nubes o si la sanidad se está tirando por la borda?”, ha reflexionado Antonio González. En este caldo de cultivo de incertidumbre, la extrema derecha no crea el malestar, pero sí lo canaliza. “Les está dando una identidad y ofreciéndoles una respuesta”, ha alertado Cristina Hernández.
Frente a esto, la directora del Instituto de las Mujeres ha defendido la necesidad de dar respuestas institucionales a los miedos de los hombres jóvenes, como el proyecto Brothers, vinculado a las nuevas masculinidades, y ha recordado la complejidad pedagógica que esto supone, porque “es mucho más difícil acercarse al feminismo para un chico que para una chica, porque no es lo mismo perder privilegios que ganar derechos”. González ha añadido una clave desde la creación de contenido feminista, ya que “a veces no se acepta que un hombre hable de feminismo, y a veces es necesario que otro hombre le escuche".
Nuevos lenguajes para defender la democracia
Si los lenguajes han cambiado, las instituciones y el periodismo no pueden quedar desactualizados. David Álvarez, doctor en Periodismo y profesor de la Universidad Complutense de Madrid, ha incidido en que los jóvenes están abanderando luchas como el cambio climático o el animalismo, pero al margen de los métodos tradicionales, al no sentirse identificados con unas instituciones en las que la representación menor de 30 años es anecdótica.
"El algoritmo es un señor facha": infoLibre debate sobre redes, verdad y memoria en la Complutense
Ver más
Álvarez ha propuesto “utilizar sus lenguajes. Si se tiene que empezar con un reel y acabar en reflexión, que empiece en un reel”, instando a utilizar las redes sin complejos y reivindicando el periodismo como un contrapoder esencial. “Si no es contrapoder, no es periodismo”, ha sentenciado.
A modo de cierre, Virginia Pérez Alonso ha interpelado a los ponentes sobre qué debería enseñarse hoy a un adolescente para preservar una democracia en riesgo. La mesa ha apostado por la escucha activa y la adaptación estratégica. “A veces pecamos de no escucharles, y de ahí viene la capitalización de esos malestares", ha señalado Sabela Rodríguez.
Impulsada por una pregunta del público sobre si merece la pena exponerse ante la ola reaccionaria, Cristina Hernández ha recurrido a la técnica del “sándwich de la verdad” para combatir los bulos, dejando una máxima clara para la era digital. “Siempre hay que contestar. Hay muy pocas ocasiones en las que sea positivo dejar correr la bola”.