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Al Bagdadi: una simbólica victoria de Trump sin demasiado recorrido

Miembros del Organismo de la Liberación del Levante este domingo en el lugar donde tuvo lugar la operación que acabó con la vida de Bagdadi.

René Backmann (Mediapart)

El 2 de mayo de 2011, cuando Barack Obama anunció la liquidación de Osama Bin Laden en Pakistán, Donald Trump publicó un mensaje en Twitter pidiendo que se atribuyera este éxito a los comandos de la Navy Seals y no al presidente. Ahora ya presidente de los Estados Unidos, Trump haría bien en recordar esta llamada a la modestia.

De hecho, si la muerte de Abu Bakr al Bagdadi, que anunció el domingo en horario de máxima audiencia, con su título de Comandante en Jefe en varias ocasiones, es obviamente un éxito militar, se trata esencialmente de una victoria simbólica, que no compensará en modo alguno la magnitud de los fracasos y errores estratégicos y diplomáticos acumulados en Oriente Próximo por la Casa Blanca desde la elección de Trump en 2016.

La verdadera victoria contra la organización de Estado islámico (EI) o el califato del que Bagdadi se proclamó líder en junio de 2014 en Mosul no tuvo lugar el domingo, en las proximidades de Idlib, cuando Bagdadi, acorralado, activó el chaleco explosivo que llevaba puesto. Ocurrió hace dos años, cuando Mosul y Raqqqa, las dos capitales del califato, fueron objetivo de los ataques de la coalición internacional antiterrorista, ayudados por los combatientes kurdos que el presidente norteamericano acaba de traicionar entregándolos al régimen turco de Erdogan.

Privado de su control territorial en Siria y el Iraq y de sus dos bastiones, Estado Islámico, cuyos numerosos combatientes fueron hechos prisioneros, no desapareció de la noche a la mañana, sino que se vio obligado a cambiar su naturaleza y sus métodos. Al no poder imponer una dictadura de hierro sobre sobre las poblaciones de su califato perdido, Dáesh, ahora privado de un Estado, se centró en operaciones de guerrilla y actos de terrorismo. Es probable que ambas actividades sobrevivan a la desaparición de Bagdadi.

Según varios expertos, es probable que Estado Islámico haya buscado y encontrado durante estos años sucesores para Bagdadi, cada uno de los cuales sabía que era un objetivo prioritario para los Estados Unidos y sus aliados. El jefe de Dáesh había optado por adoptar una posición más que discreta. Es cierto que permaneció en contacto con sus tropas, pero había permanecido en silencio frente al mundo exterior durante cinco años antes de emitir un vídeo el pasado mes de mayo en el que aparecía, como en el pasado, al modo de Bin Laden, como líder guerrero, con un Kalashnikov al alcance de la mano.

Más tarde, en septiembre, emitió un mensaje en vídeo alentando a sus combatientes y partidarios a emprender acciones para "salvar" a los yihadistas detenidos y a sus familias recluidos en los campos de desplazados en Siria e Irak. Dos países donde sus células continuaron realizando ataques casi todas las semanas, a pesar de la pérdida de su territorio.

Según el Instituto Nacional de Estudios de Seguridad de Israel, todavía hay algunos enclaves donde la presencia militar de EI es significativa. Uno de estos enclaves es el desierto del Sinaí, donde una rama de la organización está llevando a cabo una guerra de desgaste contra el Ejército egipcio. Otra rama de Dáesh había intentado, según los servicios de inteligencia israelíes, establecerse en la región del Golán sirio, antes de ser desalojada hace dos años por las fuerzas de Damasco y sus aliados rusos.

El pasado mes de agosto, un informe del Pentágono estimó que EI estaba reorganizándose y reapareciendo en Siria e Irak con unos efectivos de casi 18.000 combatientes. Cuando se compara esta información con las advertencias emitidas por los kurdos, tras la operación lanzada por el Ejército turco contra sus posiciones, de que los yihadistas de EI detenidos en la región corren el riesgo de aprovecharse del caos para huir y pasar a la clandestinidad, el triunfalismo de Trump puede considerarse exagerado o incluso inapropiado.

Sobre todo porque este suicidio estratégico, aunque se convierta en un argumento electoral importante en la campaña de Trump, no nos hará olvidar los errores y fracasos que conforman el ejercicio de su primer mandato en Oriente Medio. El apoyo ciego e incondicional a Netanyahu, en forma de reconocimiento de Jerusalén como capital, seguido del traslado de la embajada y el reconocimiento de la anexión del Golán, ni siquiera permitió que el primer ministro, amenazado por fuertes acusaciones de corrupción, conservara el cargo que ha desempeñado durante diez años. Después de dos elecciones, el país sigue buscando una coalición de gobierno.

El acuerdo del siglo que debía poner fin a la cuestión palestina está además a punto de ser cancelado. Su versión económica ha cosechado un fracaso estrepitoso en Bahrein. Los fondos que debían ser adelantados por los estados árabes para comprar la renuncia de los palestinos a sus aspiraciones nacionales han quedado en el terreno de las promesas.

La salida de los Estados Unidos del acuerdo internacional sobre la energía nuclear iraní no ha sido respaldada por ningún otro país. Y la introducción por parte de Washington de un nuevo régimen de sanciones reforzadas contra Teherán no ha rebajado la posición de Irán sobre sus misiles ni, por el momento, ha desestabilizado el régimen de los ayatolás tal como esperaba la Casa Blanca.

Otro error de cálculo: la alianza con Arabia Saudí y las monarquías del Golfo en su movilización contra Irán, que pretendía ejercer una "máxima presión" sobre la República Islámica, llevó al final a una contundente operación militar de Irán contra las instalaciones petrolíferas saudíes.

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Todo ello bajo la mirada aparentemente indiferente de los radares y satélites estadounidenses y sin provocar represalias por parte de Washington. El resultado inesperado de este episodio: Israel, impresionado por la nueva estrategia de Teherán y la pasividad norteamericana, está revisando sus planes de defensa. Y Riad ha pedido a Pakistán que actúe como su intermediario para abrir un diálogo con Teherán. _________

Versión original en francés:

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