Emmanuel Macron, el 'tonto útil' de la extrema derecha

Carteles electorales de las elecciones presidenciales francesas con Emmanuel Macron y Marine Le Pen.

Ellen Salvi (Mediapart)

La extrema derecha puede dar las gracias a Emmanuel Macron. Gracias al jefe de Estado, la Agrupación Nacional (RN), que llegó a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales por segunda vez consecutiva, ha conseguido este domingo decenas de escaños —89 para ser exactos— en la Asamblea Nacional. Frente a la coalición Ensemble y la Nueva Unión Popular Ecológica y Social (Nupes), se ha convertido en uno de los principales grupos de la oposición en el Palais-Bourbon, sin ni siquiera tener que hacer campaña. Simplemente, aprovechando el cinismo del presidente.

Este es el resultado de cinco años en los que Emmanuel Macron ha jugado con todos los fuegos políticos posibles para reinstaurar un nuevo duelo con Marine Le Pen. "Haré todo, durante los próximos cinco años, para que (quienes eligieron a RN) no tengan razones para votar por los extremos", aseguró la noche de su primera victoria, en mayo de 2017. Con el pretexto de "superar las divisiones y los tabúes", el jefe del Estado se ha hundido muy rápidamente en las mismas obsesiones identitarias que Nicolas Sarkozy. Al igual que su predecesor, adoptó las ideas favoritas de la extrema derecha y dejó que sus ministros utilizaran su vocabulario o reciclaran sus ideas. Lejos del "progresismo" y del "pensamiento complejo" que prometieron encarnar, los macronistas se han dedicado en los últimos cinco años a agitar el trapo del "islamo-izquierdismo" con el aplomo de los convencidos y a jugar con el "sentido común del carnicero de Tourcoing" desafiando las reglas básicas del debate público decente.

Cyril Hanouna se ha convertido en su mejor relevo mediático. Marlène Schiappa ha dado lecciones de ciudadanía a todo el mundo. Jean-Michel Blanquer ha nadado en las turbias aguas del antiwokismo. Sarah El Haïry —es una exministra— describió los escalofríos de horror que sintió ante "los discursos interseccionales del momento", que según ella daban más miedo que los de Éric Zemmour. Amélie de Montchalin prometió "caos", "desorden", "anarquía" y unas cuantas lluvias de ranas. Manuel Valls sigue siendo Manuel Valls.

Una presidencia cada vez más solitaria e indiferente

En lugar de tomarse en serio el movimiento social de los "chalecos amarillos", al permitir un nuevo aliento institucional, Emmanuel Macron se ha encerrado en una presidencia cada vez más solitaria e indiferente a las aspiraciones de los ciudadanos. Tanto en la violencia policial como en la reforma de las pensiones o en el tema de la emergencia climática, ha negado constantemente las demandas de la sociedad. Las palabras se han vaciado de su significado. Y los puntos de referencia se han difuminado con gas lacrimógeno.

Uno podría haber imaginado, por un momento, que los resultados de Marine Le Pen en las elecciones presidenciales y los crecientes índices de abstención calmarían el ardor de este pequeño mundo de pirómanos. Al fin y al cabo, podría haberse encendido una luz en alguna parte, entre los que realmente temían que la extrema derecha llegara al poder en abril. Pero en lugar de agradecer a este electorado de izquierdas que, una vez más, se encargó de bloquear el proyecto neofascista de la RN, la mayoría saliente se apresuró a despreciarlo aún más.

Al poner de espaldas a la extrema derecha y a la izquierda unida, los macronistas han barrido los valores republicanos en los que se habían revestido anteriormente. Han despolitizado la campaña, debilitado la democracia y banalizado a los candidatos de RN. La destitución de las figuras que marcaron el quinquenio anterior —Jean-Michel Blanquer en la primera vuelta de las elecciones legislativas, Richard Ferrand, Christophe Castaner y Amélie de Montchalin en la segunda— y la ausencia de una mayoría absoluta son claros signos de su fracaso.

Probablemente no habría nada que añadir si Emmanuel Macron y sus tropas fueran los únicos en sufrir esta dañina estrategia. Pero cuando observamos el número sin precedentes de representantes electos de RN que están a punto de sentarse en los bancos de la Asamblea, no podemos sino amargarnos. La confusión, la nivelación hacia abajo y la deshonestidad intelectual del presidente de la República y de sus partidarios han servido de puerta de entrada al hemiciclo para las ideas racistas y xenófobas que dicen combatir. Esta es su responsabilidad. Y nuestro desastre.

Macron recibe una bofetada democrática

Macron recibe una bofetada democrática

Más sobre este tema
stats