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La idea de acabar con el monopolio de los gigantes de internet se abre paso en Estados Unidos

El fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, en una imagen de archivo.

Durante cinco horas y media, los cuatro presidentes de las compañías conocidas por el acrónimo GAFA (Google, Amazon, Facebook, Apple) comenzaron a ser consciente de las amenazas que se ciernen sobre sus respectivos imperios. Ellos, que hasta hace poco eran considerados modelos del éxito estadounidense, que salen del período de confinamiento provocado por la pandemia mundial de Covid aún más ricos y poderosos, ya que la economía digital ha demostrado ser indispensable, tuvieron que enfrentarse, el pasado 29 de julio, a un aluvión de críticas y acusaciones por parte de los miembros del subcomité antimonopolio de la Cámara de Representantes de EE.UU.

Eran héroes, ahora corren el riesgo de convertirse en los nuevos robber barons, esos multimillonarios que construyeron monopolios a partir de las compañías ferroviarias a finales del siglo XIX, y a los que el gobierno norteamericano de la época anuló sin miramientos, preocupado por el poder que adquirían.

Enseguida, el presidente de este subcomité, el demócrata David Cicilline, marcó la pauta de esta curiosa sesión en la que los cuatro principales ejecutivos de los GAFA -Jeff Bezos (Amazon), Sundar Pichai (Google y Alphabet), Tim Cook (Apple), Mark Zuckerberg (Facebook)– participaron por videoconferencia. “Nuestros padres fundadores no se inclinaron ante un rey. Tampoco debemos inclinarnos ante los emperadores de la economía online”online. Antes de añadir: “Su control de los mercados les permite hacer lo que quieran para aplastar a los independientes y ampliar su poder. Han adoptado un comportamiento anticompetitivo que favorece a sus propios productos y servicios, que les permite monetizar y utilizar los datos en beneficio propio, que comprometen la privacidad de sus usuarios y que crean una desventaja competitiva para las empresas que intentan entrar en esos mercados”.

Esto por sí solo ilustra el cambio que se está produciendo en Estados Unidos. Durante años, los sucesivos gobiernos de EE.UU. habían renunciado a recurrir a las leyes antimonopolio, que tanto se emplearon a finales del siglo XIX y hasta mediados del XX para acabar con imperios como el Standard Oil, los gigantes del acero o AT&T. La última gran demanda antimonopolio se remonta a finales de los 90 contra Microsoft, cuando la compañía se vio obligada a desprenderse de algunas de sus actividades auxiliares. Desde entonces, nada.

Las autoridades, imbuidas de ideas neoliberales según las cuales el mercado se regula a sí mismo, se negaron a intervenir –ya que los precios no subían, no había ningún problema– dejando que los monopolios y oligopolios prosperaran sin preocuparse por ello. Estos eran en cierto modo una ilustración del poder americano. Cuando la Comisión Europea inició sus primeras investigaciones contra los GAFA hace cuatro años, los responsables y parlamentarios estadounidenses se indignaron, al interpretar que había cierto resentimiento europeo ante el dominio de Estados Unidos en la economía digital.

Luego llegó el escándalo de Cambridge Analytica. Muchos congresistas descubrieron entonces el poder obtenido y las posibles manipulaciones gracias a la recopilación ilegal de datos. Siguieron otras revelaciones de prácticas inconfesables. Durante el último año, los representantes del Congreso han acumulado investigaciones y audiencias, convencidos de la importancia de establecer salvaguardias contra los gigantes digitales y de aprobar una nueva legislación antimonopolio. Una legislación que, según sus promotores, debe ir mucho más allá de las normas tradicionales, ya que la tecnología digital trasciende al mero funcionamiento del mercado para afectar también a cuestiones relacionadas con la privacidad, el control democrático y la protección de los empleados.

Aún más sorprendente es que este análisis de la necesidad de que las autoridades públicas retomen el control ahora es común a los diferentes partidos, como señala The New York Times. “Era la primera audiencia del Congreso, desde hace un tiempo, en la que demócratas y republicanos actuaron como si tuvieran un enemigo común, aunque movidos por razones diferentes. Los representantes demócratas criticaron a las empresas de alta tecnología por la adquisición de start-up de nueva creación con el fin de asfixiarlas y acabar con sus competidores, mientras que los republicanos estaban más preocupados por si estas plataformas amordazaban las opiniones conservadoras y eran antipatrióticas”, escribe The New York Times.

Ante los miembros del subcomité antimonopolio, los cuatro dirigentes, que están entre las mayores fortunas del mundo, decidieron mantener un perfil bajo. “Nos acercamos a esta audiencia con respeto y humildad, pero no haremos concesiones con los hechos”, comenzó el CEO de Apple, mientras que Jeff Bezos (Amazon) trató de convencer a la audiencia recordando sus inicios en un garaje; toda una paradoja, ya que últimamente había sido irónico sobre el mito del garaje en la alta tecnología, recordando que si las start-up pequeñas eran buenas, también hacían falta gigantes.

En registros apenas diferentes, todos se presentaron como líderes sujetos a una enorme competencia y a un cambio constante en el mundo digital. Todos trataron de eludir las preguntas embarazosas sobre los métodos utilizados para llegar a su posición dominante. Se mostraron más cautelosos porque sabían que sus palabras y argumentos podrían ser tomados por otros. El Departamento de Justicia, la Comisión Federal de Comercio y los fiscales generales de varios estados también han abierto investigaciones y pueden emprender acciones legales contra los gigantes digitales.

Una estrategia de dominación absoluta

“Pero hubo muchos momentos incómodos para los dirigentes de Amazon, Apple, Alphabet [holding al que pertenece Google] y Facebook que con frecuencia han sido incapaces de responder a las preguntas sobre la ingente cantidad de documentos internos descubiertos que muestran cómo su compañía se hizo con el el dominio y cómo después hizo todo lo posible por mantenerlo”, puede leerse en The Financial Times.

Así, el jefe de la Amazon se vio varias veces en apuros cuando los miembros del comité le recordaron ciertas prácticas. En abril, The Wall Street Journal revelaba cómo los empleados de la empresa espiaban a sus competidores, hacían un uso indebido de sus datos y trataban de desarrollar productos similares para acabar con ellos y comprarlos si fuera necesario. “Estamos comprando una posición en el mercado, no la tecnología. Esa posición y esta dinámica en el mercado es muy valiosa”, explicaba Bezos en un correo electrónico a su equipo.

Esta estrategia de dominación absoluta está presente en todos los que escuchan la audiencia ante los miembros de la Cámara de Representantes. Dicha dominación es la que les asegura beneficios exorbitantes, un valor bursátil que alcanza niveles estratosféricos –más de 1 billón de dólares para Apple y Amazon– aplastando a todos los demás: los cuatro grupos por sí solos representan más del 25% de los índices de Wall Street.

El presidente de la subcomisión antimonopolio leyó los correos electrónicos descubiertos en Google en los que los ejecutivos se alarmaban de que los competidores dotados con motores de búsqueda especializados se estaban convirtiendo en una “amenaza” o que algunos estaban recibiendo demasiadas visitas. En respuesta a estas alertas, se instruyó a los empleados de Google para que hicieran todo lo posible por redirigir todas las solicitudes a sus páginas y mantenerlas allí, “aunque Google no tuviera la información más relevante”.

En otros correos electrónicos, los ejecutivos de Google se preocupaban en 2005 por el auge de YouTube y por cómo detenerlo. Al final, creyeron que era mejor comprarlo. Después de haber valorado la empresa en apenas una decena millones de dólares, Google terminó meses más tarde comprando el sitio por 1.600 millones de dólares. El precio por acabar con cualquier competencia, según los parlamentarios americanos.

Ante estas acusaciones y críticas, el CEO de Google optó por echar balones fuera, repitiendo el discurso mil veces escuchado de que la única preocupación de su empresa es mejorar los servicios para los usuarios. Tim Cook, presidente de Apple, adoptó la misma línea de defensa cuando fue interrogado sobre las prácticas impuestas por su plataforma AppStore donde pide, para alojar cualquier aplicación, el 30% de los ingresos ligados a su uso, una tarifa que también se aplica a la aplicación DE Mediapart (socio editorial de infoLibre) alojada en Apple. A decir del CEO de Apple, no hay abuso, ni práctica usurera, todo está perfectamente justificado. Al afirmar que Apple ahora alberga más de 1,6 millones de aplicaciones, se presentó como el guardián “que ayudó a abrir ampliamente las puertas” de internet.

Pero sin duda fue Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, quien peor lo pasó. Objeto de críticas desde hace meses, se vio fuertemente atacado por los representantes republicanos, que acusan a su plataforma de censurar las ideas conservadoras, manipular las opiniones e influir en las elecciones presidenciales. La acusación la hace el propio Donald Trump. Al comenzar la audiencia, Trump no pudo resistirse a dar su opinión en Twitter: “Si el Congreso no aporta más equidad en los gigantes tecnológicos, algo que deberían haber hecho hace años, lo haré yo mismo mediante disposiciones reglamentarias”.

Aunque algunos responsables estadounidenses se siguen mostrando reacios a tocar a los GAFA, al argumentar que son los únicos que pueden contrarrestar el creciente poderío digital de China, que no duda en apoyar a sus gigantes a toda costa, la idea de supervisar y controlar mejor a los reyes de Silicon Valley parece estar cada vez más arraigada entre los representantes estadounidenses. Al término de la audiencia, el presidente del subcomité antimonopolio, David Cicilline, ya lanzaba las primeras ideas. “Estas empresas, tal como existen hoy en día, tienen un poder monopolístico. Algunos necesitan ser anulados, todos necesitan ser perfectamente regulados y se les ha de recordar sus responsabilidades”. Todo un cambio de mundo para los GAFA.

Traducción: Mariola Moreno

Leer el texto en francés:

Bezos, Bloomberg, Munsk, Zuckerberg: las grandes fortunas toman las riendas de la política en EEUU

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