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La nueva derecha argentina de Mauricio Macri

El presidente de Argentina, Mauricio Macri.

Se ha subestimado a Mauricio Macri. Primero lo hizo su padre, el multimillonario Franco Macri, quien en 2014 llegó a decir que su hijo no tenía “alma de presidente”. Después, los militantes peronistas que, en la campaña de las presidenciales de 2015, no dejaron de burlarse del “candidato de los globos”, con un proyecto político tan vacío como los miles de globos multicolor presentes en sus mítines. Para sorpresa general, el candidato de centro-derecha resultó elegido presidente, poniendo punto y final a 12 años de kirchnerismo, durante los cuales Néstor Kirchner y después su mujer Cristina Kirchner ocuparon, de forma sucesiva, la presidencia de la República, de 2003 a 2015.

En las elecciones legislativas de mitad de mandato celebradas a finales de octubre, Mauricio Macri volvió a sorprender. Pese a los resultados económicos mediocres, una todavía elevada inflación y el caso Santiago Maldonado (la desaparición forzada de un joven activista después de una operación de gendarmería), la coalición del presidente, Cambiemos, consiguió unos resultados históricos.

Además, Mauricio Macri se impuso en bastiones históricos del peronismo: Santa Cruz, la provincia natal de Cristina Kirchner; La Rioja, el feudo histórico del expresidente Carlos Menem; Salta, la provincia de Juan Manuel Urtubey, que pretendía convertirse en el nuevo rostro del peronismo de cara a las presidenciales de 2019. Incluso la expresidenta Cristina Kirchner, candidata por la provincia de Buenos Aires, resultó derrotada. Mauricio Macri ha pasado a ser el presidente que ha obtenido el mejor resultado en las elecciones de mitad de mandato desde Raúl Alfonsín en 1985.

Así las cosas, el exalcalde de Buenos Aires debería tener vía libre para aplicar sus políticas neoliberales. Y ya ha presentado su candidatura para las presidenciales de 2019. Para el sociólogo Alejandro Grimson, al macrismo le esperan días de gloriamacrismo. “Con estas elecciones, acaba de empezar la era Macri. Todo hace pensar que será reelegido en 2019. La oposición atraviesa su peor momento, es poco probable que consiga unificarse”. Gracias a su victoria electoral, el expresidente del club de fútbol Boca Juniors anunció el pasado 30 de octubre un amplio plan de reformas económicas y sociales para reactivar la economía y reducir el déficit presupuestario. “¡Nuestra generación esta transformando Argentina para siempre!”, proclamó.

Endeudamiento y flexibilización

Desde 2015, Mauricio Macri ha efectuado un giro de 180º con respecto a las políticas de su predecesora, Cristina Kirchner, para relanzar la economía, en recesión desde 2011. Ha levantado el control cambiario, ha pagado la deuda histórica del país adquirida con los fondos buitre, permitiendo el regreso de Argentina a los mercados internacionales. Ha rehabilitado el Instituto Nacional de Estadística (Indec), manipulado desde hace años por el Gobierno Kirchner para reducir las cifras de inflación y de pobreza, permitiendo con ello el levantamiento de la moción de censura por parte del FMI. Ha suprimido la mayoría de los impuestos a las exportaciones agrícolas, favoreciendo con ello a los grandes productores de soja, de trigo o de maíz. Dos años después de la aplicación de estas medidas, aplicadas a un ritmo frenético desde los primeros meses de mandato, los resultados económicos siguen siendo tímidos.

Si bien la economía argentina ha registrado un crecimiento del 2,7% en el segundo trimestre, con respecto a 2016, la “lluvia de las inversiones” esperada nunca ha llegado realmente, el déficit comercial sigue siendo elevado y la inflación, del 17% se mantiene alta, perjudicando de lleno a las clases populares. “Mauricio Macri es un antiRobin de los bosques, el héroe que roba a los ricos para dárselo a los pobres”, ironiza el periodista argentino Ernesto Tenembaum, en una crónica publicada en El País. El 30% de los argentinos vive por debajo del umbral de la pobreza. Las clases populares son las que más han sufrido este inicio de la Presidencia. El levantamiento del control cambiario ha provocado una fuerte devaluación del peso y una inflación de hasta el 44% en 2016. Con el aumento brutal del coste de la electricidad, de los transportes y del gas, por parte del Gobierno, el poder de compra de los argentinos ha bajado considerablemente.

Deuda colosal en tiempo récord

Para reactivar la economía, el Gobierno ha contraído una deuda colosal en un tiempo récord. Argentina ha emitido 42.000 millones de dólares de deuda, convirtiéndose en el país emergente que ha emitido más deuda en el mundo estos dos últimos años. En junio, el Gobierno incluso emitió bonos del tesoro a 100 años. El colmo en un país que ya ha quebrado ocho veces.

Argentina se ha convertido en un verdadero paraíso para los especuladores desde que el país volvió a los mercados en 2016. El tipo de interés de los Lebacs, bonos a corto plazo emitidos por el banco central, está al 26%, uno de los más ventajosos del mundo. Para el economista Pablo Manzanelli, esta política es un círculo vicioso: “Los inversores prefieren especular a invertir en la industria. El Gobierno va a tener que seguir endeudándose indefinidamente y el desequilibrio fiscal va a aumentar”, profetiza.

La proximidad con el mundo de las finanzas y el sector privado es una peculiaridad del Gobierno de Mauricio Macri. Su ministro de Finanzas, Luis Caputo, se ha visto salpicado por el escándalo de los Papeles de Panamá: el ministro, que ha negociado el pago de la deuda de 12.000 millones de dólares a los fondos buitre, fue administrador de un fondo de inversión en las islas Caimán antes de llegar al Gobierno.

En 2016, el propio Mauricio Macri, cuando acababa de ser elegido presidente de la República, fue noticia por su vinculación con los Papeles de Panamá, por su condición de director de una sociedad offshore radicada en Bahamas. El Gobierno multiplica los conflictos de intereses: el ministro de energía procede directamente de Shell, compañía que dirigió durante más de 10 años, mientras que el ministro de Agroindustria procede de la Sociedad Rural Argentina, la asociación de los grandes terratenientes de la Pampa, cuyos miembros son las familias de la oligarquía argentina.

Neoliberalismo intervencionista

Entonces, ¿cómo se explica este apoyo de los electores? El movimiento peronista está más dividido que nunca, fracturado entre los fieles a la expresidenta Cristina Kirchner y los partidarios de la renovación. Como comunicador nato, Mauricio Macri ha sabido imponer su relato, como dicen los argentinos, para seducir al electorado. Muy difundido por los grupos mediáticos nacionales, el Gobierno ha conseguido imponer la idea de que su flojo balance económico es consecuencia de los 12 años de kirchnerismo previos.

En 2015, Mauricio Macri se comprometió a unificar al pueblo argentino y a acabar con la división, esta brecha invisible que separa a la sociedad argentina en dos mitades visceralmente opuestas: los kirchneristas y los antikirchneristas. Para esta campaña, no ha dudado en surfear en el profundo rechazo que inspira Cristina Kirchner a una parte de la sociedad. Las comparecencias ante la Justicia de Cristina de Kirchner, imputada en numerosas casos de corrupción, siempre extremadamente mediáticos, funcionan como vacunas de recuerdo para los electores indecisos.

Cambiemos está llevando a cabo un cambio histórico en Argentina. Es la primera vez que un presidente de un partido no peronista puede llegar a final del mandato e incluso resultar reelegido. También es la primera vez que un proyecto político de derechas llega al poder en las urnas y no mediante un golpe de Estado militar. “Mauricio Macri tiene una doctrina neoliberal que va a auemntar la desigualdad en Argentina, sin ningún género de dudas, pero por vez primera en nuestro país, se trata de un neoliberalismo con políticas sociales y políticas públicas”, dice Alejandro Grimson.

En las zonas más pobres, si bien los peronistas permanecen en cabeza, la ventaja que sacan a Cambiemos cada vez es menor. “El Gobierno ha tenido la inteligencia de mantener las políticas públicas destinadas a las clases populares instauradas por los Kirchner. En algunos casos, como las ayudas familiares, las ha aumentado. Lo que ha comprendido bien Mauricio Macri es que su partido debía dirigirse a los sectores populares menos politizados, al contrario que los Kirchner, que han construido un electorado extremadamente politizado”, analiza el sociólogo Gabriel Vommaro, autor de varias obras sobre el PRO, el partido político de Mauricio Macri.

¿Una nueva derecha democrática?

Frente a esta nueva derecha, la oposición está profundamente debilitada. Cristina Kirchnet ha escindido el Partido Judicialista, el partido peronista histórico, y ha fundado su propio partido, Unidad Ciudadana. La expresidenta se presenta como la única opositora de envergadura en el Gobierno. “Unidad Ciudadana es la base a una alternativa a ese Gobierno”, declaró la tarde en que se dieron a conocer los resultados. Ha conseguido un escaño como senadora, lo que le permite gozar de inmunidad parlamentaria y de una tribuna política hasta las presidenciales. Los jóvenes lobos del PJ, por su parte, rechazan cualquier alianza con Cristina Kirchner, convencidos de que la victoria de los peronistas llegarán con la renovación.

“Todo lo que han propuesto los kirchneritas es un simple retroceso. Han creído que los electores iban a lamentar haber votado a Mauricio Macri en 2015 y decantarse por ellos en las legislativas. Pero esto no ha ocurrido y no sucederá nunca. Los electores no quieren dar marcha a atrás”, dice el antropólogo Pablo Seman. En un artículo titulado “El macrismo no es un golpe de suerte”, publicado en agosto en el diario de la oposición Página 12, el director de la versión argentina de Le Monde Diplomatique José Natanson apuntaba la necesidad de comprender a esta “nueva derecha democrática”, que no se parece ni a las políticas de privatización y de recortes públicos drásticos de Carlos Menem, ni a la dictadura de la Junta militar de 1976 a 1983.

La familia Macri tiene vinculaciones históricas con la Junta Militar. En la oposición, muchos sospechan que el presidente ha empaquetado su proyecto político entre globos multicolores para disimularlos. Las empresas del padre multimilllonario del presidente, Franco Macri, prosperaron considerablemente durante la dictadura. Para Pablo Manzanelli, las políticas económicas de Mauricio Macri son muy parecidas a las aplicadas en tiempos de los militares: “Ningún Gobierno se ha endeudado tan rápidamente desde la dictadura. Estamos regresando a un modelo de acumulación financiera que tiene numerosas similitudes con el que se aplicó en 1976”, comenta.

Ataque a los derechos humanos

Desde su elección, el presidente ha cuestionado el gran trabajo de memoria histórica llevado a cabo por los Kirchner sobre la dictadura militar. Sus políticas permitieron condenar a 1.052 extorturadores, acabando con la impunidad con que éstos gozaban desde el fin de la dictadura, que causó 30.000 muertos, según las organizaciones que trabajan en defensa de los derechos humanos. Mauricio Macri, tras imponerse en las urnas, anunció su intención de suprimir el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, que conmemora el golpe de Estado militar del 24 de marzo de 1976. También cuestionó el número de desaparecidos, declaró que no tenía “ninguna idea de si habían sido 9.000 o 30.000”. En mayo, una decisión de Justicia del Tribunal Supremo que abría la posibilidad legal de liberar a cientos de extorturadores provocó una movilización masiva de la población.

Más recientemente, la desaparición forzosa del activista Santiago Maldonado, el 1 de agosto, después de una intervención de la gendarmería en la Patagonia, despertó los viejos fantasmas de la dictadura y provocó una ola de manifestaciones. La gestión de este asunto de Estado por parte del Gobierno ha suscitado enorme indignación. En los próximos años, la contestación más importante de las políticas de Mauricio Macri bien podría estar relacionada con la defensa de los derechos humanos. _____________

Traducción: Mariola Moreno

Leer el texto en francés:

La Armada argentina aclara que el "ruido" detectado en el Atlántico no proviene del submarino desaparecido

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